Cómo sacar provecho de los enemigos

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1942

Plutarco
Madrid. Siruela, 2012
172 pp
 
Un clásico que «sirve de algo»
Lo clásico ha ido y venido tanto, de boca en boca, que lo hemos convertido en un elegante cliché, ese que salta en nuestra tímida conversación cuando nos queremos hacer los interesantes o nos referimos a un partido de futbol. «¡Ay, Fulanita, qué bonito vestido!», dice una. «Es que es un clásico», responde la otra. Y así.
Sin ofenderle, quisiera reconvenirle y decirle que está pequeña pieza editada por Siruela sí es un clásico; pero un clásico que le reportará más beneficios que un América-Guadalajara.
Plutarco, recordará, fue un polígrafo latino, nacido en Grecia y formado bajo las pautas de la Academia platónica y el Liceo aristotélico, famoso, sobre todo, por sus Vidas paralelas y tratado Moralia. De éste, nos llegan los dos trabajos contenidos aquí: Cómo sacar provecho de los enemigos y Cómo distinguir a un adulador de un amigo.
De enorme vigencia en la actualidad corporativa y la política vigente, el diminuto volumen ofrece lecciones impagables, por ejemplo, ésta: «nada hay más digno ni más hermoso, que mantener la calma ante un enemigo que nos injuria».
En el fondo, con este compendio, Plutarco coloca a la gallardía –hoy, tan entrada en desuso y tan de enorme valía– en su preciso lugar, recordándole al lector distraído que «el carácter del amigo, como el lenguaje de la verdad, es simple, como dice Eurípides, llano y sin afectación».
Salpicado de referencias, también clásicas (Homero, Platón, Diógenes…), el libro hará de tumbaburros vital y referente pedagógico. Sin embargo, y como recuerda Ítalo Calvino, «no se crea que los clásicos se han de leer porque ‘sirven’ para algo. La única razón que se puede aducir es que leer los clásicos es mejor que no leer los clásicos. Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, citaré a Cioran (que no es un clásico, al menos de momento, sino un pensador contemporáneo que sólo ahora se empieza a traducir en Italia): “Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. ‘¿De qué te va a servir?,’” le preguntaron. “Para saberla antes de morir”».
 

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