La música, clave para la creatividad

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Todos queremos fomentar la creatividad y sabemos que abundan formas y recetas. El autor de este artículo no da recetas, analiza cómo la educación musical  ha demostrado ampliamente que estimula la creatividad por sus características propias y abre puertas no sólo a la innovación, también al respeto, paz y tolerancia en otros ámbitos.
 
La sinfonía u obertura de El Mesías de Georg Friedrich Händel nos introduce, súbitamente, en mundos sonoros que transitan por vías:
 
de infantil inocencia, como en el movimiento Comfort ye;
de obscuridad en For behold, darkness shall cover the earth;
de alegría en For unto us a child is born;
de profunda tristeza en He was despised;
de abrumadora furia en Why do nations so furiously rage together; y
de glorioso triunfo y esperanza en el Aleluya.
 
Esta música parece evocar, en un sólo punto, todas las posibles expresiones y sentimientos humanos.
El Mesías es uno de los «oratorios»1 más bellos y, sin lugar a dudas, el más conocido e interpretado. Es sorprendente, casi intimidante, pensar que lo escribió únicamente en tres semanas.
Con acierto, el connotado biógrafo y novelista austriaco Stefan Zweig considera la composición de El Mesías como uno de los momentos estelares de la humanidad. ¿Cómo puede alguien crear, aparentemente de la nada, una obra tan majestuosa en tan poco tiempo? Zweig alude esa capacidad a un «milagro de la voluntad en el alma inspirada».2 ¿Acaso existe un ideal de facultad humana que, por simple voluntad y bajo la luz de algún tipo de afortunada inspiración espontánea, pueda ser capaz de crear algo tan sublime?
La historia –y estudios recientes sobre la creatividad lo evidencian–, revela a grandes personajes que definen el rumbo de sociedades, culturas o ámbitos del conocimiento, con características comunes. Quienes contribuyen con ideas innovadoras al avance de las artes, las ciencias y la política, guardan ciertos rasgos habituales, por lo menos en apariencia, que les permiten marcar  el curso de la humanidad.
Por persona creativa entendemos a alguien que crea objetos, productos o ideas innovadoras en un ámbito específico del conocimiento y cuya creación es aceptada en un entorno cultural determinado.3
 
NO SE PUEDE SER CREATIVO EN TODO
El personaje creativo, por más sobresaliente que sea, aporta o crea algo para un ámbito del quehacer humano definido.
El poder creativo de Albert Einstein extendió los horizontes de la física a través de su teoría de la relatividad; Pablo Picasso ensanchó los alcances de las artes visuales con obras como Las señoritas de Avignon o Guernica y Steve Jobs las posibilidades de las tecnologías de la información con el desarrollo de Apple.
Según sabemos, Einstein, por más genio de la física que fuera, no tenía los conocimientos ni habilidades para aportar algo importante al mundo de la pintura. Ni remotamente imaginamos a Picasso componiendo para un cuarteto de cuerdas. Steve Jobs, por más esfuerzo o empeño que hubiera puesto al final de su vida, nunca habría aportado algo novedoso en el campo de la genética (no quiere decir que sus aportaciones no hayan sido gran apoyo para los especialistas).
Las personalidades reconocidas por su creatividad, únicamente crean en el campo o ámbito de su especialidad; la creatividad no es algo que cubra todo el quehacer de una persona.
Por otro lado, si alguien tiene facilidad para «inventar» cosas, pero ninguna es de interés o utilidad para una comunidad, su creatividad queda en estado embrionario porque no aporta al avance de una cultura. Para que el producto o logro se considere creativo: «no sólo debe ejemplificar originalidad, debe hacer una contribución notable dentro de un dominio de esfuerzo».4 Esto es, debe ser significativa para un contexto específico.
 
¿CÓMO ES UN CREATIVO?
Un rasgo distintivo de los individuos más innovadores de la historia es el dominio de su disciplina o profesión y un deseo profundo de extender sus conocimientos y habilidades a otros horizontes. Esto es, las personas creativas siempre parten de bases conocidas y familiares en una práctica específica.
Ígor Stravinski, con la Consagración de la primavera –piedra angular en la historia de la música del siglo XX–, se apoyó en los conocimientos adquiridos con mucho trabajo, de su maestro Nikolái Rimski-Kórsakov, quien a su vez, se afianzó en los conocimientos de Mili Balákirev, quien fue motivado por Mijaíl Glinka, cuya música está influenciada por el folclore español.
Seguramente la cadena se podría continuar hasta inicios históricamente desconocidos en los tiempos medievales europeos. Por más creativa que se considere a una persona, es capaz de aportar soluciones novedosas en la medida que parte de bases conocidas, que le sirven de apoyo para extender los horizontes de una disciplina determinada.
Al nacer, nadie sabe tocar un instrumento, cálculo diferencial o los fenómenos de las migraciones poblacionales; hace falta un conocimiento adquirido. Por ende, no podríamos decir que un individuo es innatamente creativo, pues la creatividad depende de competencias desarrolladas. Sin embargo, una fuerte evidencia parece contradecir esto: hay personas con mayor capacidad creativa que otras. Así es, pero el acento está en lo que dijimos antes, el dominio de un área del conocimiento y la fuerte voluntad para extender los conocimientos a nuevos horizontes.
 
CREAR DESDE TEMPRANA EDAD
Estas consideraciones acarrean consecuencias pedagógicas importantes: la creatividad puede y debe educarse a través del desarrollo de una práctica artística, científica, política o humanista, en un contexto de conocimientos, tradiciones y valores.
Si a un estudiante se le proporcionan los medios para progresar en unas competencias y se le señala qué es original y significativo en esa práctica, le están ofreciendo las herramientas para ser creativo.
El estudio de la música desde muy temprana edad ofrece luces sobre la posibilidad de desarrollar una capacidad innovadora. La primera se relaciona con el requerimiento de dominar una disciplina.
Cualquier ciencia requiere un itinerario de aprendizaje prolongado para dominarla. Si un niño pequeño estudia trigonometría, álgebra, geometría u otras áreas de las matemáticas, hasta que llegue a una edad adulta será capaz de resolver problemas complejos de la vida profesional. (Salvo casos de niños genio, que implican un análisis aparte).
Sin embargo, como señala Howard Gardner, «de todos los dones con los que los individuos pueden ser dotados, ninguno emerge más temprano que el talento musical».5 Es importante señalar que para Gardner, en su teoría de las inteligencias múltiples, la palabra talento puede intercambiarse, indistintamente, por la palabra inteligencia.
Un niño puede dominar una disciplina musical a una edad relativamente joven como para «zarpar» en la búsqueda de resultados creativos. Si inicia estudios de violín o piano antes de los ocho años, es muy probable que a los quince sea capaz de interpretar una sonata de Mozart, con alto grado de profesionalismo.
Es fundamental que «los profesores de música que poseen un nivel alto de conocimiento de su materia ayuden a asegurar el desarrollo creativo de sus estudiantes, porque ellos saben dónde y cómo preparar los esfuerzos de sus estudiantes para producir interpretaciones creativas».6
El estudio de la música, como de cualquier otra disciplina bien aprendida, colabora al desarrollo de hábitos y buenas prácticas que, suelen repercutir en el gusto por el estudio y el trabajo bien hecho.
 
LA MÚSICA NOS DICE QUIÉNES SOMOS
Además de la posibilidad que ofrece la música de alcanzar altos niveles de dominio a temprana edad, ¿qué otros beneficios aporta relacionados con la creatividad? Para responder vale la pena revisar qué es lo que comúnmente llamamos música.
La música es, antes que nada, creación humana;7 algo que las personas hacen –al interpretar, improvisar, componer, arreglar o dirigir– de acuerdo a unas tradiciones y normas determinadas, y pensando en unos auditores que esperan ciertas características de la música producida.
La música que realizamos los seres humanos –dirigir una sonata o sinfonía, interpretar una obra de rock progresivo o el arreglo de una pieza folklórica–, comprende diversas dimensiones complejas que incluyen: las características propias de la interpretación, la forma de la obra, estándares y tradiciones de un estilo o práctica, expresiones musicales de emociones, representaciones y caracterizaciones musicales, una dimensión cultural-ideológica y,  en algunos casos, una narrativa sonora.
Todo esto hace que la creación musical, en cualquiera de sus posibilidades, nos ayude a comprender nuestro sitio en el entramado histórico y social y a configurar el entorno cultural, al mismo tiempo que el humano. La música, de una manera muy expresiva, nos dice quiénes somos.
A la vez, por sus características propias, la creación musical nos permite entender y compartir el pensamiento, costumbres y tradiciones de culturas lejanas: camino para el desarrollo del respeto y tolerancia a lo desconocido.
Reconocer que culturas distintas son capaces de crear e interpretar otros tipos de música, de tanto valor como la propia, nos permite aceptar y conocer mejor a los otros, pues la música expresa lo que la gente es y piensa, y nos proyecta su historia y tradiciones.
Entender a los otros es, también, camino de identidad y autoconocimiento; al conocer a los demás, uno entiende mejor su posición en el mundo: las personas nos conocemos y aceptamos mejor a través del conocimiento y aceptación de los demás.
Comprendida así, la música es una vía fascinante para el respeto, la tolerancia y la paz, y su educación adquiere un perfil eminentemente humanista. Lo que, finalmente, es el objetivo de las aportaciones creativas de todos los seres humanos: el avance de la humanidad.
 
UN ITINERARIO DE VIDA
Definir una ruta de vida en la que se inserte el desarrollo de la creatividad, es un reto frente a los cambios que presentan familia, educación y empresa en el mundo actual y futuro próximo. Una opción muy adecuada parece ser la propuesta de Howard Gardner, en su ensayo Las cinco mentes del futuro,8 que comprende las siguientes rutas:
1.         Mente disciplinada. Comprende dos necesidades: dominar una disciplina específica, en cualquier ámbito del conocimiento, y poseer una formación sistemática y estructurada que permita trabajar en orden todos los aspectos que implican nuestro desarrollo como personas.
2.         Mente sintética. Es la capacidad de sintetizar lo que nos es útil para obtener los resultados que deseamos en nuestra área de trabajo. Ante la posibilidad de acceder a múltiple información a través de las tecnologías actuales, es indispensable aprender a ponderar entre lo que es útil y lo que nos puede dañar, y a resumir lo que puede aportar más a nuestros objetivos.
3.         Mente creativa. Después de dominar una disciplina y tener la capacidad de sintetizar el conocimiento disponible y útil, se requiere una mente capaz de crear y aportar respuestas nuevas a problemas existentes.
4.         Mente respetuosa. No es suficiente tener conocimientos, sintetizarlos y ser capaz de crear sobre ellos. Si queremos que este mundo marche en una dirección de paz y estabilidad económica y social, es imprescindible considerar a la mente respetuosa como una opción para aprender a convivir con la multiplicidad de pensamientos, tradiciones y culturas que conforman nuestro mundo.
5.         Mente ética. Hace referencia a la necesidad de trabajar no sólo bien y con respeto, sino que es necesario ocuparse del bienestar común: actuar pensando en los demás. Sólo de esta manera podremos configurar establemente el mundo en el que queremos vivir.
En resumen, la música y su educación, con las características que la determinan como creación humana, es una opción altamente atractiva de desarrollo disciplinar complejo, que requiere capacidad de síntesis y por sus características permite, desarrollar la creatividad desde edad muy temprana y acercarnos a la diversidad de culturas y tradiciones para crear música en beneficio de los demás.
Händel satisface muchas de las características que definen a la persona creativa y, a través de la composición de una obra como El Mesías, muestra un itinerario de disciplina, síntesis, creatividad, respeto y trabajo por los demás.
La mayoría de las personas nunca crearemos una obra tan sublime como la de Händel; sin embargo, no podemos eludir la responsabilidad de convertirnos en personas creativas –pues es accesible a todos– y contribuir, aunque sea modestamente por medio de nuestro trabajo, a configurar un entorno más justo y esperanzador. La música es, sin lugar a dudas, una bella herramienta creativa para alcanzar estos objetivos.
 
Notas finales
1          Un «oratorio» es una forma musical para orquesta, coro y cantantes solistas cuya temática es, en general, una historia bíblica.
2          Zweig, Stefan. Momentos estelares de la humanidad, México: Porrúa, 1998, p. 69.
3          Gardner, Howard. Creating minds: An Anatomy of Creativity Seen Through the Lives of Freud, Einstein, Picasso, Stravinsky, Eliot, Graham and Gandhi. New York: Basic Books, 1993.
4   Elliott, David. Music Matters. New York: Oxford University Press, 1995, p. 218.
5          Gardner, Howard. Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences. New York. Basic Books, 1993, p. 99.
6          Op. cit. Elliott, p. 227.
7          Ibid.
8          Gardner, Howard. Five Minds of the Future: An Educational Essay. Boston: Harvard Business Press, 2008.
 

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