Pérdida y duelo en las redes sociales

0
6142

La tecnología ha cambiado todo, incluso la forma de lidiar con la muerte y sus rituales. A partir del siglo XX, la muerte se convirtió en tabú, en asunto privado y los ritos funerarios debían ser discretos. Es posible que las redes sociales ayuden a derribar ese rechazo que obstaculiza un duelo sano.
La muerte es vida vivida, la vida es muerte que viene.
Jorge Luis Borges
Los innumerables cambios que traen consigo las redes sociales nos enfrentan también con una forma inédita para asumir el sentido de la muerte y el duelo de sus deudos.
Nadie escapa de la propia muerte ni del dolor que implica la pérdida de un ser querido: muerte y duelo son fenómenos universales, inevitables e intransferibles. Su certeza nos acompaña desde siempre, pero la forma de aceptarla o rechazarla y los ritos que la circundan, evolucionan a lo largo de los siglos y varían en las distintas culturas.
 
REDES DE APOYO SOCIAL EN EL DUELO
Ciertamente, el dolor no se puede transferir, pero se puede compartir. La forma en que se elabora el duelo depende de la singularidad de la persona, de su relación con el fallecido y de las redes de apoyo con que cuente, pues existe la necesidad de compartir el dolor y recibir muestras de afecto y solidaridad.
El apoyo social, emocional y material que se recibe, facilita las tareas a realizar en el proceso de duelo que termina con la aceptación de la nueva realidad y la reconstrucción del sentido de vida que amplía la capacidad de establecer nuevos vínculos.
Las redes de apoyo social propician sentimientos de pertenencia, refuerzan la autoestima, ayudan a manejar las emociones ante la muerte, identifican en qué fase del duelo se encuentra la persona, permiten dar apoyo oportuno y estimulan la expresión de sentimientos de tristeza y temor ante el futuro.
Siguiendo este principio benéfico del apoyo social, las redes sociales en internet se han convertido en espacios idóneos para compartir los sentimientos ante la pérdida de un ser querido. Mediante la interacción con varias personas, se va tomando conciencia de la propia realidad y se recibe compañía y consuelo, lo que implica un soporte importante para quienes están en duelo. El doliente puede comunicarse o recibir mensajes de sus familiares y amigos en cualquier momento que lo requiera, sin importar tiempo o distancia; puede recibir mensajes de aliento, flores virtuales y compartir recuerdos, fotos o anécdotas. Esto suele hacer más llevadero el proceso.
 
RITOS Y PRÁCTICAS FRENTE A LA MUERTE
Como dijimos, las actitudes ante la muerte y la forma de expresar el duelo varían a través de la historia. El sociólogo e historiador Philippe Ariés (1983), en El hombre ante la muerte menciona diversas actitudes generales de la sociedad occidental, que a su vez, presentan diferentes modalidades de los ritos de duelo y luto. La primera y más antigua es la resignación al destino colectivo; la familiaridad con la muerte era una forma de aceptar el orden de la naturaleza y puede resumirse en esta fórmula: todos moriremos.
La segunda actitud, a partir del siglo XII, introduce la preocupación por la singularidad de cada individuo, y puede traducirse en otra fórmula: la propia muerte. El momento de la muerte pasa a considerarse una gran prueba que definirá el destino particular del alma del moribundo. El hombre en su lecho se prepara para morir rodeado de amistades y familiares. Se reconoce a sí mismo en su muerte.
A partir del siglo XVIII, el hombre de las sociedades occidentales tiende a dar un sentido nuevo a la muerte. La exalta, la dramatiza, pretende que sea sobrecogedora. Pero, al mismo tiempo, ya no le preocupa tanto su propia muerte. Surge la muerte romántica, retórica, que se podría resumir en la fórmula: la muerte del otro; el otro, cuya añoranza y recuerdo inspiran en los siglos XIX y XX el culto a las tumbas y los cementerios.
Desde fines de la Edad Media hasta el siglo XVIII, el duelo tenía doble finalidad. Por un lado obligaba a la familia del difunto a manifestar, al menos durante cierto tiempo, un dolor que no siempre experimentaba. Por otro, buscaba preservar al sobreviviente sinceramente afectado contra los excesos de su pena. Le imponía cierto tipo de vida social donde la pena podía liberarse sin superar los límites fijados por las convenciones.
En el siglo XIX esos límites convencionales dejaron de respetarse y el duelo se desplegó con ostentación más allá de las costumbres. Esta exageración del duelo significa que los sobrevivientes aceptan con mayor dificultad que antes la muerte del otro. La muerte temida ya  no es la propia sino la del otro.
 

MEDICADA, ESCONDIDA Y SOLITARIA
Llegamos así al siglo XX en el que se da el giro hacia la gran negación de la muerte y la eliminación del duelo. Es importante ubicar que este vuelco se originó en Norteamérica y la Europa del Noroeste. Entre las causas se ubica el proceso de industrialización y capitalismo que se desarrolló en estas zonas y luego se extendió a otros países de Occidente. Los avances científicos-técnicos también inciden en el modo de morir en la actualidad: en el hospital y a solas, forma totalmente opuesta a la ceremonia ritual donde el moribundo presidía su muerte rodeado de familiares y amigos.
De acontecimiento social la muerte pasó a convertirse en hecho privado. Los ritos funerarios también se modificaron, ahora han de ser discretos para evitar expresar las emociones; el luto, como manifestación externa del duelo, se rechaza y desaparece. Cuando un duelo se prolonga, se suele medicar al doliente para que se recupere lo antes posible, el proceso de duelo se pretende sustituir por medicamentos.
Así, la muerte y todo lo que la recuerda, se convierten en tabú del siglo XX; ante la muerte de los demás: silencio e indiferencia social. La vida tiene que seguir, ni el difunto ni sus deudos afectan la continuidad de la vida social. Al moribundo se le oculta la gravedad de su enfermedad con «una mentira piadosa» para que no sufra, se le priva del derecho a ser dueño de su muerte.
El tabú de la muerte, con todo lo que implica, impide elaborar un duelo sano y establecer nuevos vínculos y compromisos afectivos.
 
FASES, ETAPAS Y TAREAS DEL DUELO
Duelo del latín dolus significa dolor, aflicción, y es la respuesta natural por la pérdida de alguien o algo muy significativo. No es un momento, ni un estado, es un proceso y como tal tiene inicio y final.
No sólo la muerte de un ser querido implica dolor también hay otras pérdidas que causan aflicción y ocasionan fuertes crisis a las personas, como la pérdida del trabajo, la separación y el divorcio, la pérdida de la salud, de la vivienda, del país de origen… y ponen en marcha el proceso de duelo.
En esta ocasión nos referimos sólo al duelo que ocasiona la muerte. Como dijimos, el duelo siempre se ha manifestado pues es una necesidad humana para mitigar el dolor, por lo que vivir el proceso a plenitud es básico para superar la pérdida y seguir adelante en la vida.
Muchos estudiosos explican el proceso de duelo en fases, etapas y tareas, que ayudan a comprender cómo lo experimentan los dolientes desde el momento en que se produce la pérdida hasta que se asume y las tareas que hay que realizar proactivamente para afrontar la realidad.
Las reacciones ante una pérdida significativa son distintas en cada persona pues dependen de su singularidad, del tipo de relación con el fallecido y la red de apoyo social con la que cuenta. Sin embargo, conocer las fases del duelo ayuda a comprender las reacciones más comunes de los dolientes y saber que por lo general, lo que les ocurre es normal.
John Bowlby en su libro El apego y la pérdida (1993) explica el proceso de duelo en cuatro fases que ayudan a comprender las diferentes reacciones físicas y psicológicas que suelen darse. Vivir estas etapas facilita las tareas del duelo, pero no necesariamente suceden de manera cronológica y secuencial pues cada persona lo vive de diferente manera.
Fase 1. Embotamiento de la sensibilidad. Puede durar desde unas horas a varias semanas. Al conocer la noticia, la persona se siente aturdida y le cuesta aceptar la realidad. La niega como un mecanismo de defensa que amortigua el dolor y puede ser interrumpido por episodios de aflicción y cólera.
Fase 2. Anhelo y búsqueda de la figura perdida. Esta fase dura algunos meses y a veces años. La persona es consciente de la perdida pero aún no la acepta, vive con la presencia del ser querido como si aún existiera o queriendo volver atrás en el tiempo para reencontrarlo y revivir experiencias.
Fase 3. Desorganización y desesperanza. Ya no se manifiesta la búsqueda constante ni el deseo de reencontrarse con el ser querido y surge una actitud de desinterés. El doliente trata de convencerse que lo sucedido así tenía que ser, y experimenta sentimientos de apatía y tristeza alternados con ira y resentimientos como forma de expresar su dolor.
Fase 4. Mayor o menor grado de reorganización. La persona llega a aceptar que la pérdida es permanente, renuncia a la idea de recuperar al ser amado, se da una gradual declinación del duelo e inicia la reinserción emocional al mundo cotidiano y considera diferentes alternativas para afrontar su nueva situación.
Por otra parte, William Worden en El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia (2004) considera que explicar el proceso de duelo por fases, ofrece información muy valiosa para comprender el proceso, pero a su vez, suponen cierta pasividad, algo por lo que las personas dolientes pasan. Por lo que sobre la base de Bowlby propone cuatro tareas que involucran a la persona, quien puede hacer algo por sí misma, lo que le da sensación de fuerza y esperanza al aceptar su duelo de forma activa.
 
Las cuatro tareas a las que alude Worden son:
1. Aceptar la realidad de la pérdida. Afrontar plenamente que la persona está muerta y que no la volverá a ver, por lo menos en esta vida. Lo opuesto a aceptar la realidad de la pérdida es negar la muerte y el sufrimiento que produce. En este caso los dolientes buscan  comunicarse de alguna manera con sus seres queridos, les llaman, a veces a gritos, algunos hablan imaginariamente con el muerto asumiendo que está presente, otros guardan las pertenencias del fallecido, respetan su lugar en la mesa  o conservan la habitación tal cual la dejó. Muchas personas están conscientes de la pérdida a nivel racional antes de aceptarla emocionalmente.
En esta tarea, los rituales funerarios, los actos religiosos, los responsos y el entierro en compañía de familiares y amigos ayudan  a aceptar la pérdida.
 
2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.  Es necesario reconocer  y trabajar el dolor emocional e incluso físico por la pérdida del ser amado que experimentan algunas personas, de lo contrario, se manifestará mediante síntomas físicos como migraña, insomnio, colitis, o conductas disfuncionales. El tipo de vida hedonista de la sociedad actual que rehúye al sufrimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte, no favorece esta tarea. Incluso, algunos sectores de la sociedad consideran de «mal gusto» las expresiones de duelo y de luto. Hay quienes se niegan a experimentar el dolor y buscan cierto alivio bloqueando sus sentimientos, evadiéndose con alcohol u otras substancias o viajando de un lugar a otro, lo que les impide realizar esta tarea.
 
3. Adaptarse a un medio en el que está ausente la persona fallecida. Ello implica:
Adaptaciones externas. Se refieren a cómo influye la muerte en la vida cotidiana de quienes le sobreviven y cómo reestructurar su vida, desarrollar nuevas habilidades y desempeñar nuevos roles. Por ejemplo, en el caso de un viudo o viuda con hijos pequeños, tendrán que asumir distintos quehaceres a los que venían desarrollando. Es tarea difícil pues al asumir nuevos roles, sobre todo sin experiencia en ello, surgen nuevas dificultades y nuevos sufrimientos. Es momento clave para que familiares y amigos les ayuden de diversas formas a desarrollar las habilidades requeridas. Inciden en la parte práctica de la vida.
Adaptaciones internas. Además de los cambios en los roles que desempeñaba antes de la pérdida, el sobreviviente se ve confrontado con su realidad y la redefinición de sí mismo. ¿Quién soy ahora?  ¿Un viudo?, ¿la madre de un hijo muerto?, o ¿un huérfano? Sienten que pierden la dirección de su vida. Esto los lleva a cuestionarse su valía y sus capacidades, enfrentan la vida con cierto temor pero, poco a poco, se van recuperando y son capaces de aprender nuevas formas de responder a los retos y continuar con su vida.
Al aplicarse a esta tarea, la persona asume los roles que ahora le corresponden, desarrolla habilidades diferentes y sigue adelante con un nuevo sentido de sí misma y de la vida. Por el contrario quien no la efectúa, se aísla del mundo o lucha contra sí misma fomentando su propia impotencia, lo que le impide desarrollar las habilidades necesarias para afrontar la pérdida.
 
4. Recolocar emocionalmente al fallecido y seguir viviendo. Esta tarea permite encontrar la manera de recordar al ser fallecido, con sosiego y sin angustia, llevándolo consigo, sin que ello le impida seguir viviendo. Esta tarea se estanca cuando se mantiene el apego del pasado, en vez abrirse al futuro y continuar formando nuevos vínculos.
 
¿QUÉ APORTAN LAS REDES SOCIALES?
Retomando el duelo en la actualidad que utiliza el internet y las redes sociales, podemos decir que se expresa de varias formas, la espontánea, que surge entre familiares y amigos cuando son notificados, de la pérdida significativa que ha sufrido un pariente o amigo. De modo natural surgen los mensajes de apoyo y solidaridad y el ofrecimiento de ayuda, la compañía y el apoyo continúa a través de la red mientras el doliente lo necesite.
Esto representa una notable ventaja en comparación con el acompañamiento a un doliente cuando las amistades asisten a los funerales y a los servicios religiosos y después muchas, pierden el contacto, justo en el momento en que la necesidad de compañía aumenta semanas o meses después del fallecimiento, cuando el deudo empieza a caer en cuenta de todo lo que perdió con la muerte de su ser querido, en estos momentos se requiere más del apoyo emocional y social.
En este sentido, las redes son un espacio importante para ofrecer y recibir apoyo. Por otro lado la familia y los amigos pueden advertir si el proceso de duelo va evolucionando normalmente o por el contrario, se está negando, bloqueando o evadiendo el sufrimiento que le ha ocasionado la pérdida del ser querido.
Otra forma de vivir el duelo es la planeada cuando a una persona le diagnostican una enfermedad terminal y a través de su cuenta o mediante un blog comparte la noticia con sus familiares y amigos e inicia un proceso de despedida. Esto ayuda al enfermo, a familiares y amigos, a aceptar una realidad inevitable y se inicia un proceso de duelo anticipado y compartido por quien se va y quienes se quedan. Se vive una interacción muy estrecha y permite expresar los sentimientos y deseos de cada quien. Recuerda a la época en que las personas presentían su muerte, se preparaban para ella y llamaban a sus familiares y amigos para despedirse y dejar su última voluntad. La muerte se vivía con naturalidad aunque no exenta de tristeza.
En la actualidad el hombre ya no presiente su muerte, muchas veces tiene la certeza que la ciencia médica le da y puede también preparar su despedida. Encontramos ejemplos de estas despedidas en cuentas de Facebook o en blogs como el que llevó el escritor y poeta mexicano Alejandro Aura quien murió de cáncer en 2008 y se despide de sus amigos y admiradores con un poema.1 He aquí un fragmento:
«Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,/ pedir los abrigos y marcharnos,/ aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo/ y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;/ se quedarán los demás, que cada vez son otros/ y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,/ también el hueco de nuestra imaginación se queda/ para que entre todos se encarguen de llenarlo,/ y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,/ como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo/ y luego, sin rencor, deja de estarlo».
La formal o profesional. Es otra forma de apoyar el duelo, en la red encontramos cuentas de Facebook, Twitter y blogs elaborados por profesionales de la Tanatología y Psicología. Las personas en duelo pueden acudir, encontrar artículos, testimonios, recomendaciones de libros y películas y recibir orientación para acudir a centros especializados donde se atiende a su situación específica.
Compartir la muerte a través de la red es un fenómeno reciente que se da principalmente entre la población joven. Aún no hay estudios sobre cómo impacta este fenómeno ni qué tan extendido está, puesto que, como mencionamos, en esta época la muerte es un tabú para mucha gente. Lo que lo es un hecho es que surgen nuevas formas y de enfrentar la muerte, expresar el duelo y realizar los rituales por internet.
La idea no es sólo que las personas en duelo utilicen estas redes, sino que se  extiendan en la población en general  para desarrollar sensibilidad respecto a la finitud humana y reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestra vida y nuestro planeta.
En contra de lo que muchos piensan, reflexionar sobre la muerte no es tétrico, de mal gusto ni ajeno a nuestra realidad cotidiana; al contrario, siempre está presente en nuestra vida. Cuando se acepta la propia finitud y el sentido de trascendencia, mejora la calidad de vida al buscar estar en armonía con Dios, con el prójimo, con la cultura y la naturaleza.
Es posible que las redes sociales contribuyan a derribar el tabú de la muerte que se instaló en el siglo pasado en las sociedades occidentales, obstaculizando la plena elaboración del duelo.
 
Notas finales
1   Blog Alejandro Aura:www.alejandroaura.net/wordpress/
 
 
 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí