12 años de esclavitud. Cuerpo cautivo, alma libre

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Título original: 12 Years A Slave
Director: Steve McQueen (basado en la novela de Solomon Northup)
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt y Dwight Henry.
Contenido: apta para mayores de
16 años. Algunas escenas de violencia y sexo.
 
 
Madres separadas de sus hijos, padres secuestrados, mujeres abusadas y jóvenes sometidos a extenuantes labores bajo el inclemente sol, enlistan los tratos consuetudinarios, consecuencia de la segregación, discriminación y esclavitud.
Estos fenómenos sociales, que constituyeron una bofetada para Estados Unidos, tierra de libertad y garantías individuales, fueron materia prima para la cinta 12 años esclavo, ganadora del Oscar en la categoría de «Mejor película», en la 86 entrega de los Premios de la Academia.
Basada en hechos verídicos registrados en el libro Twelve Years a Slave, narra la historia de su autor, Solomon Northup, un violinista afroamericano que nació libre en el Nueva York del siglo XIX. Solomon fue timado y vendido como esclavo por un par de almas errantes y embaucadoras.
El protagonista vivió la libertad y cayó en el confinamiento; fue obligado a guardar silencio y padeció jornadas laborales infrahumanas. Así comienzan 12 años de encadenamiento en Washington bajo las órdenes de diferentes dueños. Cada uno de ellos representa distintas posturas ante aquel mundo de oscuridad y desesperanza, en donde las atrocidades, la venganza y la vejación son el pan de cada día.
Bajo la lente del cineasta británico Steve McQueen, sobresale el personaje de William Ford, el dueño «benevolente y compasivo»; quien, aunque afable y de buen corazón, permite que transcurran ciertas infamias al volver la mirada hacia otro lado.
El director escudriña también al despiadado y sádico dueño Edwin Epps, quien hace del fuete y el látigo sus instrumentos preferidos de sometimiento. Y, finalmente, a Samuel Bass; el libertario, trotamundos poseedor de ideas «revolucionarias», en pos del bien común y la igualdad.
A través de los ojos, actos y diálogos de cada uno de estos personajes, y con base en cada caso particular, McQueen construye una radiografía sobre la esclavitud y la discriminación. Ésta revela mucho sobre el escarnio que ha aquejado al hombre de origen afroamericano desde la antigüedad.
La errada concepción del ser humano y su deber ser, al menos en el renglón físico (el color de la piel), detonó una práctica de menosprecio basada en la inexistente superioridad del blanco.
En medio de la adversidad, Northup es ejemplo de lucha interna y externa. Se opone a perder su humanidad y al mismo tiempo procura mantener íntegra su voluntad. Su proceder ante cruentas escenas de tortura nos hace reflexionar sobre los peligros de equiparar al ser humano con un objeto de propiedad pero también ilustra el esperanzador faro en que se convierte el amor familiar, la solidaridad, la generosidad y el sacrificio por el otro.
El fin deja claro que el cautiverio del cuerpo no implica la subyugación del alma. Afortunadamente el mundo ya desechó esa forma de esclavitud, pero es claro que quedan muchas otras y que tendremos que seguir trabajando para que el lucro no se sobreponga a la justicia y al trato digno.

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