Romper paradigmas y cambiar el mundo

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Economía para un planeta abarrotado
Jeffrey Sachs
Debate. México, 2013
527 pp
¿Es posible reducir la disparidad entre pobres y ricos? ¿Incrementar la prosperidad económica y, a la par, reducir el impacto sobre el medio ambiente? Jeffrey Sachs, experto economista, asegura que para responder a la nueva realidad global y conseguir tales objetivos urge replantear las nociones de mercado, poder y cooperación internacional.
Cuando en 2008 terminó de imprimirse la versión en inglés: Common Wealth: Economics for a Crowded Planet el mundo entraba en una crisis económica de la que, según expertos en el tema, aún no salimos. Fue casi profético el análisis que Jeffrey Sachs, director del Instituto de la Tierra, realizó sobre la situación de los capitales en el mundo y el panorama que se vivía a mediados de ese año.
La traducción al castellano de Ricardo García Pérez pone al alcance de otros públicos un texto que conserva vigencia, cuya pertinencia es cada vez más evidente, al tiempo que la vertiginosa competitividad económica no cesa. Leemos de crisis alrededor de todo el mundo.
En 2011, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó que el número de personas desempleadas en el mundo era de 205 millones, un máximo histórico. Estudios recientes del mismo organismo señalan que la situación económica mundial está lejos de vislumbrar un mejor horizonte. Desde 2008, el desempleo ha incrementado 40% o más en países como España, Reino Unido, Estados Unidos, Serbia y Bulgaria.
Con este telón de fondo Sachs señala que las sombrías predicciones de los expertos en economía están frente a nosotros, principalmente por cuatro razones: la presión humana sobre la tierra, un peligroso crecimiento de la población, la pobreza extrema y un clima político que se caracteriza por el cinismo, el derrotismo e instituciones «pasadas de moda». Sin embargo, advierte que aún se puede evitar la catástrofe si se atienden varios puntos por parte de los actores involucrados en la economía de nuestro siglo. ¿Y quiénes son esos actores? Todos.
 
¿CÓMO MEJORAR EL PANORAMA?
Divide el libro en cinco apartados: «Una nueva economía para el siglo XXI», «La sostenibilidad medioambiental», «El reto demográfico», «Prosperidad para todos» y «La resolución global de problemas». Edward Wilson lo describe así en el prólogo: «Nos ofrece lo que su título promete: un análisis diáfano, una síntesis, una obra de referencia, un manual para el trabajo de campo, una guía, un pronóstico y un resumen de recomendaciones prácticas fundamentales para el bienestar de la humanidad».
En la primera parte encontramos un análisis sobre los desafíos del desarrollo sostenible para preservar el medio ambiente, estabilizar la población mundial, reducir la brecha entre ricos y pobres y poner fin a la pobreza extrema. «El reto definitorio del siglo XXI –señala el autor– será afrontar la realidad de que la humanidad comparte un destino común en un planeta superpoblado».
El segundo apartado aborda la insostenibilidad de la actual trayectoria de la actividad humana y propone canalizar una parte de nuestros modestos conocimientos y recursos hacia el desarrollo de tecnologías de «alto valor S» (renta producida por unidad de impacto ambiental). Para lograrlo debemos modificar algunos de nuestros hábitos, entre ellos, el uso de recursos naturales para subsistir. Para clarificar la problemática de la densidad poblacional tomaré el estudio que el propio autor realiza. Durante aproximadamente mil 800 años (del 1 al 1830 d.C.) el mundo creció de 230 millones de habitantes a mil millones. Sin embargo, los siguientes 175 años la población mundial se multiplicó por más de seis, alcanzando los 6 mil 500 millones de personas en 2005. Este desmesurado crecimiento apunta una consecuencia: cataclismo mundial de proporciones desconocidas.
En la tercera sección, el autor ataca de manera frontal el problema del crecimiento demográfico, pues aunque la Economist Magazine –la más prestigiosa en el tema mundialmente– minimiza el problema demográfico, Sachs resalta el error de hacerlo y ofrece datos impactantes. Si no frenamos el ritmo de crecimiento poblacional, para 2050 seremos 2 mil 600 millones más. Sin embargo, los recursos naturales no serán los mismos y escasearán. El panorama que esto arroja es fácil vaticinarlo. Lo peor se vislumbra en los países que padecen pobreza extrema, enfermedades, hambre y violencia. Para ello, el autor presenta nueve factores que buscan reducir el índice de fertilidad dirigida a los países más pobres: mejorar el índice de la supervivencia infantil, educación de las niñas, cualificación de las mujeres, acceso a servicios de salud reproductiva, la revolución verde, urbanización, aborto legal, garantías para la vejez y liderazgo público.
De estos puntos, el argumento más débil es el del aborto, pues da razones que son imposibles de cuantificar: si la madre rechaza y rechazará al niño no deseado, o si el aborto se practica con o sin el apoyo gubernamental. La educación sexual, por su parte, es un acierto. De hecho, impulsando este factor el aborto sería innecesario.
La «prosperidad para todos» refiere al apoyo que los países ricos pueden brindar a los pobres. Insiste en que esto se logrará al ayudar a que la economía de los países subdesarrollados se acelere a la par de los desarrollados. Explica que el epicentro de los retos debe ser África, pues allí se dan cita los desafíos planteados por la geografía, la pobreza fiscal y la actuación gubernamental. Finalmente, Sachs enuncia cuatro tipos de inversiones básicas para salir de la pobreza extrema: un fuerte impulso a la productividad del medio de vida principal, la agricultura; la atención a la salud mediante la creación de servicios sanitarios preventivos y curativos; la educación, y la infraestructura.
En el cuarto y último apartado repiensa la política exterior. Considera que hoy ningún país está listo para abordar adecuadamente los retos planteados por el medio ambiente, la población y la pobreza global. Expone a Estados Unidos como una de las naciones más reacias a cooperar con el resto del mundo y modificar su política exterior.
Ahora bien, no será el libre mercado el que resuelva los problemas, sino la capacidad de los sectores involucrados (privado, público y no lucrativo) de trabajar mancomunadamente.
De esta manera, el doctor Sachs escribe un libro valioso por su capacidad de análisis y de mostrar, clara y firmemente, los puntos que tejen la trama en busca de una economía más justa.
Quien tome entre sus manos el libro entenderá que el rumbo del siglo XXI depende de, continuar con las costumbres que desgastan al planeta, u optar por las soluciones que propone el autor. Es hora de repensar la economía de mercado que hasta el momento nos ha gobernado. Tal vez reinventar los conceptos bajo los cuales la entendemos. ¿Sería posible abastecer de humanismo al mercado?
El mensaje final es muy claro: «si cooperamos con eficacia estas nefastas amenazas se pueden conjurar y podemos conseguir en las próximas décadas estos cuatro objetivos: energía y recursos sostenibles, estabilizar la población, el fin de la pobreza extrema en 2050 y el nuevo enfoque: cooperación». Moralmente es inadmisible que ignoremos nuestra colaboración por conservar el lugar donde vivimos. ¿O usted no cuida, limpia y resana su propia casa?
 
 

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