Cómo lograr que las PyMEs maximicen su potencial

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La mayor generación de empleo, tanto en economías emergentes como desarrolladas, viene de las pequeñas y medianas empresas, que se describen a sí mismas como «combustible de los motores de la economía nacional». Por ello es indispensable incrementar su eficiencia operativa.
México, es hoy un jugador preponderante de la economía mundial. La vecindad con la mayor economía del mundo (EUA) y el potencial de desarrollo interno, lo han puesto en la mira de inversionistas y estrategas económicos de muchos países. Recientes visitas de mandatarios de diversos países (Canadá, Estados Unidos, China, Israel…) muestran el interés y el potencial que revela nuestra economía.
Esto, desafortunadamente, aún no se consolida en condiciones favorables para la población; por el contrario, le ha generado grandes desafíos, como la globalización que ha retado el desempeño de las PyMEs en México.
La gran pregunta es y seguirá siendo, ¿cómo lograr que las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) maximicen su potencial? Sobre todo hoy, que en México se caracterizan por operar con bajas escalas de producción, utilizar tecnologías adaptadas, financiación que proviene de sus propias fuentes y que por lo general, los propietarios dirigen la evolución de la compañía con una gestión empírica y centralizada en una persona.
Algunas de las debilidades más notorias que afectan el desempeño y permanencia de las PyMEs mexicanas en el mercado de mediano y largo plazo son:
 
• Fuerza de trabajo poco calificada, con escasa o nula preparación y bajo desarrollo profesional
• Falta de información técnica
• Falta de habilidades de gestión
• Baja utilización de la capacidad instalada
• Falta de sistemas administrativos modernos
• Muy bajo nivel de capitalización
 
Todo esto deriva en esquemas de operación con baja productividad debido a plantas y maquinaria obsoleta, estándares de calidad inexistentes o poco competitivos, reducidos márgenes de utilidad, poca capacidad para eficientar su rentabilidad y mínima para invertir en infraestructura y crecimiento futuro y sistemas de información poco competitivos.
Además las PyMEs sufren los peores avatares económicos y pésimas condiciones crediticias; no han contado con una política pública que les permita sentar bases para fortalecerse. Aunque en los últimos trece años han sido políticamente reconocidas, las iniciativas gestadas por el Gobierno Federal no logran aún bases de desarrollo importantes.
Mientras, por un lado, persisten los problemas internos, por el otro, las condiciones turbulentas del entorno económico, político y social de México, de las últimas dos décadas, no han favorecido su operación y crecimiento. El estancado desarrollo económico y las bajas oportunidades de empleo en México, ponen de manifiesto la necesidad de impulsar su eficiencia operativa y mejorar sus competencias porque son jugadores clave en el desarrollo económico del país.
Concientizarnos de que el bajo desem-peño de las PyMEs mexicanas, son una clara desventaja competitiva, que afecta a la generación de empleo y al desarrollo económico del país, nos lleva a señalar a la «eficiencia operativa» como una variable competitiva. En la medida que se implemente, mejorarán las oportunidades para el crecimiento empresarial, el empleo y el desarrollo económico del país (Figura 1).
 
MEJORAR LAS COMPETENCIAS
La eficiencia operativa se refiere a maximizar la utilización de recursos y capacidades y minimizar desperdicios, para proveer al mercado productos y servicios de calidad a precios competitivos. La eficiencia operativa se centra en:
 
• Identificar las deficiencias en los procesos productivos y mejorar y asignar los recursos para maximizar resultados.
• Innovar en el diseño de nuevos procesos para aumentar calidad y productividad.
 
Poner en marcha un sistema de eficiencia operativa genera un cambio organizacional relevante: comienza por optimizar los flujos productivos, partiendo del análisis y mejora desde la fase inicial en la configuración y definición de productos y servicios, hasta la fabricación y entrega al cliente.
Requiere promover la participación activa de los empleados formando unidades de gestión orientadas a productos y clientes que pueden derivar en equipos de auto-gestión y organizaciones participativas y proactivas. Se deberá adoptar una estructura organizacional flexible que permita la comunicación eficiente y se analizará la participación de otros actores en la cadena de suministro y distribución buscando mayor eficacia. Se adoptan procesos de gestión de calidad y se invierte en personal calificado y en la formación de los empleados. Todo con el fin de incrementar la productividad y rentabilidad de la empresa.
Las medidas de eficiencia de las empresas, como la productividad laboral o la productividad total de los factores, varían mucho entre empresas y en todas las industrias. El tamaño de la empresa puede estar ligado a otros factores, como las capacidades tecnológicas y de gestión, que se correlacionan con la eficiencia.
Se considera que las PyMEs tienen ventajas sobre sus competidores a gran escala, porque pueden adaptarse más fácilmente a las condiciones del mercado, debido a su naturaleza flexible. Lograr adecuados niveles de eficiencia es la mejor manera de mantener una posición competitiva.
Impulsar la eficiencia operativa tiene un impacto directo en los márgenes de ganancia de la empresa, estrechamente relacionados con la eficiencia en costos, en cada una de las actividades de la «cadena de valor» o productiva de la empresa, generando, no sólo valor al cliente final, sino también a la organización misma.
Mejorar la eficiencia operativa, incrementa las competencias en la organización, al generar mayores conocimientos, habilidades, y destrezas que se desarrollan en toda la empresa durante el proceso de transformación organizacional. Lo alcanzado se manifiesta en el logro de capacidades competitivas necesarias para satisfacer las exigencias del mercado globalizado actual.
 
GENERAR EMPLEO Y MEJORAR EL DESARROLLO ECONÓMICO
Diferentes organizaciones mundiales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial, han señalado que las empresas de rápido crecimiento, medido por las tasas de expansión del empleo, son actores clave en el crecimiento económico de los países.
Reconocen el papel que en cada país desempeñan las empresas, en la recuperación económica regional sostenida por la generación de empleo. Entre ellas, se encuentran las PyMEs, cuyas tasas de generación de empleo neto, son mayores que las empresas grandes. Por ello, estas organizaciones mundiales, establecen el compromiso para impulsar el desarrollo de estas empresas como un elemento central de su estrategia para potenciar el crecimiento económico global, el empleo y el alivio de la pobreza en los distintos países.
En las economías emergentes, como la de México, las empresas tienden a trabajar juntas para compartir sus competencias, reducir los diversos costos, consolidar los recursos limitados y aumentar su productividad, innovación y rentabilidad. La integración de estos factores favorece el empleo en el sector de las PyMEs y contribuye al desarrollo agrupado de este sector, ya que las PyMEs obtienen beneficios de las economías de escala y amplían sus límites de operación, que son características de la mayoría de las pequeñas empresas.
Las pequeñas y medianas empresas contribuyen fuertemente al Producto Interno Bruto (PIB), con la fabricación de bienes o mediante la prestación de servicios a los consumidores y a otras empresas. Las PyMEs comprenden un número significativo de empresas privadas, fenómeno no particular de México, sino característica recurrente en diferentes países.
En la actualidad, se considera que las PyMEs constituyen la columna vertebral de la economía mexicana, por su alto impacto en la generación de empleo y la producción nacional. Según datos del Censo Económico 2009 del INEGI, México tiene cerca de 3 millones 735 mil 347 unidades económicas privadas, de las cuales 4.8% son PyMEs que generan el 33.9% del Producto Interior Bruto (PIB) y 32.9% del empleo en el país.
En general, hay mayor reconocimiento de la función trascendente que las PyMEs tienen en el desarrollo económico de un país, en relación a la función que desempeñan las grandes empresas. A menudo ellas se describen como «eficaces y prolíficas creadoras de empleo», «las semillas de las futuras grandes empresas» y «combustible de los motores de la economía nacional». Incluso en las desarrolladas economías industriales, el sector de las PyMEs, más que el de las multinacionales, es el mayor empleador. Contribuyen en gran medida a generar empleo en todos los sectores de la economía y el sector manufacturero es el mayor generador.
 
IMPLICACIONES GERENCIALES Y NACIONALES
Es indispensable mejorar la eficiencia operativa de las PyMEs para incrementar su rendimiento y su transición a mejores negocios. Las siguientes implicaciones gerenciales impactan sus estrategias actuales y futuras, en la mejora de la eficiencia operativa, las competencias y el incremento en la generación de empleo, potenciando así el desarrollo económico de México:
 
• El crecimiento de la pequeña y mediana empresa debe ser con enfoque integral, verla en su conjunto, para lograr eficiencia operativa de los procesos de trabajo en todos los niveles. Esto requiere alinear objetivos y metas con la operación de la empresa para alcanzar mayor competitividad.
• El apoyo de políticas públicas junto al desarrollo de instituciones para fortalecer a las pequeñas y medianas empresas, es importante teniendo en cuenta el impacto en la generación de empleos y en el desarrollo económico del país.
 
PRINCIPALES DESAFÍOS
Los principales desafíos que enfrentan las pequeñas y medianas empresas se asocian a los cambios en sus procesos para ganar competitividad. Para ponerlos en práctica, la primera tarea es comunicarlos en la organización y motivar a los empleados.
La globalización ha introducido la necesidad de una reingeniería estructural en el manejo de recursos y capacidades de las empresas, incluyendo los recursos humanos, financieros, tecnológicos y materiales, para atender los atractivos mercados masivos, con productos y servicios con estándares que cumplan con las exigencias actuales de la demanda.
Para sobrevivir en esta competencia global, las PyMEs habrán de desarrollar nuevas competencias e implementar estrategias para reducir costos, mejorar la calidad y realizar nuevas inversiones. Se deben diseñar programas eficaces y planes de acción para alcanzar las prioridades competitivas, que son metas y objetivos que guían las acciones de gestión para mejorar las estrategias de fabricación, referentes a la planificación y control de los procesos, utilización óptima de capacidad instalada, implementación de sistemas de integración vertical, gestión de la calidad, incremento de capacidades y gestión de recursos humanos, entre otros.
El logro de la adecuada implementación de estas acciones, fomenta la continua mejora de las competencias de servicio y fabricación.
 
 

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