La mejor versión de mí

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Definir quién soy, qué espero de la vida y cuáles son mis propósitos exige una pausa en la acelerada vida actual. Incubar éstas y otras reflexiones nos permitirá desempeñarnos mejor en cada uno de nuestros roles, porque quien está bien consigo lo estará también
con su entorno.
 
Gracias a la tecnología, nuestro mundo y nosotros mismos estamos en constante transformación. Cambia el modo en que se imparte la educación –por lo tanto, la manera en que aprendemos– y aparecen nuevos modelos de negocio en los que la disrupción e innovación están a la orden del día. Éste es el mundo en el que vivimos, hay que aceptarlo, adaptarnos y movernos hacia adelante.
En este escenario, ¿qué hacer para que cualquier cambio que se suscite en nuestro país sea positivo y haga una diferencia real? El primer paso es no estancarnos, movernos, motivarnos a nosotros mismos, pero también a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo y, en general, a nuestro círculo de influencia.
Todos tenemos distintos roles en la vida, yo soy esposo, padre, hijo, amigo, director general de Microsoft, vicepresidente de la fundación Ojos que Sienten, consejero de la US Mexico Foundation… Los que representan mayor reto: esposo y padre.
 
UN EJERCICIO FRENTE AL ESPEJO
Comparto un acontecimiento que cambió mi vida: hace unos años padecí un atentado en Colombia, estaba acompañado de mis hijos y mi esposa, quien resultó lastimada. Afortunadamente, después de una serie de sucesos pudimos salir adelante.
Las semanas posteriores al incidente fueron muy intensas para mí, en este tiempo me pregunté: ¿por qué sucedió?, ¿por qué nos pasó a nosotros?, ¿por qué murió tanta gente?, ¿por qué yo estoy con vida y los demás no?, ¿qué objetivos tengo para mi vida personal y laboral?, ¿qué legado quiero dejar a mis hijos?… A partir de ese momento se gestó una versión diferente de mí, me cuestioné diversos porqués y aprendí que la vida es efímera y vulnerable, todo puede cambiar en segundos.
Estoy seguro de que muchos de nosotros hemos vivido momentos que nos estremecen y exhortan a cambiar, como el matrimonio o un examen profesional. Dichos periodos nos orillan a identificar nuestras fortalezas y áreas de oportunidad, preguntarnos quiénes somos, a dónde vamos, qué queremos lograr y cómo lo haremos. Enfrentarse al espejo es un ejercicio muy valioso y si lo hacemos bien, ensanchará nuestra autoestima, alimentará nuestro aprendizaje y preparará un terreno fértil para el crecimiento y, por consiguiente, el cambio.
Descubrir el propósito, tanto personal como el de la organización, nos llena de poder e impulsa lo que hacemos por nosotros mismos y por los demás. Tener clara la misión de tu empresa brinda dirección y coherencia en tus actividades diarias, da fuerza e intención.
Una vez que estemos bien con nosotros podemos dar lo mejor en la casa, el trabajo, la comunidad e inclusive, en México.
Concluí también que venimos a este mundo por razones de trascendencia y que la felicidad es como onda expansiva que se contagia. En mi caso, hoy puedo decir que mi propósito es inspirar éxito en las personas, es lo que me levanta todos los días y hace pensar distinto.
 
 
ROMPER PARADIGMAS,PENSAR DIFERENTE
¿Por dónde empiezo? Tres componentes te permitirán contestar: 1) Conocerte bien; 2) plantear las preguntas correctas para trazar un primer camino, y 3) comenzar a vivir tu propósito.
Después del incidente en Colombia conocí al entonces presidente, Álvaro Uribe. En su país iniciamos el movimiento social Tejido Humano cuyo objetivo era ayudar a las familias de policías y soldados, víctimas del terrorismo. Por increíble que parezca, no existía una organización dedicada a ello a pesar de tener 45 o 50 años de vivir tal amenaza en el país. Aun cuando nos topamos con situaciones que nos rebasaban, en cuestión de meses impactamos la vida de entre 150 y 200 mil personas.
Gina Badenoch, fundadora de la institución Ojos que Sienten, también se atrevió a pensar diferente. Comenzó por preguntarse: ¿puedo enseñar a un ciego a tomar fotografías?, ¿qué pasaría? El resultado fue una bellísima iniciativa en la que, a través de la tecnología, personas que padecen alguna debilidad visual aprendieron a tomar fotografías, así como elaborar presentaciones, leer cartas, escribir documentos, mandar correos, etcétera.
Su idea fue muy disruptiva y llegó más allá de enseñarles a utilizar diversas herramientas como una cámara, Word o Power Point; nutrió la autoestima de quienes jamás imaginaron tener tal acceso al mundo visual. Eso es romper paradigmas, es pensar diferente.
En la misma fundación conocí a una persona que me inspira y aprecio mucho: Alicia, quien en 2010 perdió la vista de manera repentina. Una tarde llegó a su casa con un fuerte dolor de cabeza y se acostó temprano. Al despertar, ya no pudo ver. La vida de Alicia cambió para siempre, pero no se dejó vencer, hoy es una gran fotógrafa. Su historia siempre me hace pensar que nadie está exento, a todos nos puede pasar algo.
Al final del día, no deseo que alguien pase por una situación como la de Alicia o como la que viví en Colombia, pero sí que ese alguien encuentre el momento disruptivo que detone nuevas ideas.
Luego, ¿cómo puedo dar la mejor versión de mí todos los días? Para ello urge ser líder, y no sólo al hablar de negocios; urge ser líder en la vida: con tu esposa, tus hijos y comunidad. Urge ser agente de cambio para México. Brindar la mejor versión de nosotros es el primer peldaño en nuestra escala de valores. Éstos no son negociables y una vez que los tengamos claros, tomaremos mejores decisiones.
 
BUSCAR EL EQUILIBRIO
En la vida se nos presentan inhibidores del aprendizaje que nos impiden avanzar al siguiente nivel. El más conocido es el típico argumento: «no tengo tiempo». Para aprender nunca hay tiempo, somos nosotros quienes tenemos que buscar el espacio para hacerlo. Ignorar este obstáculo es muy peligroso, nos estanca y nos lleva a padecer la ceguera de cegueras.
Para aprender hacen falta mecanismos de retroalimentación, sólo así se propicia el progreso. No perdamos de vista que la empresa se forma por personas, quienes se conducen en sus labores con un aspecto emocional. Si, por ejemplo, nos hallamos mal anímicamente, lo estaremos también en el trabajo sin importar cuan profesionales seamos; por eso es muy importante ejercitar la expresión de nuestras emociones. En Microsoft, al iniciar una reunión entre directores, procuro reservar unos minutos para realizar ejercicios de respiración; posteriormente, pregunto a los asistentes cómo se sienten. Es mágico cuando responden: estoy contento, enojado, triste, preocupado, tengo miedo, etcétera. Expresar nuestro sentir influye muchísimo en el modo de trabajar.
El resentimiento y la resignación son dos estados de ánimo que ponen en riesgo el equilibrio en nuestra vida personal y en la empresa. Ninguno nos permite ser felices. Por un lado, el resentimiento cierra la puerta a la innovación, pues ya no hay nuevas conversaciones ni espacios de convivencia entre las personas. La única forma de combatirlo es también la más difícil: perdonar y pedir perdón.
Por otro lado, la resignación nos estanca en un dañino rol de víctima. No queremos víctimas en nuestras vidas y organizaciones, necesitamos agentes de cambio. Queremos tener un modelo mental, lo que se llama un mindset de cambio.
 
LA FELICIDAD ES NUESTRA ELECCIÓN
Manejo cuatro pilares en mi vida: espiritual, familiar, profesional y personal. Cuando son sólidos puedo soportar muchas cosas, pero su firmeza no es fácil de conservar.
Debemos dedicar tiempo al alma, a la familia, al trabajo y a nuestros pasatiempos. Sólo así viviremos en balance. Esto implica aprender a conocer y manejar nuestras emociones. En inglés hay una forma de decirlo que me encanta: free will of choice. Es decir, yo elijo cómo me quiero sentir. Si hoy por algún suceso estoy triste, es mi decisión; ni otras personas ni circunstancias son responsables.
El mayor generador de estrés es vivir en el futuro, en cosas que no han sucedido. Es preciso controlar esa voz interior que dice: «Te irá a mal, no se va a arreglar, te van a correr». En cambio, al enfocarnos en el presente eliminamos gran parte de aquella ansiedad. Piensa en lo que puedes hacer hoy, ¿y el mañana? ya veremos después.
¿Hay que planear? Sí, por supuesto. Planear nos da rumbo, pero siempre centrando nuestras fuerzas en lo que podemos controlar. Si algo está mal, busca arreglarlo, pero mientras lo logras, entrénate a ti mismo para no preocuparte. En palabras de Ernest Hemingway: «Preocuparse nunca ha arreglado nada».
En México las cosas mejorarán si cada uno de nosotros decidimos lo que hoy queremos hacer, y para eso hay que creer en nosotros, tener confianza, aceptarse. Esto nos dará energía y ánimos, saldremos de la casa con un pensamiento positivo: «¡Listo, ahí les voy!».
Hablar de estrés es anticuado. Lo actual es hablar de vivir en un estado óptimo, es decir, no dejar que algo nos turbe. Si, por ejemplo, te enteras que un día determinado cerrarán vialidades debido a alguna manifestación, quizá lo más sencillo sería cancelar las reuniones o citas agendadas. Hacer eso sólo obstaculiza nuestro propósito. Otra alternativa sería investigar las rutas óptimas para llegar con tiempo. Ten confianza, ama y cree en lo que haces, porque estar contentos nos cambia la vida. No venimos al mundo a sufrir, sino a amar y cuidar a las personas que amamos. El trabajo va y viene, pero las personas no.
Tú, tu familia, tu trabajo y tu comunidad necesitan la mejor versión de ti. Define tu misión y propósito; aférrate a tus valores y creencias; ama tu trabajo y dile a la gente que amas lo que sientes por ella.
Hay que movernos, individualmente y en equipo. ¿Es un reto? Sin duda. Podremos perder todo lo que tenemos en la vida, pero hay una cosa que nadie nos podrá arrebatar jamás: la actitud por vivir y hacer las cosas diferentes. ¡Vamos!
 

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