Felicidad, placer y virtud: La vida buena según Aristóteles

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07_felicidadplaceryvirtudHéctor  Zagal
Planeta. México, 2013
219 págs.
 
Si bien en un primer momento el tema de la felicidad puede parecer sencillo, en la medida en que la reflexión adquiere profundidad la cuestión ya no resulta tan evidente.
En el siglo IV a.C. Aristóteles sentenció en la Ética nicomáquea que el fin último del hombre es la felicidad, un postulado que conduce irremediablemente a preguntarse: ¿en qué consiste y cómo se llega a ella?
Ya en la antigüedad, algunos de sus contemporáneos afirmaban que para alcanzarla había que dejarse llevar por las pasiones en una búsqueda constante de los placeres; otros proponían que a partir de la represión de sus instintos, mediante una vida ascética, alcanzarían la verdadera vida buena. Sin embargo, para Aristóteles, no era a partir del exceso o la carencia, sino a través del ejercicio de las virtudes como el hombre prudente podría acceder a la felicidad.
Resulta fascinante descubrir cómo después de más de dos mil quinientos años la propuesta moral aristotélica se mantiene vigente: fortalecer el carácter y configurar la propia vida a partir de decisiones que nos lleven a vivir plenamente.

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