Coherencia al sentir y pensar

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 La frase que cita Daniel Goleman en su libro Inteligencia emocional es ya conocida: «los CEO son contratados por su capacidad intelectual y su experiencia comercial y despedidos por su falta de inteligencia emocional». ¿A qué se refiere este concepto? En la convivencia diaria el éxito pertenecerá a quien trabaje por su salud emocional al expresar sus sentimientos, entender los de los demás y, con base en ello, pensar y dirigir su comportamiento.

 

¿Por qué parece que algunas personas saben enfrentarse a conflictos y contratiempos sufriendo menos que otras? ¿Por qué a veces el alumno más inteligente no se convierte en el más exitoso?
La inteligencia emocional es la respuesta. Puede resultar complicado comprender este concepto, ya que une dos ideas en principio ajenas: inteligencia y emociones. Quizá entendemos mejor cuando hablamos de inteligencia teórica, práctica, científica, social… Todos los tipos sirven para adaptarse a los procesos de cambio.
Por otro lado encontramos la inteligencia emocional, que es la capacidad de expresar y conocer los sentimientos, tomar conciencia de ellos y acercarnos a las emociones de los demás; saber gestionar los conflictos y las contrariedades de cada día; ser empático con quienes nos rodean y generar un ambiente positivo. En pocas palabras hablamos de la habilidad de gestionar de forma correcta las emociones, tanto las nuestras como las de los demás siendo capaces de analizar los sentimientos, sobre todo cuando son negativos (tristeza, ira, enfado, agresividad) y entender qué nos ha llevado a reaccionar de esa manera.
Cuando alguien tiende al enfado con facilidad, responde con actitud irritable o irascible, esta persona posee baja inteligencia emocional. En cambio, alguien con un buen conocimiento de sí mismo, de sus reacciones, que piensa antes de actuar, controla sus impulsos, relativiza y hace sencillo lo complejo, problemático o espinoso… esta persona tiene una inteligencia emocional desarrollada.

UNA HERRAMIENTA PARA SALIR ADELANTE
La inteligencia emocional nos ayuda a perseverar a pesar de las dificultades y es capaz de regular nuestros estados anímicos. Si conseguimos unir en una misma dirección las emociones con la inteligencia alcanzaremos paz y equilibrio interior. Aprendemos a ensamblar con maestría la cabeza y el corazón, las ideas y las emociones. Si alguien domina este aspecto de la vida, llegará más lejos en su vida profesional, personal  y familiar.
Emociones como el enfado, la tristeza y la irritabilidad dañan de manera extraordinaria nuestra salud física, pueden incluso alterar el riego sanguíneo del cerebro. El cardiólogo americano Meyer Friedman y su colega R.H. Rosenman descubrieron que las personas crónicamente enfadadas, irritables o impacientes tienen niveles elevados de colesterol en sangre y un riesgo siete veces mayor de presentar signos clínicos de enfermedad cardiaca e infartos. Por otro lado, un estudio de la Facultad de Medicina de Harvard demostró que las personas que sufrieron un infarto de corazón y aprendieron a gestionar los conflictos, la ansiedad y las emociones negativas, reducen casi a la mitad el riesgo de reincidir en otro infarto. Otros estudios de la Clínica Mayo afirman que el estrés y la ansiedad son indicadores claros para las complicaciones y enfermedades cardiovasculares.
Las emociones positivas: felicidad, bienestar, paz interior… aumentan la resistencia a la enfermedad. A este fenómeno se le denomina «psicoinmunoendocrinología». Están demostrados los beneficios médicos que brindan un soporte emocional estable, un sano entorno social, familiar y médico, y vivir sentimientos positivos. Todo ello ayuda en la evolución y buen pronóstico de enfermedades, sin importar su gravedad. Éste es un campo cada vez más estudiado en la ciencia. Hoy en día siguen vigentes las palabras del poeta romano Juvenal en el siglo I: mens sana in corpore sano. (Mente sana en cuerpo sano).

LA FELICIDAD DEPENDE DE CÓMO PERCIBIMOS LA REALIDAD
En definitiva, no podemos esconder lo que sentimos en un baúl de nuestro interior, pues esto, a la larga, se transforma en contenido tóxico para la mente y perjudicial para el organismo.
Tener una buena educación sentimental significa capacidad para dar y recibir amor. Una de las claves consiste en aprender a expresar estas emociones, desde el agradecimiento y el perdón, hasta las muestras de afecto verbales y no verbales.
El poder de las emociones es importante y determinante en nuestra salud tanto física como psicológica. Siempre habrá situaciones, acontecimientos o personas que nos creen malestar o provoquen sentimientos negativos, todo dependerá de cómo gestionemos o respondamos a esas emociones. Si conseguimos trabajar la inteligencia emocional controlaremos las emociones negativas (ira, estrés, ansiedad…), tendremos más facilidad para tolerar frustraciones, adoptar una actitud empática y de comprender las reacciones y emociones de los demás para ser capaces de crear un ambiente armónico y sereno a nuestro alrededor.
La inteligencia emocional aspira a encontrar la paz interior y la felicidad. Lo que determina nuestra felicidad son las emociones y no lo que nos sucede, está en cómo interpretamos los hechos. Así la felicidad es una manera de mirar y convivir con la realidad.

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