Terremoto de 1985. Trauma y recuerdo en el cine mexicano

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IS339_Miscelanea_principalLos años pasan, pero el terremoto más destructivo que ha padecido la ciudad de México aún duele. Vivirlo fue tan traumático que son pocas las representaciones artísticas que lo rememoran, sin embargo, en todas ellas se destaca la unión de la sociedad que salió a las calles a ayudar a sus semejantes con la esperanza de salvar vidas y reconstruir su hogar.
Hace 30 años, la lluvia acompañada de una granate luna llena advirtió lo que en unas horas habría de ocurrir: el terremoto de 1985. Millones de capitalinos fuimos víctimas de uno de los fenómenos naturales más aterradores en la ciudad de México. Se calcula que más de 40 mil personas murieron entre los escombros.
Con 8.1 grados en la escala de Richter y una duración de 120 segundos, el epicentro del terremoto se localizó en el Océano Pacífico, frente a las costas de Michoacán. Se calcula que la energía liberada en el movimiento equivale a mil 114 bombas atómicas de 20 kilotones cada una. La furia sísmica dejó miles de muertos, heridos y gran parte de la población sin hogar, servicios y comunicación. Un tercio de la superficie total de la ciudad se redujo a escombros y quedó envuelta en una nube de polvo, desolación, impotencia y muerte.
La reacción del gobierno fue prácticamente nula. Después de los primeros momentos de estupor, la población civil se lanzó a las calles en busca de parientes, amigos o simplemente para ayudar, tomó la ciudad y empezó a salvar víctimas. Se organizó espontáneamente y de acuerdo con las posibilidades de los voluntarios. Entre los habitantes se desarrolló una solidaridad fuera de lo común para una urbe del tamaño de la ciudad de México, caracterizada por una marcada deshumanización e incomunicación social.
 
LOS ARTISTAS FRENTE AL TERREMOTO
A pesar del impacto social del acontecimiento, el terremoto de 1985 es uno de los temas pendientes en la industria cinematográfica mexicana. Es un asunto tabú, prácticamente ignorado, quizá por lo doloroso o por la postura política de encubrir un hecho vergonzoso para el gobierno mexicano, pues fue incapaz de hacer frente a la catástrofe.
¿Qué queda de aquel desastre en la conciencia colectiva? ¿Hubo un arte que representara el sismo? ¿Se puede llegar al olvido sin impunidad? Carlos Paul da una respuesta en su artículo «Analiza Padilla la desmemoria artística del desastre de 1985», publicado en La Jornada el 19 de septiembre de 2010: «…desde el aspecto creativo fue muy poca la atención de los artistas hacia el sismo del 85. Aunque su participación fue variada y generosa, suele vérsele ensombrecida por una suerte de histeria solidaria, inmediatista e indolora que no produjo obras literarias, plásticas o cinematográficas memorables».
En el ámbito del cine existen sólo cuatro producciones realizadas con esta temática: Trágico terremoto en México (1987, Francisco Guerrero) producida por la Compañía Productora Metropolitana; el documental Terremoto en México (2000, Matías Gueiltburt) una coproducción de History Channel Latinoamérica y Anima Films; y los cortometrajes Bajo los escombros (2005, Carlos Dávila Yeo) y El sueño de Luisa (2010, Carlos Dávila Yeo), ambos producidos por el Instituto Mexicano de Cinematografía.
Analizaré la narrativa planteada en estos cuatro filmes, para configurar uno de los pocos retratos sociales del terremoto de 1985.
 
EL DOLOR EN EL CINE
Reflexionemos sobre la relación entre memoria y olvido de las catástrofes históricas. En el caso del terremoto hubo una ausencia de obras artísticas; quizá en un proceso de impunidad, autocensura y omisión, pues el costo del sismo en víctimas y daños materiales, no se instaló en la memoria colectiva como castigo de la ira divina, ni como venganza de la naturaleza. En su momento tuvo rostros, nombres y culpables que quedaron exentos de castigo.
Los casi 40 mil muertos evidenciaron el precio que debió pagar el país por décadas de corrupción, burocratismo, criminal especulación inmobiliaria, nula planeación urbana y abierta negligencia de los gobernantes para encauzar recursos a un sistema efectivo de prevención de desastres.
 
IS339_Miscelanea_imagen01Trágico terremoto en México (1987)
La primer película que trató esta temática, producida dos años después del sismo y estrenada hasta 1990. Más allá de retratar la tragedia, este filme dio a conocer los problemas de sanidad, carencias económicas, afectivas y emocionales que sufrieron los afectados, más algunas situaciones con tintes de denuncia social sobre la corrupción.
La película narra la vida de una típica vecindad en la colonia Doctores. Los habitantes realizan sus actividades diarias: un obrero regresa de su trabajo, un explotador de mujeres convence a una prostituta vieja de que siga trabajando para él, una pareja joven discute porque él no quiere tener hijos y la mujer está a punto de dar a luz. El dueño de la vecindad es un hombre que no se conduele de nada y a quien sólo le interesa el dinero… historias de personajes que viven en soledad pero comparten un lugar común.
En medio de esta cotidianidad, el terremoto golpea la ciudad y causa grandes daños en la vecindad, lo que transforma a sus habitantes, se vuelven solidarios y brindan ayuda desinteresada. Primero, para aliviar el problema de un derrumbe en la azotea, debido a la mala planeación y el uso de materiales de baja calidad y, después, para crear conciencia en el dueño, quien empieza a invertir en maquinaria y médicos para ayudar a los demás.
Una noche antes del terremoto, la mujer embarazada va al hospital donde un abominable médico que practica abortos ilegales ha decidido comenzar a traficar niños, haciendo creer a madres de escasos recursos que sus hijos han muerto. En medio del parto comienza el temblor y la mujer logra salvar a su bebé, quedando ella atrapada entre los escombros.
Los habitantes de la vecindad, al enterarse de la tragedia, se trasladan al hospital, en clara alusión a los hospitales caídos en el sismo: el Centro Médico Nacional y el Hospital Juárez de México y su área de maternidad. Ambos sanatorios representaron la desgracia, pues a la hora del terremoto había más de tres mil personas, entre enfermeras, médicos, pacientes, niños recién nacidos… pocos sobrevivieron. Son los llamados «bebé milagro»: niños que fueron rescatados de los escombros después del sexto día de búsqueda.
En la película, y teniendo como fondo las ruinas del hospital, todos se arrepienten y se trasladan a la clínica para ayudar: el médico corrupto, la madre que aborta y el padre del bebé a quien le ha negado su apellido. Unos consiguen herramienta, otros más retiran ladrillos y cascajo con las manos. Las mujeres preparan comida y dan consuelo a quien lo necesita. Todos luchan en un acto copartícipe, que los hace capaces de enfrentarse a los representantes del gobierno, que quieren meter maquinaria pesada para prevenir una epidemia.
Con un final feliz, la mujer y su hijo son rescatados junto a muchos otros recién nacidos, quedando documentada la solidaridad y el heroísmo de la población. En el reparto están Miguel Ángel Rodríguez, Pedro Weber Chatanuga, Mario Almada, Sergio Ramos El Comanche, Diana Golden, Isaura Espinoza, Rosario Granados, Cecilia Tijerina, Juan Peláez, Víctor Lozoya, Alejandra Meyer, Arturo Alegro y José Zambrano. La película contiene noticieros con imágenes reales de la tragedia, encabezadas por el ciudadano infraganti Óscar Cadena y una breve intervención de Marcos Efrén Zariñaga, mejor conocido como «La pulga», uno de los rescatistas y héroes del terremoto.
 
File photo shows the Hotel Regis in Mexico City collapseTerremoto en México (2000)
El documental, con un marcado acento informativo, inicia con una recopilación de audios sobre el contexto histórico del México de esa época, para dar paso a lo sucedido el 19 de septiembre con imágenes de fotos fijas.
Después, una serie de testimonios de personas que vivieron la tragedia nos permiten constatar la magnitud de la destrucción: Rafael López y Fernando Álvarez (de la brigada de rescate de topos de Tlatelolco), Jacobo Zabludovsky (periodista), Cuauhtémoc Abarca (líder de la Coordinadora Única de Damnificados), Manuel Camacho (ex secretario de Desarrollo Urbano), Ricardo Govela (funcionario de Cultura de la ciudad de México), Humberto Musacchio (periodista y escritor), Santiago Jorda (arquitecto) e Hilda Hidalgo (médico del Hospital General de México).
El documental cierra con la leyenda: «Actualmente México cuenta con la infraestructura necesaria para afrontar temblores de media a gran magnitud, y sus rescatistas han utilizado la experiencia ganada en 1985 para ofrecer su ayuda en caso de catástrofes alrededor del mundo» (Gueiltburt, 2000).
En los créditos finales se apunta que el archivo utilizado era el Archivo General de la Nación Argentina, el Archivo General de la Nación México, TV UNAM y Canal 11.
 
IS339_Miscelanea_imagen03Bajo los escombros (2005)
Es el primer cortometraje de Carlos Dávila Yeo, un ingeniero a quien este hecho le cambió el rumbo para hacer realidad su sueño de convertirse en cineasta. Aquí narra la historia de Francisco y Ángel, quienes se preparan para iniciar sus labores cotidianas como médicos residentes del Hospital General. Repentinamente, el terremoto los sorprende y quedan sepultados bajo los restos del edificio. A partir de esta situación, Francisco reflexiona sobre su vida y lo angustiante de ese momento.
La trama es íntima, con diálogos reales y recuperación de momentos cotidianos de una historia que, como muchas otras, comienza cuando el reloj marca las 7:18. Se escucha la música de un tocadiscos y Francisco y Ángel se preparan para un día más. De repente la sacudida y la tragedia aparecen en simultáneo.
En fracción de segundos, todo se convierte en ruinas y polvo. Las vigas se doblan, las paredes ceden y los techos se rompen. La oscuridad cubre todo; sólo se escuchan los quejidos y gritos de Francisco, que ha quedado atorado de una mano. Al revisar a su alrededor, descubre la agonía de Ángel. Las gotas que caen –producto de las fugas de agua– y la alarma del despertador son lo único que le permite medir el tiempo que pasa muy lento, en medio de una desesperante soledad.
Francisco sobrevive bebiendo sus desechos y lo que logra colectar de agua. Muy lejos se escuchan los helicópteros que sobrevuelan el sitio. Después, un movimiento brusco y un rayo de luz que se cuela entre el polvo. El rechinido de metales y otra vez las sirenas de patrullas y ambulancias. Son varios días. La alarma suena nuevamente y Francisco se ha dado por vencido.
Un nuevo movimiento lo pone al descubierto, mientras su boca pronuncia incoherencias en medio de una agonía que culmina con un resplandor que lo ilumina por completo. Al final, una leyenda acentúa la veracidad del relato: «Basado en una historia real sucedida en el terremoto de 1985 de la ciudad de México.»
 
IS339_Miscelanea_imagen04El sueño de Luisa (2010)
La segunda producción de Carlos Dávila cuenta la manera en que Luisa, una niña de siete años, experimenta el terremoto como un sueño, el cual la libra de padecer el sufrimiento físico y mental de la destrucción y la tragedia a su alrededor. En contraste, la experiencia de sus abuelos es de angustia y desesperación al no poder ayudarla, cuando la puerta de su recámara queda bloqueada por la caída de un librero.
La historia comienza el 18 de septiembre de 1985, con la celebración del cumpleaños de Luisa, en un departamento ubicado en el centro de la ciudad de México. La pequeña despierta y sonríe al ver su móvil de estrellas. Todo es felicidad con la llegada de los abuelos que vienen desde Jalapa para festejarla. Más tarde llega la hora de partir el pastel y apagar las velas. Su papá le da la buena noticia de un regalo más y su mamá la consciente mucho, al grado de permitirle faltar a la escuela al día siguiente para irse de paseo con los abuelos.
Es la mañana del 19 de septiembre. La madre de Luisa sale de puntitas para no despertar a nadie. Son las 7:19 y comienza el rechinido de paredes. Los techos truenan y el móvil de estrellas se balancea incontenible. La abuela despierta espantada y le grita a su esposo que se trata de un temblor. El librero caé y se cierra la puerta.
La pequeña aún duerme. Su cama empieza a balancearse rumbo a la ventana. La pared se cae y la cama sale volando al tiempo que el techo se derrumba. La niña viaja sobre su cama a través de un cielo lleno de estrellas, como las de su móvil. A lo lejos se escucha la voz de su abuela.
Luisa se asoma hacia abajo y ve su edificio. Grita con desesperación y, casi al tocar el piso, su cama frena y cae suavemente. Ella sonríe, abraza a su muñeca y se vuelve a dormir.
Entre una nube de polvo y tierra se descubre el edificio derrumbado y en medio de los alambres retorcidos y las vigas caídas aparece la cama y Luisa abrazando su muñeca. Al final se afirma la veracidad del relato: «Inspirado en una historia real que sucedió en el terremoto de 1985 en la ciudad de México.»
Este cortometraje marca el debut en el cine de Valentina Girón (Luisa), y cuenta con el talento de Evangelina Sosa como la mamá, Pilar Pellicer como la abuela y Martín Lasalle como el abuelo.
 
TAREA PENDIENTE DESDE 1985
El sismo de 1985 representó un parte aguas en las estrategias del gobierno en materia de desastres. Si bien en décadas anteriores se tomaron acuerdos y planes sexenales, el siniestro ocasionó fuertes presiones nacionales e internacionales, por lo que la presidencia se vio forzada a tomar medidas más estrictas.
El terremoto dejó una clara impresión social de la incapacidad e inutilidad gubernamental que dominó la arena política, pues desde las secretarías de gobierno hasta los cuerpos de policía se paralizaron ante la magnitud del desastre e intimidaron frente una sociedad espontánea, capaz de tomar las calles para ayudar.
A pesar de los mensajes del gobierno federal, pidiendo a la gente regresar a sus hogares para iniciar sus labores, la sociedad civil agrupada tuvo bajo su dominio diversas áreas. El ejército tenía la consigna de controlar la situación y prohibir la entrada de grupos y personas en las zonas colapsadas. La gente presionó para que se le dejara continuar con su labor de rescate.
Por ello, este desastre fue mucho más que una serie de respuestas innovadoras y flexibles de la población, también repercutió en la visión de la sociedad que exigía respuestas y en la actitud de los periodistas, que rompieron una regla del sistema político del país: no criticar al entonces presidente de la República, Miguel de la Madrid, quien tardó mucho en actuar.
De esta forma, el terremoto develó parte de los procesos constructores y las respuestas institucionales, que no pudieron deslindarse de la estructura organizacional política, pues exigió medidas más audaces, innovadoras y rápidas de la misma estructura de poder.
Asimismo, el desastre dejó al descubierto vicios y corrupción del gobierno, que se vio obligado a tomar medidas decisivas. Ocho meses después, en mayo de 1986, creó el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), y en 1988, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred). A pesar de ello «…la tragedia impactó hasta lo más profundo el alma de la sociedad mexicana. Los jóvenes, los gremios, los organismos empresariales, las universidades, los medios de comunicación, las asociaciones civiles y de asistencia, todo el pueblo de México nos unimos para brindar solidaridad a las víctimas y damnificados. La ayuda se dio sin condiciones; todos queríamos aportar algo. Con generosidad estuvimos dispuestos a trabajar en labores de rescate y en la organización de los apoyos que se necesitaban». (Villaseca, 1994: 1).
A pesar de estos esfuerzos, el terremoto se convirtió en un fantasma. Si bien en un principio permitió indagar, observar y experimentar –individual y colectivamente– cómo se vivió la experiencia y generó una euforia solidaria, después cayó en el olvido.
Es visible la ausencia del argumento catastrófico del terremoto de 1985 en el cine mexicano reciente, a pesar de ser un tema importante para el presente. Su olvido habla de un proceso de memoria y ocultamiento que el arte podría haber ayudado a dejar en el tintero de una manera sana y confrontadora; un olvido sin impunidad.
Sin embargo, lo que se ha creado es una supresión; una reclusión de la experiencia traumática en el inconsciente, que sigue enfermando la condición actual, pues los individuos y las colectividades conforman la memoria, y el terremoto de  1985 forma parte del mexicano actual y formará parte del futuro en la medida en que se encuentre inserto de manera permanente en la memoria.
El terremoto de 1985 seguirá siendo un tema tabú; una tarea pendiente en cuanto se encuentre soterrado, pues es una experiencia importante para los procesos democráticos  actuales y una de las formas en las que el mexicano puede construir una posmemoria y reinventar su futuro.
 
BIBLIOGRAFÍA
Caballero, Jorge (2008). «Bajo los escombros revive una tragedia que no debe olvidarse» en La Jornada, Espectáculos, 19 de septiembre de 2008.
Nettel, Guadalupe (2011). El cuerpo en que nací. Anagrama, Barcelona.
Padilla, Ignacio (2010). Arte y olvido del terremoto. Almadía, México.
Paul, Carlos (2010). «Analiza Padilla la desmemoria artística del desastre de 1985» en La Jornada, Cultura, 19 de septiembre de 2010.
Reyes, Lilia (2010). «Revive El sueño de Luisa sismo del 85» en Reforma, Espectáculos, 6 de septiembre de 2010.
Robinson, S. et. al. (1991). «Tembló otra vez… El terremoto de 1985 en México», en Alteridades. Anuario de Antropología. UAM-Iztapalapa, México.
Secretaría de Relaciones Exteriores (1985). México y la reconstrucción después de los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985. Secretaría de Relaciones Exteriores, México.
Villaseca, José (1994). Terremoto: dura lección. Fotolinse, México.
Villoro, Juan (2010). 8.8. El miedo en el espejo. Una crónica del terremoto en Chile. Almadía, México.
 
Filmografía
Guerrero, Francisco. Trágico terremoto en México (1987)
Gueilburt, Matías. Terremoto en México (2000)
Dávila Yeo, Carlos. Bajo los escombros (2005)
Dávila Yeo, Carlos. El sueño de Luisa (2010)

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