Oswaldo Reyes. El talento necesita un aval

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La figura del promotor artístico vela por los derechos del cantante o deportista para evitar que su carrera se trunque por malas negociaciones. 
 
Oswaldo Reyes ha trabajado como promotor artístico por más de 15 años. De él puede decirse que ha sabido conjugar sus habilidades para desempeñarse en la vida diaria pues es abogado de profesión pero baterista por vocación. Charló con istmo acerca de la figura del promotor artístico y cómo su presencia define el éxito o el fracaso de los artistas.
 
¿Cuáles son las funciones de un promotor artístico?
Mi labor exige velar por los siguientes tres puntos:

  1. Los derechos del artista o deportista que se represente
  2. La parte jurídica de toda la relación de negocios que lleva
  3. La parte fiscal

El último punto es sumamente importante, porque si se descuida acarrea serias consecuencias. Un artista del momento tiene grandes utilidades que se incrementan día con día, lo que deriva en mayores impuestos. Mi tarea es buscar sedes donde los impuestos no sean onerosos.
Ahora bien, en ocasiones también tienes la labor de cuidar la imagen del artista y el dinero que éste recauda en un concierto en el que participa en compañía de otros artistas o en soledad; o velar por el dinero que recauda en una sesión de fotos con fans o con el material adicional. Pondré un ejemplo: el grupo KISS tuvo una mercadotecnia muy interesante cuando estuvo de gira hace algunos años. En ella ofrecían que, por una cantidad extra al boleto, te llevaras la mitad del concierto grabado y, al salir te brindaban una liga para descargar la otra mitad. Esta idea generó ingresos que debieron estar supervisados por el promotor.
En nuestro país es difícil implementar ideas similares a esta que describí, porque tenemos un problema grave con la piratería. El promotor artístico controla la venta en el lugar del concierto, pero la comercialización externa genera ingresos que jamás llegan al cantante.
La promotoría implica cuidar todos estos aspectos, pero el más fino e importante al día de hoy, es que el dinero de quien lo contrate, sea legítimo. Me queda claro que hay empresas serias que además organizan eventos internacionales como OCESA en México o Live Nation en Estados Unidos, sin embargo hay contratantes que no están del todo legalizados. Considero que mi ventaja frente a otros promotores es que mi despacho cuenta con asesoría fiscal, de tal manera que estoy involucrado también en la parte contractual con todo lo que necesite el artista para llevar a cabo su negociación y cómo recibirá el dinero. Siempre aconsejo que no sea en efectivo.
En ocasiones los artistas sin promotor aceptan trabajar en otros países con pago en efectivo. Imaginan que es sencillo aceptar una tocada en Austin, Texas, donde les pagarán 25,000 en efectivo. El tema es complejo, cuesta trabajo traer ese dinero en el avión y pasar los filtros en las fronteras. Por lo regular se tiene que justificar por qué se carga tanto efectivo, mostrar el contrato, explicar que, a pesar de que en éste se especifica que fueron 35,000 dólares, contamos en ese momento con 25,000 porque se hicieron una serie de pagos de hotel, transporte, comidas, etcétera. Y de hecho cuentan el dinero para constatar que está lo que uno reporta.
 
Decías que una de las misiones del promotor artístico es buscar sedes donde los impuestos no sean onerosos para el artista. ¿Qué países figuran en estos términos?
Sí, tengo que conocer la reglamentación tributaria de los países donde se presenten mis artistas, porque no todos cobran igual. De hecho, ni China ni Rusia cobran impuestos al espectáculo por ejemplo. Casi toda Europa sí cobra, en Latinoamérica no hay problema pero en Estados Unidos, tienes que pagarle al municipio, al estado y debes contar con una empresa o te gravan el total que te cuesta 40% de impuestos aproximadamente. Sin embargo esto no sucede en Las Vegas, ahí es un paraíso fiscal porque la tasa de impuesto es aproximadamente de 4%. Diversos artistas mexicanos prefieren tributar allá, pagando ese porcentaje a Nevada, que 35% a México. Muchas bandas de todo el mundo se están estableciendo en Estados Unidos porque tienen Nevada, Delaware, North Carolina y dos lugares más donde no pagas impuestos.
 
Además del promotor artístico, ¿qué otra figura necesita el artista para impulsar su carrera?
Todo artista debe tener un equipo conformado por un promotor, un manager, un abogado de confianza y un asesor fiscal.
De igual forma, necesita disciplina, confiar en su equipo de trabajo y trabajar mucho en su talento. Desgraciadamente hoy tenemos talento muy pobre y por eso los artistas que dan un poquito más de esfuerzo logran triunfar. Todos buscamos calidad en lo que pagas por un boleto.
La mayoría de los artistas sin equipo termina perdiéndose porque deciden hacer caso a quien no debieran, o se cansan de la disciplina. De cualquier modo mi experiencia personal avala se pueden manejar negocios muy interesantes encauzando y haciendo crecer a la gente que tiene el talento.
 
¿Cómo se fiscalizan los ingresos en México?
En la ley antilavado se menciona que uno de los supuestos de actividad vulnerable son los espectáculos públicos, por la cantidad de dinero que se mueve alrededor. Como promotor artístico tienes que estar al tanto de estos temas y adelantarte a las situaciones, por eso aconsejo a los artistas ser muy escrupulosos con el proceso de cobro.
En nuestro país se busca implementar un sistema muy parecido al del FBI. Actualmente contamos con un Sistema de Administración Tributario pero habrá ya un órgano superior que fiscalizará directamente, será un sistema de inteligencia muy útil en los próximos años.
Para los promotores lo principal es no aceptar efectivo, pero si no existe opción, habrá que tener muy protegidos los documentos contractuales para justificar de dónde vino el dinero, forzosamente depósito a banco para que cuadren las cantidades, lo mismo que los gastos respecto de la contabilidad y la parte fiscal.
 
¿Cuál es la función del promotor artístico en la firma de contratos?
Nosotros suplimos la indisciplina de algunos artistas que olvidan pagar impuestos, por ejemplo. La idea es que tengan todos sus papeles en regla. Hace 30 años, el artista firmaba cualquier cosa con tal de conseguir fama y fortuna, hemos sabido de artistas que viven quejándose de esta situación. Uno de ellos era Prince, que incluso escribió una canción sobre la esclavitud de la música. Tenía un contrato terrible. Estuvo consultando con varias firmas de abogados de derechos de autor e imagen en Estados Unidos y todos dijeron que debió fijarse bien antes de firmar. Otro fue George Michael, quien estuvo muchos años amarrado con la disquera porque firmó un contrato inadecuado, que no le permitía hacer nada. Muchas veces el problema es que los artistas no ven el conjunto, si alguien llega a ofrecerles contratos importantes, se concentran sólo en el monto.
Con la figura del promotor se busca que sólo se firmen acuerdos provechosos para ambas partes, porque las letras pequeñas cuentan mucho y cualquier cosa que se le escape puede ser una fuga de utilidades tanto para el artista como para su representado e incluso llevar el proyecto a la ruina. Si eres deportista, por ejemplo, el contrato puede establecer que si vas a salir del hotel a tu camioneta y aunque sólo camines 50 metros, debes usar una camiseta con la marca que te patrocina. Si se te olvida, te sancionan. Por eso vemos en la calle al tenista o futbolista y trae puesta la marca. Estos son los llamados «contratos 360», donde venden su imagen, sus conciertos… y su vida.
La industria del entretenimiento es muy interesante cuando la vives desde adentro, a pesar de que también se han dado historias desgarradoras de artistas que tenían todo para ser número uno y los opacaron porque no tuvieron una buena negociación, porque su contrato fue terrible y su disquera tenía en ese momento otras prioridades. Es difícil.
 
¿Cómo ha cambiado la industria con plataformas como YouTube o Spotify y qué tan relevante es la innovación en el espectáculo?
Hoy en día necesitas grabar un par de sencillos que peguen y después armas una pequeña gira para saber cómo responde el mercado. Si la respuesta es adecuada, sales con un disco. El que inició con este modelo fue Pitbull, quien sólo grababa sencillos y de pronto lo escuchabas en siete duetos distintos a la vez.
Por otro lado, la industria ha cambiado por completo con las plataformas que mencionas, hoy en día cualquiera graba un concierto y lo sube a YouTube. De esta forma, al menos cuando surgieron, los managers, promotores y disqueras perdimos el control de la imagen del artista.
Hoy por hoy el mundo del espectáculo está basado en los conciertos. Los sencillos son uno o dos, lo colocas en las redes sociales, realizas una buena promoción en YouTube, otra buena en Instagram, y es todo. No es como antes que había que ir a la disquera, que te pusieran en el radio, a la que hoy ya nadie escucha.
También Spotify ha cambiado las tendencias, pero hay que decir que entró tarde al mercado, tendrían que darle otra mecánica de entretenimiento a la gente, pero desde luego vale la pena tenerlo en cuenta. Si hacen un buen cambio en su rol de negocios, puede ser muy interesante, por ejemplo, que pagaras una cuenta y tuvieras derecho a conciertos privados. El día que hagan esto, darán un salto enorme.
Si no le das algo extra al público a cada concierto al que asista, no lo atrapas. Debes tener diferentes interpretaciones. Tienes que ser muy innovador.
 
¿Qué momento de tu vida determinó que te convirtieras en promotor artístico?
Son varios, pero me marcó conocer a Queen y a U2. Al año siguiente del concierto del Live Aid en 1985, Queen sacó el disco A Kind of Magic y después hicieron la gira final donde se despidieron como banda en vivo y les di seguimiento, así descubrí que me gustaba la relación con el show y el espectáculo. U2 me impactó con el disco Rattle and Hum me impactó muchísimo y Tears for Fears cuando los escuché en vivo tocando Everybody wants to rule the world. Fueron los momentos en que pensé que definitivamente tenía que hacer algo.
Personalmente toco la batería. He grabado discos y sé lo que es estar metido en un estudio y que te regañe el ingeniero de audio porque te saliste de ritmo y lo ejecutaste mal y tienes que repetirlo. Y a pesar de que hayas tocado ya la canción veinte veces, tienes que volver a hacerlo.
Los momentos en que me percaté que estaba en el camino correcto fue cuando vi a Queen en vivo en 2008 con Paul Rogers y después en 2012 en los conciertos que ofrecieron en Inglaterra con Adam Lambert, en un teatro donde arrancó Queen en los setentas.
La pasión, lo que te hace vibrar es una cosa, el trabajo otra, me encanta lo que hago, pero hay que contar con la parte que da el equilibrio a la persona.

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