El activismo se ha puesto de moda, sin embargo, los líderes empresariales socialmente responsables han tenido esa misión desde el primer minuto de su cargo.

 

EL BOOM DEL CEO ACTIVISM
Aaron Chatterji (profesor de Estrategia en Fuqua School of Business) y Michael W. Toffel (profesor de Environmental Management en Harvard Business School) publicaron a principios de 2019 un artículo académico denominado: «Assessing the Impact of CEO Activism». En él, los autores apelaban a la necesidad de que los líderes corporativos abordaran cuestiones de política social y ambiental, aunque estas no se relacionaran directamente con el core de su negocio. Los temas sugeridos eran cuestiones ambientales, de inclusión y raciales. Mediante un par de ejemplos, los profesores concluyen que, inevitablemente, las acciones del CEO influyen en las políticas gubernamentales y las actitudes de los consumidores sobre la compañía que dirigen.

Esta línea también se desarrolla en el estudio CEO Activism in 2017 de Weber Shandwick y KRC Research, en el que se menciona que 33% de los consumidores en el Reino Unido, 65% en India, 45% en Italia y 61% en Brasil consideran que las empresas necesitan adoptar una postura sobre temas controvertidos, pues sus CEO ocupan una posición capaz de incidir en la opinión pública e incluso en el gobierno de su comunidad. De igual forma, se revela que la exigencia no es exclusiva de los consumidores, también de los colaboradores de las empresas. Por ejemplo, apunta que la generación millennial, defensora de diversos temas sociales, se enfoca en esta propuesta de valor antes de optar por un empleo. En el mencionado estudio de Weber Shandwick y KRC Research, se encontró que más de 40% de los millennials encuestados serían más leales laboralmente en una compañía donde el CEO tomara una posición sobre un problema social.
Todo ello ha venido a plantear y replantear una reflexión en cuanto a la responsabilidad social no solo de la empresa como organización sino de la responsabilidad social, pública, enconómica y hasta política de esos liderazgos que marcan el rumbo en las organizaciones. ¿Deben o no deben los CEO tener mayor protagonismo en el entorno, más allá de sus responsabilidades corporativas?

 

más de 40% de
los millennials
encuestados
serían más leales
laboralmente en
una compañía
donde el CEO
tomara una
posición sobre un
problema social.

 

RELACIÓN EMPRESA, EMPRESARIO Y SOCIEDAD
Hace más de setenta años el filósofo de la ciencia Karl Popper publicó un libro, hoy clásico, titulado La sociedad abierta y sus enemigos. Donde muy en síntesis hablaba sobre la libertad y la responsabilidad en un sistema social en el cual se fortalece la democracia y sobre un sistema abierto proclive al desarrollo de la persona en sociedad.
Hoy, ese afortunado título nos da la pauta para hablar de lo que la nueva empresa y los nuevos liderazgos deberían contribuir en el desarrollo político y social de cualquier sociedad basada en principios democráticos y de libre mercado. El liberal Popper sentenciaba que los sistemas abiertos por definición son perfectibles. El sistema científico y humano, respectivamente, están abiertos y, por tanto, son propicios a la mejora constante. Solo sistemas cerrados son dogmáticos y autoritarios, y por tanto cerrados; no contribuyen a la innovación o a la mejora constante de la sociedad, en este caso, de la empresa y de su entorno, e igualmente lo podríamos extrapolar a cualquier sistema político.
Toda empresa abierta se caracteriza porque contempla tres tipos de responsabilidades desde la perspectiva de la generación de valor social:

  1. Responsabilidad técnica. Consiste en cuidar todo lo que desde adentro se hace en la empresa y que le da su propia vocación; por ejemplo, todos aquellos productos o servicios que se generan, como el tipo de procesos que se configuran: desarrollo tecnológico, calidad, capacitación, empleo, salarios, impuestos, etcétera. La responsabilidad técnica tiene que ver, además del tipo de productos que se ofrecen al mercado, en el cómo se manda y cómo se consiguen las cosas, desde la eficiencia o desde la eficacia.
  2. Responsabilidad humana. Apuntala los valores e intereses de las personas desde una perspectiva integral y antropológica del ser humano, y en ese sentido algo fundamental para su cumplimiento es generar procesos, ya no solo de capacitación, sino de educación para la distribución justa de la información y la participación de la persona.
  3. Responsabilidad con el entorno. Es la más difundida y explotada mediáticamente, porque ha sido asociada en general al concepto de Responsabilidad Social Empresarial. Se refiere al impacto de la empresa hacia la comunidad y cómo esta puede ayudar a que ese entorno sea más sustentable.

La generación de valor social contempla los tres elementos mencionados, pero desde la perspectiva de que la empresa es un sistema abierto, que está llamado a participar en la sociedad y en la política de cualquier sistema nacional. Como tal, la empresa es, y puede ser, un gran centro de fortalecimiento de una cultura abierta y democrática que efectivamente puede impactar en todo el sistema político y social de cualquier país. Sin duda, vista así la empresa, podría enfrentarse eventualmente a infinidad de enemigos para conseguir esos propósitos. Sin embargo, hoy en día, una empresa que quiera competir en su nicho y a nivel internacional debe dejar atrás esa cultura autoritaria y cerrada y enfrentarse a ese entorno que hoy por hoy se ha configurado.
Análogamente, los liderazgos, en específico los CEO, la dirección general y todo aquel mando en cualquier organización, ya sea lucrativa, pública o social, son sistemas igualmente abiertos y por tanto son suscepetibles de perfeccionamiento y mejora. Aquel gobernante de lo público o de lo privado que pretenda ejercer desde el autoritarismo generará costos de transacción corportativamente y en el entorno sacrificando lo social desde la empresa y lanzando a su comunidad esos costos con un impacto negativo hacia la sociedad.

En ese sentido, si esos liderazgos son socialmente responsables y pretenden generar valor social, para las organizaciones como lo hemos señalado, deberían contemplar los mismos tres aspectos: su responsabilidad técnica (¿tiene capacidades técnicas, científicas y de management para liderar esa empresa?), su responsabilidad humana (¿cuál es su filosofía de vida propia y organizacional y cuáles son los valores propios que vive y transmite en la empresa?) y, por supuesto, su responsabilidad con el entorno (¿debería tener mayor presencia su persona como CEO o como ciudadano en la comunidad porque los problemas o retos de la sociedad también son del empresario de la empresa y no solo de algo llamado sociedad?).

 

inevitablemente,
las acciones
del CEO influyen
en las políticas
gubernamentales
y las actitudes de
los consumidores
sobre la compañía
que dirigen.

 

En realidad, hablar o proponer que el CEO hoy en día debe ser mucho más protagónico desde su posición de liderazgo corportativo hacia el entorno, representa un falso dilema. Sería muy extraño encontrar una empresa socialmente responsable (que genere valor social en nuestros términos) y que sus liderazgos no sean socialmente responsables y por tanto no tengan ese activismo que los autores citados nos recuerdan. La realidad es que el activismo (no de hoy, sino de siempre) es de los empresarios y CEO socialmente responsables, es connatural a su propio liderazgo. Por tanto, el llamado boom del CEO activism plantea algo más parecido a algo temporal o de moda que de fondo. Normalmente una empresa socialmente responsable es dirigida por liderazgos socialmente responsables y por tanto esa condición los obliga a tener ese activismo en el entorno en termas controvertidos o no y que son relevantes no solo para su organización sino para la sociedad en general.

Si partimos de la perspectiva social, la empresa en realidad es una comunidad de personas libres y responsables que se asocian para llevar a cabo una obra común en la que trabajan, aportan recursos, se desarrollan y contribuyen a la producción de bienes y servicios. En palabras del papa Juan Pablo II «la empresa no puede considerarse únicamente como una ‘sociedad de capitales’; es, al mismo tiempo, una ‘sociedad de personas’». Y por ello es en realidad una comunidad social con finalidades económicas, pero fundamentalmente es sociedad.

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