Como en toda crisis, y la del COVID-19 no es una excepción, se perciben los primeros efectos de una profunda transformación en muchos modelos de negocio, los cuales están experimentando una rápida evolución en su metodología de trabajo y también en su relación con clientes, proveedores y colaboradores.

Por si esto fuera poco, a los elementos habituales de cualquier crisis, hay que sumarle las singularidades propias de esta pandemia, que se diferencia de otras contingencias por dejar al descubierto la falta de previsión y planeación de muchos países, -verdadero origen de los miles de fallecimientos a nivel mundial-, lo que se refleja en la tardía reacción, y sorprendente improvisación, de algunas autoridades públicas, forzando a la población a periodos de confinamiento y cuarentena que, además de limitar nuestra libertad individual, también está debilitando nuestra economía, poniendo en riesgo a parte del tejido productivo de nuestro país, con especial incidencia en los negocios orientados al sector servicios y también a los que tienen una elevada dependencia de los procesos de importación y exportación.

Estamos ante una tormenta perfecta en la que todo se ha alineado para provocar un escenario de incertidumbre financiera que puede encontrar en los colaboradores y pequeños emprendedores a sus eslabones más débiles.

Sucede, sin embargo, que toda crisis abre también nuevas y vibrantes oportunidades, empezando por el extraordinario aprendizaje que podemos adquirir sobre nuestro negocio y sobre nosotros mismos, para continuar después por la capacidad de resiliencia que pueden desarrollar las personas clave de nuestra organización, concluyendo por el tiempo que tendrán los propietarios y accionistas para repensar su estrategia empresarial. Si somos capaces de aunar esas tres condiciones nos hallaremos ante una magnífica ocasión para robustecer nuestra empresa con cimientos más sólidos y, a su vez, para perfeccionar nuestras actitudes como líderes.

Hay emprendedores y directores que han entendido que estamos enfrentando un desafío intelectual y profesional de primer orden, el cual solo resolveremos si nos movemos de nuestra zona de confort, aceptando, con determinación y audacia, que no hubo, ni habrá, mejor coyuntura para arriesgar. Lo contrario es quedarnos atrás, es volver a un pasado que ya no existe, implementando medidas de corto recorrido como reducir la inversión en publicidad cuando más horas disponibles se tienen para verla, cancelar los servicios de asesoría fiscal y contable para ahorrar unos pesos que saldrán muy caros en el futuro, desprenderse de consultores, y suspender consejos consultivos, en el momento en el que es más delicado tomar decisiones o contratar compulsivamente a más vendedores para ofertar un sinfín de promociones a prospectos poco rentables, todo ello bajo el absurdo supuesto de que el mundo no ha cambiado, y tampoco cambiará, resignándonos a sucumbir ante un miedo estéril y paralizante.

 

estamos ante una tormenta
perfecta en la que todo se ha
alineado para provocar un
escenario de incertidumbre
financiera que puede encontrar
en los colaboradores y pequeños emprendedores a sus
eslabones más débiles.

 

Son muchos los casos de emprendedores y directivos que están visionando esta crisis como una palanca para innovar su modelo de negocio, siendo así que, si no lo impide una saturación o mal funcionamiento de internet, tenemos múltiples ejemplos que nos muestran el camino a seguir en siete direcciones, todas ambiciosas y replicables, enfocadas a mejorar nuestra productividad, comunicación, capacitación, contenidos, digitalización, movilidad y compromiso social.

  • Productividad. La necesidad de trabajar remotamente, –home office-, de la mayoría de negocios de oficina ha multiplicado la demanda y usabilidad de plataformas tecnológicas como Microsoft To-Do, Trello, Office Online, Dropbox o Google Drive, que permiten administrar tareas y documentos, sincronizando archivos con diversos dispositivos, para dar lugar a la gestación de equipos de trabajo más formales y productivos que orientan su labor hacia la colaboración permanente y el seguimiento de pendientes.
  • Comunicación y capacitación. La dificultad presencial para tener reuniones directivas, visitas a clientes y sesiones formativas, ha impulsado a distintas instituciones y empresas, a voltear hacia canales virtuales como Zoom, GoToWebinar, Skype, Whatsapp, Google Met o Tempo App para establecer un diálogo fluido con sus grupos de interés, velando por preservar el contacto y, en la medida de lo posible, también el calendario de citas y entrenamientos. En esta misma línea, muchas compañías, universidades y asociaciones están aprovechando el momento para reinventar sus juntas y capacitaciones, diseñando una comunicación a la medida con sus distribuidores, estudiantes, asociados o clientes con el objetivo de generar rutinas que les permitan compartir hallazgos y conocimientos.
  • Contenidos. El temor de la población a los riesgos de salud que entraña esta pandemia ha impulsado la creatividad de grandes aseguradoras, hospitales privados, laboratorios médicos y corredurías de seguros y fianzas, quienes han diseñado una batería de actividades de mercadotecnia y publicidad como páginas web, videos, infografías, newsletters, podcasts, call centers y estrategias de alto impacto en redes sociales, valiéndose del apoyo de agencias y de aplicaciones como Canva, Mailchimp, Hootsuite o Spotify no teniendo reparos en invertir en anuncios con Google, Facebook o Instagram con el propósito de divulgar sus propuestas y recomendaciones.
  • Digitalización y movilidad. La petición gubernamental de evitar la confluencia de personas está afectando seriamente a restaurantes y tiendas cuyos establecimientos físicos han tenido que cerrar o permanecen abiertos con escaso tráfico de clientes. Esta coyuntura es un llamado a reinventarse, eliminando gastos superfluos y apostando por la comercialización electrónica y el desarrollo de una logística que permita la entrega a domicilio. En el aspecto de la venta digital no pueden estar mejor posicionadas firmas y proveedores como Shopify, Amazon o Mercado Libre, mientras que en la distribución han tomado fuerza empresas de mensajería como DHL, UPS o Estafeta, además de las pujantes Uber Eats, DiDi Foods o Rappi.
  • Compromiso social. Los problemas de flujos de efectivo en algunas empresas, castigadas por el descenso de la producción y la caída de los ingresos, no ha sido indiferente para la mayoría de las entidades financieras, las cuales con Banorte, Banamex, BBVA y HSBC a la cabeza han creado programas de apoyo a las pequeñas y medianas empresas para que éstas puedan diferir determinados pagos que les permitan disponer de más liquidez. A esta iniciativa se han sumado también algunas entidades federativas como el estado de Jalisco o el de Nuevo León que no han dudado ­en poner recursos a disposición de los empresarios para mitigar el impacto de esta enfermedad apenas se estaba iniciando. Nos hallamos inmersos en una época propicia para elaborar campañas solidarias y de responsabilidad social que nos recuerden el espíritu heroico y generoso de muchas mexicanas y mexicanos.

 

enfrentamos un
desafío intelectual y
profesional de primer orden,
que solo resolveremos si nos
movemos de nuestra
zona de confort, aceptando,
con determinación y audacia,
que no hubo, ni habrá,
mejor coyuntura para arriesgar.

 

Las empresas citadas anteriormente están llamadas a convertirse en algunas de las grandes triunfadoras de las crisis del COVID-19, pudiendo ser excelentes aliadas para que nuestro negocio resista y se fortalezca. No ignoremos el inmenso reto que se cierne sobre nosotros, nuestras empresas también pueden ser ganadoras si aprovechan esta contingencia para forjar una nueva identidad más eficiente, rentable y sustentable.

En nosotros está la gran oportunidad de arriesgar para ganar.

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