El nuevo empresario en México

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Cuando un mismo autor publica casi simultáneamente dos o más libros, es difícil que evite las repeticiones, o bien a duras penas logra en su universo de lectores un nivel equiparable de atención e impacto. No es el caso del autor que ahora nos ocupa, quien a unos meses apenas de la publicación de su octavo libro vuelve a captar el interés de estudiosos y practicantes de la dirección de empresas, con su más reciente título: El nuevo empresario en México.
Este libro es un decisivo paso hacia adelante en la contribución que Carlos Llano está aportando a la ciencia y práctica de la dirección de empresas, tanto en nuestras latitudes, como en otros países de habla hispana. Esa aportación discurre sobre todo en la línea de conjuntar la evidencia empírica aportada por los hechos ¾ en que la acción directiva se concreta¾ , con el rigor y la profundidad de la argumentación filosófica, proporcionando así los fundamentos no sólo para una original teoría del management, sino también para una práctica de la dirección con alcances que trasciendan el ámbito puramente económico al que, con frecuencia, aquella se confina a sí misma.
En clara continuidad con los planteamientos de su obra inmediata anterior, el último libro de Carlos Llano no se limita a presentar una descripción meramente indicativa de las características del nuevo empresario, antes bien, su pretensión es clara y explícitamente la de referirse a este último en términos intencionadamente imperativos. Ciertamente, esta referencia no podría presentarse de otra manera, dado que el autor ha reconocido y subrayado en repetidas ocasiones ¾ podría decirse que es una constante en toda su enseñanza oral y en su obra escrita¾ que la cabal comprensión de lo que es el empresario y su actuar específico remite ineludiblemente a un genuino concepto del hombre. Y es propio de la definición del hombre presentarse connotando siempre el deber ser.
El libro inicia presentando el panorama de la problemática crítica futura, seguido del diagnóstico de la situación presente para proponer, en la que podría ser considerada la parte medular de esta obra, las transformaciones que ha de sufrir el empresario para dar respuesta a los cambios que ese panorama inicial está demandando.

Los retos del management

El futuro de la empresa es dibujado, a grandes trazos, por fenómenos inherentes al comportamiento de sus dirigentes, que el autor puntualiza esquemáticamente en diez tendencias. Estas diez cuestiones críticas de la empresa contemporánea son presentadas como motivos de cambio en los modos usuales de dirigir. Por eso, el énfasis del libro no está tanto en la descripción de esas tendencias como en las profundas transformaciones antropológicas que exigen de los dirigentes de empresa. Así, por ejemplo, al hablar de la administración del conocimiento como uno de los puntos neurálgicos del management contemporáneo, Carlos Llano destaca la exigencia de una capacidad pocas veces apuntada por quienes han tratado de la incorporación tecnológica: la capacidad de asimilación de la técnica ¾ no sólo creación¾ como una nueva cualidad para el empresario del futuro, que conlleva transformaciones de orden cultural tan importantes al menos como las que están implicadas en los cambios de valores. Es el propio autor quien, al término de este primer capítulo del libro, nos ofrece el denominador común de los cambios antropológicos necesarios para responder a estas diez tendencias: se trata, no de cambios estructurales, que metafóricamente pueden ser descritos como modificaciones a la anatomía de las organizaciones, sino de cambios psicológicos y éticos.
Diagnóstico de la situación presente
La siguiente parte del libro comienza con el capítulo destinado al diagnóstico del estilo de mando y del estilo de estrategia del ejecutivo mexicano. Este estudio parte de las propuestas de dos teóricos de la organización que pueden ser considerados clásicos. El primero de ellos, Douglas McGregor, describe dos tipos extremos de jefatura con base en dos estilos de mando contrapuestos; el segundo, Howard Stevenson, parte de establecer los externos posibles en el estilo de estrategia para distinguir cuatro tipos de empresarios. Con ambas propuestas, Carlos Llano ofrece el resultado de sendos cuestionarios elaborados a partir de estas ideas, que ha ido aplicando a más de tres mil personas, todas ellas directores generales o directores divisionales con quienes ha estado en contacto a través de su labor docente en el IPADE. El resultado de este estudio es un revelador perfil del ejecutivo mexicano actual, que en sí mismo constituye un aporte de primer orden en la literatura sobre negocios de nuestro país. De este diagnóstico, el libro pasa a ofrecernos una comparación entre la manera de ser del empresario mexicano y la del norteamericano. Este análisis representa una singular oportunidad para reflexionar sobre la propia tipología directiva, en un contexto nacional e internacional que por primera vez es ofrecido por un autor con tanto respaldo a la vez académico y práctico.
Cambios decisivos para el porvenir
El capítulo que da inicio a la parte más propositiva del libro se intitula significativamente “El arte de involucrarse a sí mismo”. Se trata de un amplio y profundo comentario a la obra de Peter C. Reid, Well made in America, que analiza las vicisitudes de la compañía Harley Davidson. La oportunidad y pertinencia de este comentario, en una obra que trata del empresario mexicano, se manifiesta desde las primeras páginas del capítulo, pues se trata de una empresa cuyo comportamiento atravesó por etapas analogables a las que se ha visto forzado a transitar el empresario en nuestro país, especialmente en la actual coyuntura de crisis. Carlos Llano destaca la importancia que para esta empresa ¾ fabricante de las motocicletas más conocidas del mundo¾ tuvo el involucrar los factores internos y externos de la empresa, en contraposición a su anterior cultura de relación negociadora y puntiforme con clientes, proveedores, distribuidores, sindicatos e incluso con los propios trabajadores, gerentes y directivos. Las páginas de este apartado transcurren con la fluidez y el interés de una bien dirigida sesión de discusión de un caso, arte en el que el autor es también reconocido experto. Diversas inferencias van sorprendiendo al lector, conforme se transita de la descripción de hechos a las lecciones que se desprenden de ellos. Basta una muestra clara: el libro narra en un punto el dilema en que se encontró la dirección de Harley, al tener que mostrar sus estados financieros a los distribuidores de la empresa, ya que estos habían reaccionado con acritud a su recorte del margen de utilidad decidido por la empresa; el resultado de la medida condujo a que los distribuidores pasaran a ser verdaderos socios de la empresa, comenzando con participar en la información, para terminar invirtiendo su propio dinero en las tiendas.
Tres perspectivas del nuevo modelo de empresa son el punto de partida de las consideraciones del siguiente capítulo: la sociológica de John Naisbitt, la filosófica de Alejandro Llano y la gerencial de Charles Garfield, todas ellas coincidentes en el punto en el que juzgan que ahora, más que nunca, lo distintivo del acto de dirigir es el manejo de la complejidad. Son a las dos últimas perspectivas a las que Carlos Llano presta más atención: a la de Garfield porque en ella encuentra bien descrita la serie de fenómenos que constituyen esa complejidad, y a la de Alejandro Llano porque este último le ofrece, en su formulación del principio de complementariedad, una alternativa a las paradojas con que Garfield expresa esa situación compleja. El aporte original de Carlos Llano consiste en arbitrar el concepto, de honda raigambre aristotélica, de naturaleza humana, para dar solución adecuada a la exigencia de asimilar las diferencias humanas que están en la base de la complejidad, sin salirse, de una parte, por la puerta falsa de la homogeneidad igualitaria ni consagrar, por la otra, el conflicto entre las partes divergentes de una organización, bajo el pretexto superficial de estar fomentando así la cultura de competencia.
Cambio de carácter, piedra de toque del nuevo empresario
El libro llega así a lo que puede ser considerado como núcleo esencial de sus propuestas: el nuevo empresario ha de serlo en la medida en que sea capaz de cambiar su propia forma de jefatura y su actitud al interior de la empresa, tarea que se presenta especialmente difícil para quien ha logrado, hasta el momento, una manera de gobernar con éxito y se ha visto recompensado por ello con una posición de encumbramiento. Es precisamente esto lo que hace difícil el cambio, pues quien ha alcanzado el éxito suele instalarse en él, aducirlo como argumento a favor de su actual modus operandi, y usarlo como escudo frente a cualesquiera motivos de cambio.
Esta especie de endurecimiento provocado por el éxito es campo de cultivo para los gérmenes de una enfermedad a la que el autor dedica el siguiente capítulo y sobre la que nos hace una clara advertencia. Se trata de la enfermedad del encumbramiento, esa postura decadente del director general que, a fuerza de sobresalir excesivamente dentro de la organización, acaba por quedar fuera de ella. Llano descubre el encumbramiento a través de varios síntomas, y hace notar que buena parte del origen de este mal radica en esa forma de distinguir la dirección general con base en signos externos de éxito. El diagnóstico de esta enfermedad es ocasión para que el autor analice las funciones a las que el director debe consagrar su dedicación, mismas que por su propia índole alejan a quien las asume de esa decadencia, por su hondo sentido humano y su benéfico efecto en toda la organización.
El valor antropológico de la función directiva se traduce en rasgos de liderazgo que, siguiendo una propuesta original, se presentan en el capítulo siete del libro. Lo original de esta propuesta estriba, por una parte, en los antecedentes de su autor, William Pagonis, general que tuvo a su cargo la dirección de la Guerra del Golfo Pérsico; y de otra, en que se trata de una versión diversa del liderazgo, tal como se entiende usualmente. Carlos Llano denomina a esta distinta manera de ser líder con el término de liderazgo anamórfico, y pasa revista a los rasgos esenciales con que los describe Pagonis para posteriormente profundizar en el más importante de ellos, la empatía, valiéndose nuevamente de referencias filosóficas que remiten a Karl Jaspers y Edith Stein, y de las dos ideas de Stephen Covey, teórico de la organización muy de moda.
En un aparente excursus, el siguiente capítulo se dedica al tema de la Universidad, su misión y el perfil humano que demanda para el futuro. La inserción de este apartado viene justificada en la introducción del libro, donde su autor señala que es en esta institución donde la nueva forma de ser empresario debería cultivarse; una prueba indirecta de ello es que, precisamente como en la Universidad en general no se ha dado esta tarea, las empresas se han visto en la necesidad de suplir con apremio esa función. El capítulo ocho puede ser interpretado así como una propuesta sobre las redes que deben tenderse entre la Universidad y la empresa para que la complementariedad, tan necesaria entre ambas, lo logre.
Por último, si la empresa se define como una institución creadora de riqueza, es preciso determinar qué se entiende por esta y cómo es el empresario que la crea.
La cuestión no carece de interés en un libro dedicado a estudiar cómo ha de ser el nuevo empresario en México, sobre todo atendiendo a las particulares demandas que las actuales circunstancias de nuestro país plantean como un reto de primer orden a todo empresario merecedor de este título. Es aleccionador leer en un libro sobre management que “no todo incremento de riqueza es creación de ella”, pues constituye un fuerte llamado de atención sobre la necesidad de replantear el verdadero desarrollo de una sociedad. Al respecto, Llano dice con claridad que el desarrollo de nuestro país “no depende de las políticas que se tomen a nivel macroeconómico” sino sobre todo de “un ambiente cultural en el que se suscite el espíritu creativo en todos los ciudadanos”.
El buen hacer de la empresa y el ser del empresario
Consecuente con la línea general de su pensamiento, Carlos Llano se aleja en El nuevo empresario… de los planteamientos simplistas que tienden a ofrecer un formulario para alcanzar el éxito. Lo cual no quiere decir que este libro se limite a ser una reflexión puramente intelectual sin alcances en la práctica. Habría que decir, más bien, que esta obra se sitúa entre las contribuciones que consiguen la difícil síntesis entre la profundidad y la práctica, a igual distancia del pragmatismo carente de principios y de un abstraccionismo estéril incapaz de conectar con la realidad.
Por eso se puede decir que, entre las lecciones que se pueden extraer de este libro, está la de que para ser más prácticos hay que ser más profundos. Así lo dan a entender afirmaciones como la de que “los grandes cambios sociológicos lo son también antropológicos y las señeras transformaciones antropológicas no son las de descubrir un hombre nuevo, sino la de ser plenamente el hombre que ya somos”, o esa otra que repara en que el nuevo empresario “no debería ser tan nuevo”, pues su cambio “no reside en una novedad gerencial sino en una profunda mejora de su persona”.

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