Charles Perrault: 300 años de literatura maravillosa

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Cerremos los ojos e imaginémonos por un momento sumergidos de lleno en el ajetreo de la corte de Francia en el siglo XVII. Época de Luis XIV, el llamado Rey Sol. Un monarca que decidió concentrar en sí todo el poder que logra crear a su alrededor una corte, pero también atraer a colaboradores e intelectuales. En medio de este mare mágnum, vive un cortesano, intelectual y escritor. De conversación brillante e inteligencia preclara, Charles Perrault era amado, adulado… y escuchado.
Cuenta la leyenda, que su hijo se dio a la extraña labor de recopilar cuentos populares. Sí, los mismos que se contaban en las plazas y en las cocinas del palacio real; los que viajaban en boca de buhoneros y juglares, los que se contaban en almanaques, los que eran atesorados por las abuelas; los cuentos que escuchaban chicos y grandes al amor de la lumbre, a la hora de irse a dormir. Estas historias universales, inmutables, amadas y repetidas hasta el cansancio. Y digo leyenda, porque no se sabe a ciencia cierta si fue trabajo del hijo o del padre. Lo único cierto fue el resultado.
De no haber aparecido Charles Perrault otro hubiera sido su destino, ya que los cuentos folklóricos “eran considerados por la clase dominante como cuentos de vulgares cocineras y nodrizas, cuentos menospreciables por cuanto intervenían en ella toda clase de personajes populares y no siempre las virtudes correspondían a los poderosos, los cuales a menudo aparecían ridiculizados y ejemplarmente castigados”, según cuenta la escritora e investigadora cubana Alga Marina Alzugaray.
Es entonces, gracias a Perrault, que el cuento folklórico abandona su marco tradicionalmente oral, para conformar un libro de cuentos: Historias o cuentos de tiempos pasados con moraleja, aparece en 1697. Perrault escogió este título para situarse claramente en la corriente de la tradición, la narrativa (habla de cuentos) y la didáctica (moraleja). Tomando cuantiosos elementos de la tradición oral nacional e internacional, logró hacer verdaderas creaciones literarias.
Si fue trabajo del padre o del hijo no importa ya (aunque esta versión es desmentida enérgicamente por Bruno Bettelheim en su Psicoanálisis de los cuentos de hadas). Lo que cuenta es este libro. 1697 fue un gran año.

Había una vez un tesoro

Los invito a viajar en el túnel del tiempo, a remontarnos tres siglos atrás. En 1697 aparecen en este libro tres de los relatos infantiles juveniles más populares: Cenicienta, La bella durmiente y Caperucita roja (relatos que pueden leerse en diferentes versiones recopiladas por los hermanos Grimm… pero ése es ya otro cuento). Viajan con ellos El gato con botas, Riquete el del copete, Piel de asno, Las hadas, Barba azul…
Pero volviendo a lo nuestro: Francia tenía un gran pasado, una tradición viva que era la tradición popular. Aún no se sabe a ciencia cierta si Perrault reescribe estos cuentos pensando en los niños o en los adultos menos cultos. Existe la duda. Pero, ¿importa demasiado, cuando hoy son patrimonio cultural de la infancia mundial? Pensados como material de lectura oral en los salones de la burguesía, poseen una gran riqueza de lenguaje, gran sentido de la poesía y profundo conocimiento del lenguaje infantil.
Sus cuentos son relatos maravillosos. No se sitúan ni en un tiempo ni en un espacio determinado. Comienzan con el mítico había una vez y su modo de narración se asemeja bastante al del relato oral, bien sea porque se repetía un esquema o expresiones y palabras.
Pero hay también elementos sobrenaturales mezclados con la cotidianeidad. Resabios de una época en que los dioses y las criaturas maravillosas convivían con los humanos y que ayudaban a los hombres a resolver sus problemas.
Dijo de ellos Perrault en el manuscrito: “Todos ellos encierran una moraleja muy sensata, que se descubre más o menos según el grado de penetración de quienes los leen y los escuchan”. Acusando así la doble finalidad de los mismos: instruir y divertir. Las mismas que se le otorgan – no sin recurrentes polémicas- a toda la literatura para niños y jóvenes: ¿es conveniente mostrar las ventajas de ser honrado, paciente, avisado, laborioso, obediente, así como la desgracia que se cierne sobre aquellos que no lo son?
No soy quién para dar la razón a una u otra corriente. Lo importante de este cuento es que hace trescientos años, un hombre llevó hasta la luz oficial de la literatura escrita, una parte misma de nuestra memoria. Trescientos años: 1697-1997. Sólo tres siglos de vida para la más joven e importante de nuestras literaturas…

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