Medios de comunicación: derechos y responsabilidades

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«¿Qué responsabilidad tiene un periodista y un periódico ante su público lector o ante la historia?», preguntaba Solzhenitzin en un discurso pronunciado en la Universidad de Harvard, hace casi veinte años. Para nuestro país sigue siendo un importante cuestionamiento. En una sociedad donde sus miembros asumen sus responsabilidades, el cumplimiento y exigencia de sus derechos son posibles. Pero mientras esos miembros exclusivamente reclamen derechos, las posibilidades de entrar en el terreno del deber ser se ven limitadas.
El historiador Enrique Krauze hace más de diez años sentenciaba que mientras empresarios y medios de comunicación no transformaran su gestión dentro de nuestra sociedad, México no cambiaría. Los empresarios se han visto en la necesidad de reformar sus organizaciones para poder competir, mientras que los medios de comunicación prácticamente han mantenido las relaciones que los han sostenido durante por lo menos sesenta años; las relaciones del Estado con los medios de comunicación siguen siendo las mismas, aunque es cierto que existe más competencia, que el mercado demanda más y mejor información y que en algunos casos se ha satisfecho tal demanda.

REFORMA A LA LEY DE MEDIOS

Recientemente se ha debatido sobre la Ley de Comunicación Social, mal llamada «ley mordaza». Esta iniciativa de ley intenta legislar sobre las responsabilidades y derechos de los medios de comunicación. Uno de sus puntos importantes es, precisamente, eliminar la concesión que da el Estado a los particulares para el ejercicio de la comunicación en los medios electrónicos. Busca crear un organismo autónomo donde se desvinculen las relaciones que mantiene el poder instituido con los responsables de los medios. Esta intención a primera vista suena plausible, sin embargo habría que considerar que no todo lo que está, aparentemente, fuera del Estado, es deseable. Seguramente hoy esta visión resulta común y ambicionada por nuestra propia historia, sin embargo habría que decir también que no todo se resuelve desde el mercado. Parafraseando, podríamos decir que todo el mercado que sea posible con todo el Estado que sea necesario.
Vivimos, durante muchos años la ausencia de libertades de todo tipo, ya sea por medios coercitivos o punitivos a todas luces injustos, o por medio de extorsiones desde el poder instituido; la represión o la auto-censura era cosa de todos los días. Actualmente, después de la apertura económica y el proceso de transición hacia la democracia que vive México, se plantea la urgencia de plantear limites y obligaciones a esa libertad tan anhelada. Uno de los actores más importantes en esa transición, sin duda alguna, son los medios de comunicación.
Durante muchos años, estos medios vivieron y han vivido gracias al favor y a la dádiva de los gobernantes en turno. Prensa escrita y audiovisual, no podrían haber subsistido sin la prebenda económica o el permiso, concesión o autorización tácita o explícita del Estado. Gracias a los favores recibidos, los medios supieron corresponder con disciplina y respeto mal entendidos, distorsionando la verdad y capitalizando una supuesta estabilidad social, que a los ojos de otros se podría leer mas bien como control político y social.
Ciertamente, las cosas ya son distintas. El sistema político se ha reformado en materia electoral y ello ha permitido un congreso más plural, más dinámico, pero también más incierto. Sin duda, es el costo por la apertura política. Apertura económica y política van de la mano, pero juntamente con la apertura social. Sin la reforma a la ley de medios es prácticamente imposible acceder a la reforma y apertura social.

RESPONSABILIDAD, RAÍZ DE LA LIBERTAD

Es cierto que la ausencia de libertades limita el desarrollo de la persona humana y que por ello, cualquier sistema político y económico que las interrumpa o impida no es deseable; pero también es cierto que cualquier sistema que promueva exclusivamente las libertades sin responsabilidad, sin plantear la necesidad de las obligaciones, tampoco es deseable. Siempre se aspira a la libertad; sin embargo, una libertad que no promueve las obligaciones, exclusivamente promueve el individualismo.
La sociedad occidental tiene que rescatar el valor de lo colectivo, dice Solzhenitzin, ello querría decir moverse en el rango de las obligaciones y no sólo en el de los derechos. Promover esta idea es buscar un justo medio de una manera más solidaria, menos egoísta, más propia de nuestro tiempo. Hoy en día, la globalización nos hace recapacitar sobre la conveniencia de rescatar aquellos valores propios de lo que nos hace ser lo que somos y no otra cosa. Un valor fundamental de lo mexicano es ese sentido de solidaridad que nace desde la familia y que después se manifiesta en diferentes actividades sociales. No debe perderse en aras de un eficientismo tecnocrático, producto de aperturas culturales y de malos entendidos libertarios. El valor de lo colectivo en lo mexicano, lo encontramos fundamentalmente en el seno familiar, es un valor al que regula la obligatoriedad, y no la libertad como se puede mal entender.
Messner escribió que la libertad tiene su raíz en la responsabilidad del hombre, y la responsabilidad no puede tener otro sentido que el de la realización de una serie de cometidos, de obligaciones.
Con la apertura de los mercados de la comunicación se ha provocado que, en aras del mercado, el deber ser quede rezagado en función de lo que es. El rescate de las obligaciones es el salvamento del deber ser. Hoy los medios de comunicación han ganado influencia determinante y por ello nos preguntamos de si deben actuar así o de otra manera. Es cuestión de responsabilidad social solicitar a los medios, así como se solicita a las empresas, rendimientos sociales, responsabilidad que implica obligaciones en su gestión.

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