Globalización: el origen de una fobia

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EL INICIO DE LO INEVITABLE

El 21 de julio del año 2001, en Génova, Italia, Carlo Giuliani de 23 años fue muerto por el disparo de un carabinieri. Su muerte representaba el primer «mártir» de una nueva causa, una causa hoy conocida como el movimiento contra la globalización.
Este movimiento es consecuencia del proceso de apertura comercial que ha vivido el mundo desde los años ochenta hasta la fecha, y prueba de ello son los diversos grupos internacionales emergentes que se oponen a ese proceso de apertura mundial y a sus efectos. La bandera de estas organizaciones opositoras es la de la inequidad de ingresos entre los países desarrollados y la pobreza que alcanzan los países subdesarrollados, sin embargo, antes de validar sus razones, es prudente preguntarnos: ¿qué tanto perjudica la globalización a los marginados a nivel mundial?
Un planteamiento extremo de la globalización pugna por la desaparición de las instituciones locales y hasta del Estado-nación, lo cual representa una cuestión muy seria, pues presupone también la desaparición, o por lo menos el relegamiento, de las culturas particulares. No obstante, en el polo opuesto nos encontramos con que nuestro lenguaje adopta y adapta cada vez más extranjerismos y, concretamente, anglicismos con contenido de mercado, lo cual es peligroso porque cuando las culturas pierden su voz, comienzan a fallecer.
La cultura de mercado y su expresión económica más acabada, la globalización, se sintetizan en lo que parece ser un movimiento irreversible, pero habrá que encontrar el justo medio. ¿Hasta dónde es conveniente que las naciones se unifiquen? ¿Hasta dónde el mercado beneficia el desarrollo social? ¿La globalización termina dónde comienzan las culturas locales, regionales o nacionales? ¿Hasta dónde las instituciones deben permanecer, cambiar o transformarse?
Tal parece que la respuesta llegará conforme los límites se presenten, y entonces encontraremos ese justo medio aún incierto. Sin embargo, para intentar responder a nuestros cuestionamientos y otros más, es preciso conocer la historia de este proceso.
FIN DE UNA VIDA, NACIMIENTO DE LA REFLEXIÓN
Las protestas antiglobalización con motivo de la Cumbre del G-8 en Génova derivaron en el fallecimiento de Carlo Giuliani. Según las fuentes, un joven con antecedentes penales por resistencia y ultraje a la autoridad en varias ocasiones .
El comandante de los carabineros explicó que la muerte del manifestante fue un acto «de legítima defensa». Sin embargo, al día siguiente, la Fiscalía de Génova inculpó al carabinieri de «homicidio», reservándose el derecho a examinar posteriormente las circunstancias atenuantes.
Según la opinión del jefe de la policía italiana, Gianni De Gennaro, los disturbios fueron provocados no sólo por grupos pacíficos, sino por grupos dispuestos a enfrentarse a las fuerzas del orden. Lo ocurrido «marca la expansión y confirmación a nivel internacional de un nuevo elemento que intenta hacer coexistir a los pacifistas auténticos con algunos componentes extremistas y de tipo subversivo» , afirmaba De Gennaro.
Casi dos años después del inicio formal del movimiento en Seattle, se registraba esta tragedia y la desgracia se convertiría en reflexión.
¿CUÁNDO COMIENZA LA HISTORIA?
Se acercaba, con los últimos días de noviembre de 1999, la Reunión de Ministros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), encabezada por su flamante director general Mike Moore, en Seattle, Estados Unidos. La agenda era apretada: seguir las negociaciones para liberar progresivamente el comercio internacional, orientarlo de modo que contribuyera más eficazmente al desarrollo económico y a mitigar la pobreza; confirmar el papel fundamental del sistema de comercio basado en normas, y estructurar la OMC con arreglo a pautas que respondieran mejor a las necesidades de todos sus miembros, eran sólo parte de los pendientes a tratar .
El ambiente lucía tenso por la fuerte oposición de sindicalistas y ecologistas que llegaban para manifestarse contra lo que llamaban una «cumbre corporativa». La presión de 50,000 personas llamadas globalifóbicos impidió la ceremonia inaugural y tras varios días de trabajo logró que se cancelara. El fracaso de esta cumbre supondría el punto de inflexión del llamado movimiento antiglobalizador .
Estados Unidos no descansaría del asedio de los manifestantes, pues apenas unos meses después el 16 de abril de 2000 15,000 activistas ocuparían cruces claves de las calles de la ciudad de Washington D.C. convirtiéndose en foco central de la cumbre de ministros de finanzas que tenía lugar en esta ciudad, sede del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Se desplegó a todo el cuerpo policiaco de la ciudad, agentes del FBI, Servicio Secreto y helicópteros, para lograr que los diez ministros de finanzas de los países más poderosos del mundo pudieran trabajaran. No obstante, la reunión se celebró bajo un virtual estado de sitio en el que la violencia no pasó a mayores. Algún analista calificó este conflicto como propio del siglo XXI.
ATRAPADOS EN PRAGA
Europa no se salvaría de sufrir los embates del movimiento antiglobalizador. El 27 de septiembre de 2000, unos 10,000 manifestantes tomaron el centro de Praga y bloquearon a ministros, delegados, consejeros y funcionarios que asistían a la sesión inaugural de la asamblea del FMI y el BM. El objetivo era encerrarlos en el Palacio de Congresos hasta que «reunidos en asamblea aprobasen la abolición de ambas instituciones».
La presencia de manifestaciones y violencia no consiguió abolir al BM ni al FMI, aunque sin duda sirvió para colocar a los activistas como protagonistas de la jornada. Los lemas que enmarcaban el movimiento eran: «El mundo no es una mercancía, yo tampoco», «El FMI mata, mata al FMI», «Pagar la deuda es morir, queremos vivir» y «La democracia es una falacia». Las continuas manifestaciones mundiales contrarias a la globalización empezaban a surtir efecto, los discursos inaugurales se centraban más que nunca en la necesidad de erradicar la pobreza y humanizar la globalización ; probablemente los inconformes habían tomado el camino equivocado, pero de cualquier manera sería responsabilidad de las instituciones que promueven la globalización comprender las críticas y forjar un nuevo entorno con mayor igualdad.
USTEDES LOS RICOS, NOSOTROS LOS POBRES
Llegada la magna reunión del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza enero de 2001, los dramáticos debates entre partidarios y adversarios del proceso globalizador se incrementaban. En representación de los países más pobres, Vandana Shiva, directora de la Fundación para la Ciencia y la Ecología de la India, acusó a los participantes, líderes mundiales y empresarios, de utilizar la globalización para cometer el peor genocidio que la humanidad haya conocido.
Presidentes y ministros de países subdesarrollados expusieron lo que consideraban instrumentos de Occidente para inclinar la balanza de la globalización de su lado: desde las barreras tarifarias hasta la desigualdad en las reglas del comercio, una menguante ayuda o insuficientes flujos financieros. A la reunión asistieron los presidentes del Banco Mundial, James Wolfensohn, y de la multinacional DuPont, Charles O. Holliday, entre otros.
Mientras que en Davos unos 300 jóvenes buscaban superar los controles policiales para hacerse escuchar en el FEM, a miles de kilómetros, en la populosa Porto Alegre, Brasil, y en un ambiente variopinto, unas 10,000 personas celebraban el Foro Social Mundial (FSM), al que, además de representantes de 900 o­nG de todo el mundo, se unieron los llamados movimientos revolucionarios actuales: ecologistas, feministas, sindicalistas, indigenistas y ciudadanos en general .
El momento culmen fue una videoconferencia entre los asistentes al FSM, destacaban José Bové, iniciador del movimiento antiglobalización; João Pedro Stedile, dirigente de la organización brasileña Campesinos Sin Tierra y Cuauhtémoc Cárdenas y algunos de sus principales enemigos que participaban en Davos, como el magnate George Soros inversor húngaro, Vernon Ellis, de la consultora Accenture, más conocida por su antiguo nombre, Arthur Andersen, o John Browne, de la petrolera BP-Amoco.
George Soros preguntaba qué más se podía hacer para eliminar la injusticia social y hasta se mostraba a favor de discutir el impuesto Tobin , pero a la vez afirmaba que destruir el sistema no sería necesariamente la mejor forma. En el frente contrario, representando al FSM, el empresario brasileño Oded Grajew pedía calcular cuánto dinero mueven los mercados financieros y cuántos niños mueren de hambre cada día en los países en desarrollo.
Finalmente, refiriéndose a las diferencias entre Davos y Porto Alegre, el activista filipino Walden Bello apuntó: «Estamos en dos planetas diferentes. Ustedes están en el planeta de los ricos, nosotros, en el planeta de los pobres, los marginados y los oprimidos» .
Paradójicamente, el encuentro virtual se llevó a cabo vía Internet, una de las principales herramientas culpables de la globalización, según algunos.
DEL CARIBE A NÁPOLES
En febrero de 2001 llegó a Cancún el FEM y con él la sombra antiglobalizadora. Los organizadores reconocieron que la globalización de la economía había ensanchado la brecha entre pobres y ricos y que habría que trabajar sobre el tema. Como en los anteriores eventos, un fuerte dispositivo de seguridad rodeó al hotel sede del encuentro. En forma paralela, grupos opositores celebraron un foro alterno de debates que concluiría con una manifestación que pretendía llegar hasta donde se reunían más de 500 empresarios de todo el mundo.
Un mes después diversos grupos de jóvenes antiglobalización enfrentaban a la policía napolitana, como consecuencia de la protesta realizada contra el Foro Global de la Información, reunido en Nápoles, con un saldo de decenas de heridos entre manifestantes y policías. Los choques se dieron después de que unas 15,000 personas desfilaron por la ciudad y trataron de romper el cordón policial para acceder a donde se daban cita los representantes de los 122 países participantes. En pocos minutos la Plaza del Plebiscito se convirtió en un campo de batalla.
El III Foro Global concluyó con una declaración que conminaba a reducir las desigualdades a través de las nuevas tecnologías como Internet; se veía claramente que la brecha digital entre los países industrializados y los del Tercer Mundo se concretaba en los 4,000 millones de personas que carecían de acceso a la red .
PRESAGIOS DEL FUTURO
Faltaban pocos días para que iniciara la Cumbre de las Américas en Québec, Canadá. Llegado el mes de abril, los activistas y sindicatos de trabajadores estadounidenses se preparaban para dar la batalla contra aquella reunión ministerial, cuyo punto principal era analizar y anunciar las negociaciones formales para integrar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Según organizaciones influyentes en Estados Unidos, como Tradewatch, la Cumbre se proponía «imponer en todo el hemisferio el modelo fracasado de privatización y desregulación incrementada, contenido en el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN)» y que no obstante la creciente oposición, los ministros de comercio de los 34 países de la región negociaban en secreto .
Los manifestantes no lograron suspender la Cumbre, pero sí retrasar su inauguración . El gobierno canadiense montó la mayor operación de seguridad de toda su historia.
El 16 de junio, en el viejo continente, se veían los comercios y restaurantes destrozados, cabinas de teléfono arrasadas y paradas de autobuses hechas añicos; Kungsports Avenyn, calle central de Gotemburgo, era el nuevo testigo perplejo de la mayor protesta antiglobalización en Suecia, derivada de una cena que contaría con la participación de 15 importantes jefes de Estado.
El saldo de la batalla: 3 manifestantes y 12 policías heridos, ninguno de gravedad, y cerca de 400 detenidos, según confirmó el ministro de Justicia sueco, Thomas Bodström.
Los jóvenes arrancaron adoquines y los lanzaron sobre la policía. La violencia llegó al cenit y la calle se llenó de humo por los incendios provocados. «Arde la democracia, y la culpa la tienen ellos», filosofaba una joven acusando a los agentes. El primer ministro sueco, Göran Persson, calificó los hechos como «una tragedia que, por desgracia, volvería a repetirse en el futuro» .
PROTESTAS SIN CUMBRE, TRATADOS CON FRONTERAS
La globalización recorría el hemisferio vía los mercados mundiales, el movimiento antiglobalización le daba la vuelta al mundo con mítines y protestas. Las manifestaciones se daban cita hasta en la sede de una cumbre 25 de junio del BM cancelada con anticipación, como lo fue Barcelona.
Paralelamente, el gobierno austriaco se preparaba para posibles disturbios, pues según lo anunciado Austria sería la siguiente parada de los activistas. Entre las medidas precautorias para evitar la entrada masiva de manifestantes a Salzburgo antes de las jornadas del Foro Económico Mundial, se suspendió por unos días el Tratado de Schengen, que permite la libre circulación de ciudadanos en la Unión Europea, reinstaurando el control de pasaportes en sus fronteras. El dispositivo funcionó a tal grado que apenas unos 700 inconformes según la policía (2,000 según los activistas) se enfrentaron el 1º de julio a las fuerzas policiales con piedras y palos .
El movimiento contraglobalización ya había recorrido gran parte del mundo, había cobrado la vida de un joven, pero, según marcan las tendencias y dado que la globalización seguirá girando hasta alcanzar los últimos rincones del globo terráqueo, es válido afirmar que también el movimiento antiglobalización seguirá rondando a esta cultura de mercado que, si bien se fundamenta en la libertad, también conlleva riesgos.
UN MOVIMIENTO AMORFO Y PLURAL
En la actualidad se manifiesta un movimiento contra el libre mercado en abstracto, contra lo que representa y contra sus leyes que no benefician a los más marginados, al menos en el corto plazo y en lo que llevamos de globalización. Por un lado están las posturas neoliberales extremas que aseguran que el libre mercado resuelve todo, y por otro, las posturas contrarias, más radicales, que afirman que el Estado debe solucionar todas las necesidades de la sociedad.
En esas diferencias entre Estado y libre mercado se divide el mundo. El problema con la globalización es que no se ha regulado el mercado internacional y no existe una figura que ejerza la autoridad formal y real para normar las desviaciones del mercado, lo que provoca que el capital y sus leyes oferta y demanda se vuelvan muy poderosas, o quienes las esgrimen incurran en prácticas monopólicas u oligopólicas. Esas disfuncionalidades frecuentemente provocan desviaciones muy serias en la economía, minan la respuesta de las naciones ante la fuerza y el impacto del mercado internacional y reducen el poder de repuesta a un ámbito puramente local.
No se puede menos que constatar cómo hay un hilo conductor entre lo que fue el socialismo o movimientos «prosociedad» y los llamados globalifóbicos; sin embargo, todavía es un movimiento amorfo y los dirigentes se diluyen entre muchos nombres. Al igual que el socialismo, diversos grupos antiglobalización buscan primordialmente la equitativa repartición de riqueza. Organizaciones como ATTAC buscan aplicar un impuesto a todas las transacciones financieras internacionales para aliviar las carencias mundiales, pero esto supondría que los capitales ya no se moverían con la misma libertad y ese impuesto sería una medida proteccionista y restrictiva.
Otro problema son las instituciones, las reglas del juego a las que se somete cada nación para el bien común de cada una. ¿Se están adecuando esas instituciones en términos globales o locales? Por eso algunos grupos antiglobalización plantean que los partidos políticos ya no funcionan y que la sociedad civil debe mandar, como en un movimiento neoanarquista. Cierto, puede ser que su oferta política haya sido rebasada por las necesidades de la ciudadanía, que su estructura sea poco democrática y representativa o que su organización sea anticuada, pero no necesariamente porque la sociedad civil sea más poderosa que las instituciones.
La corriente antiglobalizadora pretende desmontar el Estado como lo conocemos para imponer a la ciudadanía. Esta corriente tampoco cree en la democracia representativa. ¿Quién debe mandar? «Todos», afirman. Es la estupidez más suprema. «Vamos a mandar en la plaza, a consultar a las bases en todo momento». Esto lleva al infertilismo democrático, es romper con la estructura tradicional de representación para preguntar continuamente a las bases qué hacer, cómo actuar.
Las autoridades han sido electas para representar a la ciudadanía; al igual que el director de una empresa, deben tomar decisiones y calcular y aceptar riesgos. La democracia representada por todo el pueblo y no por los representantes que eligen libremente no es democracia, es demagogia, desorden y degeneración.
Encabezan esa corriente los nuevos socialistas ¿Quiénes son? Grupos proderechos humanos, neoindigenistas, ecologistas o ecofascistas, todos los promotores de la llamada sociedad civil, muchas o­nG Estas organizaciones son ahora las que ganan prestigio, un prestigio light, todo es una nueva utopía. Pretenden que la sociedad en conjunto decida todo, que se gobierne por sí sola.
APUESTA POR LA LIBERTAD
El libre mercado tiene que ver con el desarrollo de la persona porque supone el ámbito de la libertad. Donde ésta no existe, la persona no se desarrolla. Por ello el libre mercado es bueno, obviamente el exceso de libertad en el mercado puede revertirse en contra de la sociedad. ¿Qué hace cualquier sociedad para mejorar? Apostar a la libertad, que bien manejada implica la existencia de las instituciones.
Por otro lado, el BM se ha vuelto el centro de los ataques antiglobalización, dada la imagen de banqueros despiadados que aparentan sus autoridades. Sin embargo, gran parte del dinero que maneja se ha destinado para aliviar la pobreza. Esta organización comprende que «la globalización es un término para referir un mundo más interconectado e independiente, empleado para hablar de comercio internacional e inversión que propician crecimiento económico, pero también que es un término que refiere crisis financiera e inestabilidad en un país que se contagia a otros. Saben que la globalización significa retos y oportunidades, pero también que es irreversible» . Su preocupación es cómo cambiar a los banqueros para que se preocupen por los pobres. El problema que enfrenta es la enorme burocracia que lo sostiene.
La globalización es un proceso de apertura mundial donde fluyen capitales, mercancías, monedas, personas, y en el ínter, subprocesos de integración para poder competir regionalmente. Hemos visto cómo la globalización deja fuera del proceso a grandes sectores de la población. Pequeñas empresas han quedado a la deriva frente a enormes corporaciones, y difícilmente podrán reinsertarse al mercado. Se dice que este proceso inició con la caída del Muro de Berlín, por lo tanto, Estados Unidos y Europa entraron al mismo tiempo a esa apertura; sin embargo, la prueba de que los países pueden irse integrando paulatinamente al tren global es España, que aunque en teoría se globalizó con toda Europa, no tenía la misma capacidad de desarrollo que Inglaterra o Alemania al inicio del proceso. Hace 10 años la diferencia de sueldos era de cinco a uno con respecto a Alemania, pero hoy es de dos a uno. España se integró con rapidez.
En el caso de México, si analizamos simplemente la inversión extranjera a partir del TLC, producto de la globalización, veremos que ésta ha sido muy benéfica. ¿Qué hubiera pasado si no se firma el tratado? Lo más probable es que la economía nacional estuviera mucho más retrasada. Sin embargo, es una realidad que en todo el mundo hay millones de grupos que en teoría se integraron a la globalización y a la vez no lo demuestran, pues aún sufren un grave retraso en muchas de sus comunidades que impide su incorporación.
Lo que debe hacerse es paliar los efectos perversos, pues cuando no hay leyes ni regulaciones se desprotege a los más pobres. Hay que ayudar a los indigentes y menesterosos, pero no con una mentalidad de subsidio, sino con ese sentido de crecimiento que la globalización anima. Por muchos años la política mundial se diseñó en función de la bipolaridad de fuerzas: estabas con los norteamericanos o con los soviéticos. Convenía defender la soberanía de los pueblos, ser nacionalista y populista para que nadie se metiera con nadie.
En la actualidad se ha gestado un cambio que erradica las limitaciones de antaño. Hay que aprovechar lo que la globalización ofrece en términos de apertura, pero sólo en la medida en que se es competitivo. «El sistema capitalista global se caracteriza no sólo por el libre comercio global, sino más específicamente por el libre flujo de capital. El sistema puede percibirse como un gigantesco aparato circulatorio que lleva capital hacia los mercados financieros y hacia las instituciones del centro y después lo bombea hacia la periferia, ya sea directamente, en forma de créditos e inversiones de cartera, o indirectamente, a través de corporaciones multinacionales» .
Los tratados de libre comercio facilitan las exportaciones, hoy puedo exportar a Estados Unidos y Europa con facilidad, pero voy a alcanzar el éxito por la calidad de mi producto, por la eficiencia de mi empresa. La regla de la globalización es calidad y competitividad. Estas prácticas hacen crecer a la gente. La tecnología abarata los procesos y permite que las personas desarrollen sus capacidades.
SIN DISTINCIONES
Los procesos de integración cultural inician con el intercambio económico. Si el mercado se regula con organismos internacionales y leyes propias, la cultura se ordena consecuentemente. En la medida que tengamos mayor relación económica será indistinta la nacionalidad, como supuestamente va a suceder en Europa. Por ejemplo, muchos parámetros culturales de los mexicanos han cambiado en los últimos 15 años, desde lo que vemos en la televisión hasta nuestros criterios de eficiencia y productividad. La corrupción, antes considerada normal, hoy se vislumbra inaceptable; así se van uniformando en ciertos aspectos las nuevas culturas y se van rompiendo muchos mitos de nacionalismo surgidos para proteger sistemas autoritarios.
El proceso de globalización da paso a valores universales, es decir, el ser humano no vale por su nacionalidad, sino por su verdadero valor personal, vale lo mismo la vida de un mexicano que de cualquier holandés o chino. Los parámetros internacionales de la ética dicen que no respetar los derechos humanos está mal visto en todo el mundo. Por eso es que una institución de un país ya puede demandar a un dictador de otro por muertes y otros crímenes; ahí se ve el proceso de justicia mundializado, aunque se meta en la soberanía de un país extranjero.
No obstante, esta justicia sin fronteras también degenera en manos de algunos activistas globalifóbicos que cometen crímenes fuera de sus países. Prueba de ello fue el atentado terrorista que sufrió el complejo del World Trade Center, en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.
Los hechos muestran la apertura de un nuevo capítulo en la historia contemporánea y muchos nuevos interrogantes. Los grupos terroristas en general se oponen también a la globalización y es verdaderamente paradójico que para estos actos reprobables se hayan servido de ella en muchos aspectos.

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