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La actividad empresarial es algo vivo, fruto del talante y empuje de quienes la dirigen y de su actuar con el entorno. Imposible ajustarla a normas válidas para todo momento. Continuamente surgen nuevas teorías y acercamientos a los problemas humanos y nos preguntamos ¿seguirán siendo estas las respuestas adecuadas? En esta entrevista, Carlos Llano habla de cómo el hombre es el mismo. El acento deberá ponerse sobre el fomento de la motivación y el desarrollo de virtudes y habilidades personales en todos los miembros de la empresa, para que juntos alcancen las metas.

¿Cuáles deben ser las nuevas habilidades sociales y laborales de un líder?

Me parece que al hablar de las habilidades, destrezas o capacidades de un líder no deberíamos calificarlas como «nuevas». Si bien las circunstancias de la empresa han evolucionado mucho, los requerimientos del emprendedor siguen siendo venturosamente los mismos de hace varios cientos de años.

Vemos una profunda coincidencia entre lo que hoy leemos de Peter Drucker, pontifex maximus del management en nuestro tiempo, y lo que encontramos en El Económico de Jenofonte, así como en su Retirada de los diez mil, de hace más de dos milenios.

Las cualidades del manager no dependen tanto de las circunstancias laborales del mundo actual cuanto del modo de ser de la persona que debe arrastrar o empujar a sus colegas, para lo que se requieren esas capacidades por las que me pregunta.

Brevemente, diría que de entre las muchas cualidades requeridas por el jefe de una organización, deberíamos resaltar las siguientes:

a) para el diagnóstico de la situación, la objetividad frente a las circunstancias externas y de las habilidades personales;

b) para la fijación de los objetivos, la magnanimidad (hoy llamada afán de logro) y la audacia (llamada hoy capacidad de riesgo;

c) para el mando de sí mismo y de los demás, la fortaleza, la constancia y la diuturnidad. En la fortaleza debe destacarse, para el empresario latinoamericano, la claridad en las advertencias que haga a los componentes de su equipo.

¿Cuál debe ser el proceso para que una empresa desarrolle una sólida conducta moral?

A fin de centrarme en lo realmente decisivo, el proceso será el siguiente:

a) la ejemplaridad: nadie puede pretender que los demás adquieran cualidades que él no lucha por adquirir;

b) la enseñanza: hacer ver a los componentes de la organización cuáles son los valores más altos de la persona humana, entre los cuales se encuentra el respeto a la dignidad de los otros; y finalmente,

c) no obstaculizar, proponiendo metas que pueden ser más atractivas individualistamente y a corto plazo, pero que nos apartan de los auténticos valores humanos.

¿Es posible que desarrolle humildad un líder empresarial que durante años sigue un comportamiento tirano?

Sí es posible. Los antropólogos clásicos –en los que confío– a diferencia de los actuales -en los que no confío tanto-, afirman enfáticamente que la voluntad del hombre es lo suficientemente poderosa como para transformar rasgos básicos de su personalidad, por muy distintos que sean de aquellos a los que está endémicamente acostumbrado. Es necesario, eso sí, encarnar la conciencia del alto rango que tienen las cualidades más preciadas para él, entre las que se encuentra la humildad, sin duda alguna.

En su opinión, ¿las empresas deben instruir primero en hábitos y virtudes a los nuevos empleados?

Estaría totalmente de acuerdo con usted si elimináramos el adjetivo primero. Los hábitos y las virtudes intelectuales se aprehenden de manera fundamental, aunque no única, en la familia. Las empresas deben detectar esos hábitos y virtudes, que requieren para su ideario y su misión, entre las condiciones de las personas que debe contratar, o detectar al menos la semilla de su posible crecimiento. Después, en la dinámica del trabajo, debe hacer florecer esa semilla on the job, en la dinámica de la labor misma, para lo cual se requiere mantener, reiteradamente, un clima laboral semejante al ambiente familiar que se produce en las buenas familias.

¿Cómo hacer para que los empleados antiguos desarrollen una alta moralidad ética?

Habría mucho que hablar sobre eso, y debo necesariamente restringirme a lo esencial: debemos premiar a los empleados antiguos que logren desarrollar en sus subordinados más jóvenes aquellas cualidades que constituyen lo que usted llama con razón «alta moralidad ética».

Cuando los empleados más antiguos se percaten de los beneficios que en todos los órdenes, especialmente en el orden personal, se logran con esa moralidad, se sentirán no ya estimulados sino constreñidos a incorporar dentro de sí los principales aspectos de esa mencionada moralidad, viéndola vivir en sus colaboradores más jóvenes.

¿Cree usted que en el sector público se pueda desarrollar la humildad en el líder?

Por lo que le dije a usted en una de mis respuestas anteriores, mi contestación tendría que ser aquí también afirmativa, pero ahora con muchas salvedades. En el sector público de muchos países -también en el nuestro- el engreimiento, la popularidad, el prestigio de las ocho columnas, el noticiario estelar, constituyen no ya un deseo sino prácticamente el primer objetivo de su trabajo.

¿Cómo cambiar esto? Hacer ver a nuestros gobernantes que el ser famoso no por resultados verdaderos, sino por flashes de los medios de comunicación colectiva, genera en el público un efecto contraproducente, como a todos nos consta. En lugar de un político eficaz acaba apareciendo como un político petulante. Igualmente, habrá que hacerles ver a los integrantes del sector público que lo importante no es ser famoso, sino tener buena fama. Muchos de ellos, paradójicamente, se hacen famosos por no tenerla.

Actualmente nuestras instituciones educativas quieren formar jóvenes emprendedores. ¿Qué materias considera se deben añadir para fortalecer la enseñanza humanística?

Para conseguir jóvenes emprendedores no debemos pensar sólo en materias teóricas, sino en hábitos prácticos que se consiguen de manera especial por medio del trabajo en equipo. Al contrario de lo que piensan muchas escuelas, generar en el espacio escolar un ambiente competitivo, como si estuviéramos en los Juegos Olímpicos, produce personalidades individualistas, manera blanda de decir que se encuentran inyectadas de egoísmo.

En este sentido, la enseñanza humanista resulta fundamental: no se trata de conocimientos teóricos de humanidades, sino de adquirir a golpe de vivencia práctica un carácter que esté a la altura al menos de sus conocimientos teóricos.

¿Cómo se puede alentar la competitividad entre los empleados para cumplir las metas de la empresa?

Esta pregunta parece una continuación de mi anterior respuesta. No veo mal alentar la competitividad entre los empleados (y los estudiantes), pero veo mejor no ya alentar sino empujar, hasta físicamente, la necesidad de la colaboración por encima de la competencia. Este es el dato nuevo que se presenta a nuestras empresas. Parecería que la colaboración (trabajar estrechamente unidos para el logro de un objetivo común) atrofia las ambiciones personales; pero no es así: lo que hace es amplificar la altura de las metas del grupo, que ante las mismas circunstancias siempre serán más alcanzables que las estrechas ambiciones personales.

¿El líder siempre debe presionar a los empleados para cumplir metas de la empresa?

Me encuentro de acuerdo con usted, incluyendo el adverbio «siempre». Sin embargo, cambiaría el infinitivo «presionar» por acciones que a mí -y tal vez también a usted- me parecen más apropiadas para el trabajo de una organización: motivar, alentar, ir por delante, estimular, premiar (y castigar), y reconocer a cada uno los aciertos de su trabajo.

¿Qué importancia tiene la filosofía dentro del mundo empresarial actual?

Por fortuna, la pregunta que usted hace ya me fue formulada hace tiempo y considero que debo contestar de la misma manera. La filosofía incita, en la persona que trabaja en la empresa, su tendencia al saber, su afán del saber radical, su necesidad de saber sintético y su requerimiento de saber plenario. Aunque a simple vista estas características nos digan poco de manera directa al lado de otras afirmaciones sobre el management, un análisis detallado de ellas nos haría ver que resultan imprescindibles en el mundo diverso, cambiante, pluralista y globalizado en el que actualmente nos encontramos.