Educación diferenciada: modelo personal y opción de libertad

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Nada hay más poderoso que una idea a la que ha llegado su momento.
Víctor Hugo

La educación diferenciada –enseñanza separada de niños y niñas– es un modelo pedagógico que utilizan ahora los países más desarrollados como herramienta para superar determinados problemas que la educación mixta no ha sido capaz de resolver tras tres décadas de experiencia.
Los beneficios cualitativos, cuantitativos, personales y académicos que se desprenden de este modelo merecen la atención de padres, autoridades y docentes porque sus resultados son, como regla general, óptimos.
Al contrario de lo que cree la mayoría, la educación diferenciada provoca mejor entendimiento y respeto entre sexos opuestos, un ambiente más relajado y agradable entre los alumnos, mayores facilidades para ejercer la docencia y resultados académicos mejores que los de las escuelas mixtas. Además, se genera menor conflictividad y violencia, mejora la autoestima de los alumnos, favorece la verdadera igualdad de oportunidades y responde a las peculiaridades de niños y niñas y a sus problemáticas específicas.
Al superar el mito de la neutralidad sexual, la educación diferenciada aporta ventajas evidentes, permite alcanzar mejor los objetivos educativos y culturales y abre mayores posibilidades a los alumnos, porque los docentes trabajan con grupos más homogéneos.
Es una magnífica herramienta para la emancipación de la mujer y la igualdad real entre sexos, pero, sorprendentemente, todavía hay quien piensa que en los colegios sólo de niñas se les enseña a ser débiles y dependientes del hombre, a recluirse al ámbito privado (siendo discriminadas y desfavorecidas) y que los chicos en cambio serán educados para triunfar en el ámbito público; dejando a la mujer todo lo relativo a la familia e hijos.
En algunos países este sistema se critica e incluso se persigue desde ámbitos gubernamentales. Se le atribuye ser discriminatorio y causante, en gran medida, de la violencia de género que sufre nuestra sociedad.

LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA AVANZA

En los países más desarrollados resurge con una fuerza que apenas comenzamos a percibir. Algunos gobiernos ya adoptaron medidas como crear colegios públicos single-sex o separar clases de niños y niñas en un mismo colegio en determinadas edades. No son experiencias piloto, es la implantación seria y definitiva del modelo pedagógico, cuya fuerza arranca de sus propias ventajas demostradas empíricamente, al margen de ideologías, creencias o tendencias.
ALEMANIA. Durante años la educación diferenciada estuvo prohibida en los colegios públicos. Pero en 1998, tras una seria investigación, por iniciativa de los socialistas y los verdes y con apoyo de los movimientos feministas, se autorizaron las clases separadas en los Länder de Berlín y Renania del Norte-Westfalia.
Ese mismo año, la revista Der Spiegel preguntaba en su portada «¿Constituye un error histórico la enseñanza escolar conjunta de chicos y chicas?». La brecha definitiva se abrió en 2004 cuando la misma revista dedicó un reportaje monográfico a analizar la situación de las escuelas en Alemania.
El Instituto Pedagógico de Kiel realizó un estudio en Berlín, Hamburgo y la Baja Sajonia. Apoyado en los resultados académicos, demostró que separar alumnos y alumnas en determinadas materias mejoraba de forma significativa el interés y las calificaciones; muchos otros consideran acertado separar a los alumnos por sexos en ciertas materias, especialmente a partir de la pubertad.
GRAN BRETAÑA. La red escolar está formada por centros masculinos, femeninos y mixtos con la misma consideración. Es sobradamente conocido que los más prestigiosos colegios son diferenciados. Existe una tradición arraigada de este tipo de escuelas. En este sentido destaca el estudio de la International Organization for the Development of Freedom Education (OIDEL) que sitúa 36 escuelas diferenciadas entre las primeras 50 mejores del Reino Unido.
En diciembre de 2004, David Miliband (School Standards Minister) declaró la necesidad de insistir en los beneficios derivados para los jóvenes de la educación diferenciada.1 Bastaría separarlos en determinadas clases aunque permanezcan en el mismo colegio e incluso, en la misma clase en otros momentos.2 La insistencia parte de un informe reciente, resultado de cuatro años de investigación, de la Facultad de Educación de la Universidad de Cambridge, que analiza con detalle los beneficios de la educación diferenciada frente a la mixta.
FRANCIA. Comenzó a cuestionar seriamente la coeducación a partir del controvertido libro del sociólogo, especialista en temas de adolescencia, juventud y familia, Michel Fize, Las trampas de la educación mixta.3 El libro, que expone cómo la coeducación en el país galo no ha conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos, abrió un encendido debate entre los políticos franceses, pues su autor es miembro del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRC) y fue asesor técnico, de la Ministra de la Juventud y Deporte, Marie-George Buffet, miembro del partido comunista francés entre 1997 y 2002.
ESTADOS UNIDOS. La Administración de Bush derogó en mayo de 2002, la coeducación obligatoria que imponía la Ley de 1972 (aprobada en la época de Nixon, bajo la presión de los movimientos feministas radicales) y autorizó escuelas públicas diferenciadas (same sex schools) bajo el lema «No Child Left Behind». Esta Ley concede a padres y centros mayor flexibilidad para optar entre clases mixtas o separadas, siempre que todos dispongan de programas, currículums, medios, profesorado e instalaciones comparables.
Según un portavoz de la presidencia, el objetivo de esta medida es «ampliar las opciones de los padres». Más de tres millones de dólares financiaron programas experimentales en el tema. Ejemplo emblemático es la Young Women’s Leadership Academy, de East Harlem, colegio público para niñas abierto en 1996, que consigue tasas de éxito de 100% frente a la media de 42% en Nueva York. Aunque 90% de las alumnas procedía de familias sin estudios (70% vive bajo el umbral de la pobreza), el instituto consiguió que todas, en los últimos dos cursos, llegaran a la universidad. Dado el éxito de esta experiencia, se decidió abrir otro colegio público femenino, el Queen Campus, en el conflictivo barrio del Bronx de Nueva York.
El Ministerio de Educación anunció su pretensión de aprobar una nueva ley que obligue a las escuelas públicas a ofrecer programas diferenciados. Promueve la iniciativa la senadora republicana Kay Bailey Hutchinson y ha declarado que «muchos chicos logran mejores resultados en centros de un solo sexo, libres de la distracción de las chicas. Y lo mismo tiende a ocurrir en los colegios femeninos, donde las chicas asumen más iniciativas y un mayor nivel de liderazgo». Entre los demócratas, Hillary Clinton, que estudió en uno de los 84 colleges femeninos de enseñanza superior, es una defensora convencida de las ventajas de la separación de sexos en la escuela.
SUECIA. En Suecia, la parlamentaria Chris Heister, presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, presentó en julio de 2004 un informe definitivo: «Todos somos diferentes», que afirma que el fracaso de la educación actual radica en el empeño por despreciar las diferencias entre sexos. «Se ha demostrado que las niñas entre los 7 y 15 años, asimilan con más rapidez que los niños. Mientras que en la secundaria, tienen mayores dificultades que los chicos. Por otra parte, hay que tener en cuenta que las chicas alcanzan la madurez mucho antes que los chicos, y aunque tengan la misma edad no se les puede tratar igual». El informe recomienda clases diferenciadas, porque no es lícito imponer conductas o modelos idénticos a ambos sexos.
SUIZA. El debate sobre coeducación se reabrió en 1993 a raíz de una Conferencia de Directores Cantonales de Educación. Para eliminar los estereotipos y atender mejor a las necesidades de las chicas, las conclusiones finales propusieron adoptar las medidas necesarias, incluyendo la separación de sexos.
NUEVA ZELANDA. El Ministro de Educación creó recientemente un «think tank» para investigar las razones por las que los niños obtienen peores calificaciones que las niñas en secundaria. Todo indica que el menor rendimiento académico de los varones está íntimamente relacionado con el sistema de clases mixtas (The New Zealand Herald; IV/2005).

LA CIENCIA COMPRUEBA LAS DIFERENCIAS

El modelo coeducativo sirvió, es cierto, para situar a niñas y niños en el mismo nivel en cuanto a exigencia escolar, pero también se produjo un aumento significativo de la violencia en los colegios y un profundo desentendimiento entre los sexos (constantes faltas de respeto y conflictos), además de un evidente aumento del fracaso escolar.
Estudios, estadísticas, informes y la propia experiencia docente llevan a una tajante respuesta a favor de la educación diferenciada. En muchos casos son sectores de izquierda, que en su día lucharon por la imposición, en ocasiones radical, del sistema mixto, los que reconocen hoy la necesidad de tener en cuenta las diferencias como una medida, entre otras, para salir de la profunda crisis educativa.
La neurociencia ha demostrado que esas diferencias tienen explicación científica. Descubrimientos del cerebro y sus diferencias estructurales y funcionales permiten que, lo que hasta hace poco era una aberración para la biología, sea hoy una realidad empírica y objetiva: los cerebros masculino y femenino son diferentes. Ahora podemos afirmar que estamos ante diferencias innatas, no sólo resultado de los roles atribuidos o de condicionamientos histórico-culturales, sino que pertenecen a lo más íntimo y profundo de nuestra estructura cerebral.
En 1997, el doctor Milton Diamond, experto en el efecto prenatal de la testosterona sobre la organización cerebral, demostró lo diferentes que son los cerebros masculino y femenino incluso antes del nacimiento. Esto influye en el modo en que el neonato percibe visualmente movimiento, color y forma.4
Stevens Rhoads, en su libro Taking sex differences seriously (2004), expone sus conclusiones sobre las diferencias sustanciales entre hombres y mujeres desde el sexto mes de gestación. Demuestra, por ejemplo, que la agresividad es más propia del sexo masculino, y que los hombres tienden más a competir, mientras que las mujeres prefieren cooperar.
Hoy se sabe que, aunque el cerebro femenino pesa 15% menos que el de los hombres, tiene regiones pobladas por más neuronas, como la zona del lenguaje. Según una investigación de la Universidad de Yale, las mujeres utilizan las neuronas de ambos hemisferios cuando leen, hablan o recitan un poema, mientras que los hombres sólo las del hemisferio izquierdo.
La neurocientífica Sandra Witelson (famosa por su investigación sobre el cerebro de Einstein en 1990) afirma con rotundidad que el cerebro es un órgano sexual, con diferente estructura según se trate de varones o féminas desde el momento de la concepción hasta la muerte.
Para complicar más el asunto, nuevos estudios de imágenes cerebrales de la Universidad de California sugieren que hombres y mujeres con el mismo coeficiente intelectual utilizan diferentes proporciones de materia gris y blanca cuando resuelven tests de inteligencia.
En definitiva, no aprendemos a ser hombres o mujeres sino que nacemos hombres o mujeres. El estudio en bebés recién nacidos es fuente esencial para buscar diferencias biológicas. El doctor Hoffman, de la Universidad de Nueva York, tras años de experimentación, ha demostrado que los bebés de 24 horas de vida reaccionan de manera distinta al llanto de otros bebés según su sexo. Las niñas se inquietan en mayor medida, muestran un alto grado de empatía hacia los que sufren a su alrededor, mientras que muchos niños no llegan siquiera a despertar con el llanto ajeno.
Varones y mujeres somos pues diferentes incluso antes de nacer. Esta demostración científica y empírica echa por tierra la teoría que afirma que las distintas formas de pensar, actuar, reaccionar… no corresponden a la naturaleza sino son producto de la cultura de un país y una época determinados, que asigna a cada sexo características, estereotipos o roles.5
Comprobar que las diferencias son innatas tiene enorme importancia para frenar la tendencia que afirma que el sexo es producto de la libertad y cultura de cada ser y que hace que hombres y mujeres, heterosexuales, homosexuales, bisexuales… sean simplemente modos de comportamiento sexual, producto de la libre elección de cada persona. Según éstos la identidad sexual puede «desconstruirse» y la masculinidad y feminidad no son más que «roles de géneros construidos socialmente». Esta visión ha emergido con fuerza en los encuentros patrocinados por la ONU en el Cairo (sobre población y desarrollo) y en Pekín (Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres), infligiendo a las mujeres un nuevo golpe en su identidad en cuanto tales. Aunque afirmen que la finalidad es proteger su dignidad como personas, mantienen que la socialización puede imponerse a la identidad biológica.

¿QUÉ OCURRIÓ CON LA EDUCACIÓN MIXTA?

Cuando se impuso la educación mixta resultó un interesante instrumento a favor de la igualdad de oportunidades y permitió grandes avances en el terreno. Sobre todo para que niños y niñas fueran educados con idénticos contenidos y formas. Los problemas que manifiesta son recientes y se deben, en gran medida, a un factor puramente externo: el cambio de nuestra sociedad.
Hace décadas, la sociedad en general se atenía a una escala de valores respetados con naturalidad: la familia, la autoridad (no el autoritarismo) de padres y profesores, el esfuerzo personal, el reconocimiento de que para ser feliz hace falta muchas veces sufrir (por ejemplo, estudiando), el bienestar que da el deber cumplido. En esas condiciones los colegios mixtos no manifestaron más problemas que los normales de la convivencia entre sexos.
Sin embargo, en la actualidad, la sociedad se caracteriza en términos generales por la ausencia de valores, el desprestigio del esfuerzo personal, la crisis de la familia, la falta de responsabilidad, la falta de autoridad de padres y profesores sustituida por la tolerancia ilimitada. Además de la erotización del ambiente y el «todo vale» que –en palabras del pedagogo José Luis González-Simancas– hace que nada valga y que todo sea indiferente. Estas circunstancias convierten la educación mixta en un polvorín a punto de estallar con problemas que adquieren mayor intensidad en zonas de renta baja o en colegios donde abundan minorías raciales o culturales.

FORMAS DIFERENTES DE MADURAR Y APRENDER

Las diferencias entre chicos y chicas pertenecen al orden natural y biológico pero inciden directamente en su desarrollo personal, emocional e intelectual. Está demostrado que su proceso de maduración es diferente. Las diferencias cerebrales que se dan desde el seno materno determinan que ellas maduren antes biológica y psicológicamente.
El psiquiatra Jay Giedd, experto en el crecimiento del cerebro de los niños, miembro del U.S. National Institute of Health en Washington, ha demostrado que las partes del cerebro encargadas de las destrezas verbales, como escritura y lectura, maduran varios años antes en las niñas. La región de Wernicke, la parte del cerebro que coordina la función lingüística, es 30% más pequeña en los hombres que en las mujeres.
En la misma línea, los neurocientíficos Reuwen y Anat Achiron han demostrado que con un simple escáner del cerebro, se puede distinguir claramente el cerebro femenino del masculino: el de una niña recién nacida está más maduro que el de un varón y el de una niña de cuatro años equivale en madurez al de un varón de seis. Con total independencia de raza o cultura, esta diferencia permanece hasta cerca de los 30 años, edad en que alcanzan idéntico nivel de madurez.
La diferente velocidad en que maduran niños y niñas provoca diferencias palpables en su rendimiento académico. Se ha demostrado que el desarrollo cognitivo del varón es más lento en ciertos tramos de edad. Desde los siete y hasta los 16 años las niñas rinden intelectualmente más. Son mejores en destrezas verbales, en cuanto empiezan a hablar articulan mejor las palabras y crean frases más largas y complejas. Desde el primer momento llevan ventaja en lectura y escritura generando cierto agravio comparativo con los varones.
La curva del ritmo de desarrollo de los varones discurre más lenta, pero los sistemas escolares no lo consideran, ello provoca que muchos chicos se retrasen respecto a las chicas, sufran frustración y desánimo. La educación diferenciada pretende afrontar la desigualdad de madurez que se constata, especialmente en la adolescencia.
Pero niños y niñas son diferentes no sólo en sus ritmos de maduración. También en intereses, juegos, aficiones, inquietudes, formas de socialización, de exteriorizar los sentimientos, de reaccionar ante idénticos estímulos… Esto provoca diferencias también en sus formas de aprender. Diversos estudios y la experiencia docente muestran que lo que es correcto y bueno para las niñas, puede ser sumamente perjudicial para los varones y viceversa.
Los niños necesitan la competencia. Que haya un perdedor y un ganador. Por eso, dividir las aulas en equipos que compiten por la mejor calificación es un modelo óptimo para los chicos, que se esfuerzan por conseguir que triunfe su equipo y aplastar al contrincante. Sistema que no sirve en absoluto para las niñas que, por el contrario, trabajan mejor ayudándose unas a otras porque son más empáticas y solidarias.
Para estar atentos los niños demandan cierta tensión con el profesor, que los rete de algún modo. Pero las niñas necesitan sentirse queridas por la profesora. En el varón predomina la búsqueda de independencia y el aprendizaje de poder o dominio. De ahí la mayor conflictividad latente con el profesor.
Demostraciones científicas avalan que el uso de cierta tensión y confrontación con los chicos les ayuda a mantener la atención en clase y a rendir mejor. Mientras que las chicas precisan la técnica contraria, conocida como «inducción» que consiste en usar métodos positivos que eleven su autoestima.6 Los varones se interesan más por las cuestiones objetivas (datos o fechas concretas) y las niñas por las subjetivas (acontecimientos). Para los niños funcionan mejor las clases bien estructuradas en las que se «sientan vigilados». Sin embargo, las niñas mejoran en ambientes más relajados.
Hay muchas otras diferencias. A igual edad, los chicos son más impulsivos e inquietos, menos ordenados, se concentran menos, encuentran mayor dificultad para expresar sus sentimientos, muchos tienen problemas de disciplina, sobresalen en agresividad, nivel de aspiraciones, inadaptación escolar. Sin embargo, superan a las chicas en fuerza física y velocidad, perciben mejor el espacio y lugar que ocupan los objetos, tienen más desarrollado el razonamiento abstracto (es decir, la capacidad de llevar algo real a algo simbólico representado por signos).7 También las superan en valores políticos, técnicos y económicos.
Destacan también las diferencias en el plano afectivo. En ellas, la delicadeza, atención a los detalles y el énfasis en lo emotivo fundamentará más tarde su afectividad femenina. Son capaces de estudiar y comportarse bien en clase por cariño hacia su profesora a la que realmente quieren. Cosa impensable en los niños, los caracteriza en cambio la rudeza, dureza e insensibilidad, descalifican globalmente la vida afectiva que en esta etapa evolutiva perciben desprestigiada y hasta banalizada.
No debe concluirse que en el mundo afectivo del varón sólo hay lugar para la violencia, sino que en estas edades la ternura está como escondida, no se manifiesta. Más tarde, en la etapa adulta aparece la ternura masculina aunque se manifiesta muy diferente a las chicas.
Esta disparidad de maduración, capacidades, intereses y aficiones entre niños y niñas dificulta y resta eficacia a la tarea de los educadores. La asimetría en lo psicológico es más que considerable. Señala el pedagogo García Hoz que si el profesor explica a niños y niñas en la misma clase, de forma muy razonada y analítica, las niñas se aburrirán, y si se explica de forma más ágil y explícita, ellas –más avispadas e intuitivas–, lo captarán, mientras que los niños no terminarán de entender.
A estas diferencias, debemos sumar otra que salta a la vista: el desarrollo muscular de los chicos provocado por la influencia de la testosterona (hormona masculina del crecimiento) los hace mucho más proclives al movimiento y los conduce a juegos muy activos y bruscos que pueden compartir sólo con otros chicos. Son más inquietos, brutos y activos. Ni mejores, ni peores, maravillosamente diferentes.
Joanne Rodkey, directora de la Woodward Avenue Elementary School, considera evidentes estas diferencias cuando, según su experiencia, el primer día de colegio, en una clase de seis años, las niñas se sientan rápidamente en sus pupitres esperando disciplinadas que se les indique lo que han de hacer, mientras los varones van de mesa en mesa explorando la habitación y han de ser prácticamente «acorralados» para que tomen asiento.9
Un estudio explica que si para las niñas es suficiente un descanso en la jornada escolar, los varones precisarían hasta ocho. Hablamos de reglas generales, por supuesto con excepciones, porque hay niñas que juegan igual que los niños y viceversa, pero son precisamente excepciones.
En clases con tantas variables emocionales, conductuales y evolutivas al docente se le complica llegar por igual a todos. Resulta utópico pretender que explique de dos formas diferentes. Profesores de colegios mixtos norteamericanos afirman perder 80% del tiempo de clase salvando crisis generadas como consecuencia de las diferencias de criterios y formas de pensar entre chicos y chicas.
SE EXACERBAN ROLES MACHISTAS Y CRECE LA VIOLENCIA DE GÉNERO
La maduración más lenta de los varones, lleva a no pocos chicos a posicionar su rol a través de actitudes sexistas, de violencia machista, al no poder compararse académicamente con sus compañeras. Los chicos perciben de forma traumática que, mientras ellos siguen siendo niños, las chicas de su edad aparecen ya, física y psíquicamente, como mujeres.
No es extraño que las chicas sean objeto de insultos sexistas en los pasillos e incluso de acoso sexual físico o verbal. Los chicos tímidos también pierden, normalmente su reacción es retraerse y encerrarse en sí mismos, se aíslan en su relación con las chicas.
Según Nicole Mosconi, profesora de pedagogía en la Universidad de París, estos estereotipos se refuerzan en las escuelas mixtas10 y conduce a un distanciamiento –psicológico y físico– entre niños y niñas; basta observar la tendencia espontánea a agruparse por separado.
FRACASO ESCOLAR, PROBLEMA MASCULINO
Es un hecho que los chicos rinden menos que las niñas de su misma edad. Muchas veces ellos mismos reducen su nivel de esfuerzo y aspiraciones al no sentirse capaces de competir con sus compañeras. También es cierto que son más indisciplinados a causa, como vimos, de la influencia de la testosterona. Su mayor activismo hace fatigosa su educación y en las clases mixtas provoca una progresiva preferencia del profesor hacia las niñas (más obedientes, quietecitas y estudiosas).
Los varones resultan más «incómodos» o molestos. La mayoría de los docentes no son conscientes de las diferencias entre sexos o no aplican medidas adecuadas para solucionarlas, muchas veces se encuentran fuertemente influenciados por Planes de Igualdad impuestos desde la Administración cuya finalidad principal es implantar un igualitarismo masificador en las aulas. Les exigen lo mismo, de idéntica forma, en el mismo tiempo y con igual respuesta. Pretenden que sean igual de puntuales, ordenados, constantes y tranquilos, algo sencillamente imposible.11 Resultan molestos para el profesor y se quejan de que los castigan sencillamente por «comportarse como chicos».12
Mientras las chicas tienden a estar sentadas y atender, los varones necesitan tener algo entre las manos, moverse en la silla o levantarse.13
Al compararlos con las niñas, las características propias y normales de los niños resultan exorbitantes para los docentes y provocan la tendencia a criminalizar su conducta. Incluso en algunos casos se les diagnostica el trastorno actualmente más estudiado en escolares: TDAH o trastorno de déficit de atención con hiperactividad, cuando en realidad su único problema es ser varones, activos, enérgicos, competitivos y movidos, que comparten clases con niñas más pausadas, tranquilas y disciplinadas. Este diagnóstico se soluciona suministrando el conocido medicamento Ritalín, nombre comercial de una droga (metilfedinato) que «calma» a los hiperactivos y a medio plazo puede generar una peligrosa adicción.14
En fin, se medica a niños sanos para que no expresen los rasgos propios de su sexo (inquietud, agresividad, rapidez, expresividad, emotividad…) y se asimilen más a las niñas que son las supuestamente normales, por más tranquilas y disciplinadas.
La incomprensión hacia las aptitudes de los niños y el no adaptarse a su peculiar forma de aprender está provocando un masivo fracaso escolar masculino, como reflejan las más recientes estadísticas e informes. El chico promedio va año y medio atrás de la chica promedio en lectura y escritura, está menos comprometido en el colegio, con peor comportamiento y es menos probable que llegue a la universidad. Esto conduce a los chicos a una situación paradójica: convertirse en el sexo «vulnerable».15
Datos del Departamento de Educación de Estados Unidos y estudios recientes demuestran que, lejos de aparecer tímidas y desmoralizadas, las chicas de hoy ensombrecen a los chicos. Consiguen mejores calificaciones, tienen aspiraciones educativas más altas, siguen programas académicos más rigurosos y participan en clases de alto nivel y en estudios en el extranjero en mayor porcentaje. En lenguaje técnico, se comprometen más académicamente.
Los resultados de las recientes investigaciones deben ser una llamada de atención para padres y docentes, para tratar de ser más justos con las aptitudes de los niños, sus peculiares características y sus tareas vitales específicas, en especial, a través de formas de docencia más adecuadas si no queremos que esta tendencia siga creciendo.
Los varones necesitan comprensión y ayuda para equiparase académicamente a las niñas, no que se les rescate de su masculinidad. La educación diferenciada es una forma de liberar a los niños de una competitividad entre sexos que no los beneficia. Se trata de aplicar el sentido común. Pero para ello es necesario superar barreras ideológicas y reconocer la realidad.
Hay que adoptar medidas sin miedo a ser políticamente incorrectos. La solución no está en mantener el discurso dogmático de la igualdad radical. Se sigue insistiendo en garantizar una igualdad uniformadora y masificadora que lleva en dirección opuesta a la solución del problema: reconocer las diferencias en el aprendizaje entre niños y niñas, hombres y mujeres que son iguales… pero diferentes.
CUATRO VENTAJAS DE LA EDUCACIÓN DIFERENCIADA
La igualdad radical para educar a hombres y mujeres parece haber agotado lo mejor de sí misma. Ahora hay que dar cauce a las diferencias, justo para erradicar en lo posible la exclusión o marginación y lograr auténtica igualdad de oportunidades.
1. Mayor rendimiento académico
Estadísticas e investigaciones muestran que los resultados en colegios de educación diferenciada son considerablemente mejores –hasta 1/3 más elevados, según la National Foundation for Educational Research– que en los mixtos.16
En cuanto a los chicos, se pueden citar muchas experiencias positivas en diferentes países. Destacan los resultados de la experiencia piloto en el colegio de Australia, Appin Park (Melbourne), donde se crearon clases sólo de chicos para tratar el problema de un grupo de niños con baja autoestima y elevado absentismo. El resultado fue que niños que el año anterior no querían ir al colegio, desde la separación por sexos acudían a las clases sin problemas y sacaban buenas notas (The Age; october 11; 2004).
El gusto por aprender mejora mucho cuando los contenidos tienen en cuenta las diversas preferencias del cerebro masculino y femenino.
2. Mayor posibilidad de alcanzar igualdad de oportunidades
Para las niñas la separación de sexos en el colegio es esencial para alcanzar después una igualdad real porque, como reflejan diversos estudios, rinden más y mejor en asignaturas tradicionalmente masculinas cuando están solas.17 Está demostrado que en los colegios mixtos las niñas no optan por materias o actividades «típicamente masculinas» por miedo a no ser hábiles o a ser rechazadas en el grupo, y en colegios sólo de niñas se inclinan con naturalidad a actividades como el futbol y tienen mejor rendimiento académico en asignaturas de ciencias y siguen con estos estudios al pasar a la universidad. Mientras los niños en los colegios mixtos apenas optan por las clases de francés por miedo a parecer poco masculinos ante sus compañeras. En colegios sólo de niños mejoran en literatura o poesía.
3. Mejor desarrollo de la afectividad y la sexualidad
Quienes pretenden la igualdad radical entre sexos mantienen que una clase diferenciada es peligrosamente artificial, ya que la escuela debe ser espacio de socialización que facilite actitudes abiertas y libres.
Esta postura, válida cuando la mujer no estaba integrada en la sociedad, hoy es absurda. Suponer que un niño se va a «traumatizar» por ir a un colegio diferenciado es absurdo, máxime cuando los temas sobre el sexo opuesto dejaron de ser tabú, se hablan y comentan con naturalidad en la familia (o así debería ser).
El Estado y la escuela no son padres y no pueden satisfacer las necesidades emocionales o morales de los más jóvenes. La convivencia familiar es una enseñanza incomparablemente superior a la de cualquier razonamiento abstracto sobre la tolerancia o la paz social.18 Como afirma William Bennett, la familia es el primer y mejor Ministerio de Sanidad, de Educación y el primer y mejor Ministerio de Bienestar Social.19
La presencia del otro sexo en el colegio es factor de dispersión, les obliga a estar pendientes de parecer bien en lugar de centrarse en su propia personalidad sin complejos ni miedos. La educación diferenciada ofrece a los adolescentes, un «espacio libre de distracción» (Aquilino Polaino), libre de presiones que ayudan a la persona a madurar.20 En aulas diferenciadas, durante los complejos años de la adolescencia, chicos y chicas comprenden más fácilmente el papel de su propio sexo.
Los defensores de la coeducación mantienen que la escuela mixta es la fórmula más adecuada para educar en la convivencia. Sin embargo, la experiencia demuestra que el conocimiento mutuo, el aprendizaje compartido, el respeto y la tolerancia de lo diferente, son valores que la coeducación no ha sido capaz de proporcionar.
4. El mayor beneficio: la felicidad de los hijos
Sin lugar a dudas el mayor beneficio que puede aportar la educación diferenciada es simplemente la felicidad de nuestros hijos. ¿Qué tiene que ver la educación diferenciada con la felicidad? Muchísimo. Que vayan al colegio tranquilos, relajados, sin tensiones, contentos es lo realmente importante. Si esto se da, luego las buenas calificaciones llegarán por añadidura.
A las niñas en general, cuando son pequeñas, el mayor activismo y movimiento de los niños las perturba. Luego, en la pubertad, el sentirse observadas de continuo por el sexo opuesto las distrae y están más pendientes de los demás que de desarrollar su propia personalidad, esto les genera un elevado grado de inseguridad.
Esta situación se refleja en patologías como la anorexia, mucho más elevada en colegios mixtos. En la adolescencia, las chicas se obsesionan por su físico frente a los chicos en detrimento de otros ámbitos más importantes para su madurez.
En la ciudad de Filadelfia (Estados Unidos) acaba de salir a la luz una estadística que demuestra que 81% de las niñas entre siete y 18 años ha experimentado algún tipo de acoso sexual en su colegio, aunque la Asociación Americana de Mujeres Universitarias asegura que las cifras son mucho más elevadas.21
Un alto porcentaje de las niñas que sufren algún tipo de acoso sexual optan por abandonar los estudios como solución a tan desagradable situación.22
Se dan casos que, protagonizados por adultos, darían lugar a cárcel. El problema está en que, una vez que en la escuela se instaura el sistema mixto, las situaciones de «acoso» se aceptan como normales en este entorno, pues es muy complicado establecer límites o fronteras en el comportamiento entre chicos y chicas. Además los profesores no quieren convertirse en policías.
Situar bien la dimensión sexual es vital para el desarrollo equilibrado de la personalidad del adolescente. Relaciones o experiencias sexuales tempranas pueden conducir a rarezas o anomalías posteriores en la madurez.
Para las chicas la separación es importante también para consolidar sus amistades, está demostrado que en las aulas mixtas las niñas dejan de cooperar entre ellas, abandonan su empatía innata para competir y enemistarse. Delante de los chicos transforman su compañerismo en competitividad.23
Por el contrario, el liderazgo, la autoconfianza de las chicas y la capacidad de mantener buenas relaciones, mejora significativamente en centros femeninos.24 Cuando se encuentran en ese ambiente hay una validación sin palabras de las normas femeninas y de sus consecuencias, entre las que destaca la facilidad para mostrar afecto y compasión. 25
También los chicos se benefician de la separación, se respetan sus propios ritmos biológicos y de aprendizaje, se refuerza su autoestima y desarrollan más libremente sus capacidades. No temen hacer preguntas «estúpidas» y se atreven a bromear con los profesores. Pero quizá lo más destacable es que se liberan de los estereotipos masculinos y de la presión ambiental que les incita a mostrarse como «machos».26 Es más eficiente aprender en un ambiente que, además del esfuerzo para lograr el rendimiento académico adecuado, no exige uno adicional para atender al rol permanente de imponerse al otro sexo.
Además, especialmente en la adolescencia, los jóvenes necesitan modelos de referencia, que les acompañen en la aventura de buscar sentido a sus vidas y les trasmitan unos valores que les hagan hombres y mujeres del futuro, fuertes y libres. Después de los años noventa se ha comprobado que un motivo clave en el fracaso escolar es la ausencia de modelos con los que identificarse en aquellas familias sin padres, monoparentales o en las que los progenitores están constantemente fuera del hogar y desvinculados de la educación de sus hijos.
En los colegios diferenciados, donde el profesorado suele ser también del mismo sexo, resulta más fácil identificarse con personas adultas que les sirven de modelos, lo que favorece un contacto más sencillo y espontáneo.27 Liberar a nuestros hijos de los «efectos colaterales» de la coeducación supone incrementar su tranquilidad personal y, en consecuencia, su capacidad para ser más felices.
EDUCACIÓN MIXTA, IMPOSICIÓN Y DOGMA INTOCABLE
Mientras los países más desarrollados reconocen la educación diferenciada como algo no sólo bueno, sino necesario, en beneficio de niños y niñas, en muchos otros es asunto tabú. Más que un derecho, se considera un hecho políticamente incorrecto.
En muchos países la escuela pública es siempre mixta y obliga a los padres que desean una educación diferenciada para sus hijos a acudir a escuelas privadas cuando les es posible. Algo curioso cuando en países desarrollados se están impartiendo a los profesores cursos precisamente sobre las diferencias cerebrales de niños y niñas para mejorar la eficacia de su labor docente. Si la enseñanza diferenciada presenta ventajas ¿por qué reservarla únicamente a los hijos de padres que pueden pagar un centro privado?
¿Es mejor la enseñanza diferenciada o la mixta? Para algunos será una y para otros, la otra. Lo importante, es que exista la posibilidad de elegir con libertad. Se trata de debatir sobre qué es mejor para nuestros hijos, dar información a los padres y concederles el derecho de elegir libremente una de las opciones. La educación es un derecho, por lo que no se puede imponer un modelo ni otro, sino ofertar en igualdad de condiciones.
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1. Vid. Christina Odone. «Single-sex schools get top marks» en Timesonline. 18 nov., 2004.
2. BBC News; 1° dic.,2004.
3. Michel Fize. «Les Piéges de la mixité scolaire». Presses de la Renaissance, 2003.
4. Milton Diamond. «Sex Reassignment and Birth: a long term review and clinical implications». Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, n.151. March, 1997.
5. Atrás quedan pues feministas como Simone de Beauvoir, cuyo libro El segundo sexo (1949) ha sido el decálogo de las feministas más radicales. Estas niegan rotundamente la existencia de diferencias «naturales» entre hombres y mujeres, siendo aquellas provocadas o impuestas de forma artificial. O como Kate Millet, que en su libro Sexual Politics (1969) afirmaba que: «…en el nacimiento no hay ninguna diferencia entre los sexos. La personalidad psicosexual se forma en fase postnatal y es fruto de un aprendizaje».
6. Leonard Sax. National Post, 24 feb., 2005.
7. Datos obtenidos de la página web del Colegio Intisana (Quito, Ecuador); 2004.
8. Justo Arnal AGUSTÍN. «Educación separada/coeducación. Problema y actualidad de siempre». Rev. de Asuntos Educativos, n. 13.
9. Paul Quinlan. «County considers same-sex classrooms», Hernando Today, 21 feb., 2005.
10. Nicole Mosconi. «La mixité dans l´enseignement secondaire: un faux semblant?». PUF, 1989; Effets et limites de la mixité scolaire, 2004; Mixité scolaire et démocratie, 2004; Femmes et savoir, 2004.
11. Jennifer Wolcott. The Christian Science Monitor, 25 dic, 2004.
12. Joel Wendland. «Reversing the Gender gap». Politicalaffaire.net.
13. Wayne Martin. The Birmingham News, ago., 2004.
14. National Institute on Drugs Abuse; Infofacts; Ritalin; 2004 19. En Estados Unidos se calcula que en algunos distritos escolares entre un 20 y un 25% de los niños están bajo los efectos de esta medicación. Leonard Sax, nos comenta al respecto que durante años trabajando como psicólogo infantil en colegios mixtos se encontró con un número desmesurado de padres que se quejaban del déficit de atención de sus hijos. Pero cuanto más investigaba estos casos y las diferencias cerebrales, más fuerte era su convencimiento de que el problema no se encontraba en los niños sino en los colegios. Los chicos no precisaban medicación sino un profesor que fuera consciente de las diferentes formas de aprender entre niños y niñas. Las dimensiones que este problema estaba alcanzando y su seguridad en que con una separación de sexos en las aulas se le podría dar solución le llevó a fundar la National Association for Single Sex Public Education, en defensa de la enseñanza diferenciada.
15. Sobre la «vulnerabilidad» masculina, vid. S. Kraemer. «The fragile male». British Medical Journal, 2000.
16. Entre otros vid. C. Riordan. «Girls and boys in school: together or separate?». New York. Teachers College Press, 1990; D.G. Smith. «Women´s colleges and coed colleges: is there a difference for women?».
17. V.E. Lee, H. Marks y T. Byrd. Sexism in single-sex and coeducational secondary school classrooms. Sociology of Education. 1994.
18. José Ramón Ayllón. Cinco Claves de la educación. Ed.Styria, 2005.
19. Autor del Libro de las Virtudes para niños y jóvenes. Colección Volúmenes Singulares, 1996.
20. A. Polaino-Lorente. Coeducación: un cierto riesgo, 1999.
21. Phillyburbs.com, 1° mar., 2005.
22. Dominique Marlet y Frédérique Boni. Las escuelas deberían ser lugares seguros para trabajar y aprender. OIT. Oficina Internacional del Trabajo, 2004.
23. D. Eder; «The cycle of popularity interpersonal relations among female adolescents». Sociology of Education,1985.
24. F.A. Mael; «Single-sex and coeducational schooling: relationships to socioemotional and academic development». Review of educational research. 68, 1998.
25. C. Shmurak. Voices of hope: adolescents girls at single sex and coeducational schools. New York, 1997.
26. Jennifer Wolcott, en The Christian Science Monitor (25 may., 2004), refleja el auge de las escuelas masculinas en los Estados Unidos.
27. Vid. al respecto, R.A. Noe. «Women and mentoring, a review and research agenda». Academy of Management Review. 13, 1988.

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