Miradas de mujeres inteligentes

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Por ser una realidad que cambia día a día, basta afocar la atención para detectar novedades en el tema de la mujer en la sociedad. Una de ellas es la abundante información científica y el cúmulo de datos duros que aporta la neuropsiquiatra norteamericana en su reciente libro El cerebro femenino.
Hablar del cerebro y de la fisiología lleva de la mano a un enfoque más profundo: la identidad de la mujer, de toda mujer, tanto de la que pelea por espacios propios en la empresa o la política, como de la que defiende su papel dentro del hogar, a contracorriente de la opinión generalizada que la considera incompleta si no busca el éxito en otros campos.
Hablamos también de cómo los estereotipos que pesaban sobre la mujer que deseaba incursionar en la política se pueden revertir a su favor y del reto que significa crear nuevas reglas del juego para que se le permita participar y conservar su modo de ser sin recurrir a la careta masculina.
En una entrevista de hace varios años, (Voces y cantos de las mujeres de Sara Beatriz Guardia) la escritora chilena Marcela Serrano menciona la dificultad de las relaciones horizontales, de igual a igual, y la tremenda soledad a que esta evolución ha llevado; hemos de encontrar remedio a esa soledad porque la vida es, en su acertada expresión, «cuento de a dos». Pero, para lograr ese encuentro «esencia de la actual relación hombre-mujer», se atraviesa un obstáculo grave: la falta de compromiso.
Como es un hecho que la principal riqueza del tema no son los denominadores comunes sino la singularidad, entrevistamos a dos grupos de mujeres directivas. A unas, buscando su postura frente a diversos dilemas que inquietan; y a otras, poniendo énfasis en su estilo de mando. Sin duda al leerlas cada quien puede encontrar respuestas a sus propias inquietudes.
En los diversos textos asoma breve y como subrepticiamente el tema de la culpabilidad, que otra escritora, la española Soledad Puértolas, define con pocas y precisas palabras: «somos una generación culpable porque hemos intentado desprendernos de algunas responsabilidades para adquirir otras, para ampliar un espacio interior, y esto tiene un enorme costo social».
Por último, un elemento que no podía faltar en estas conversaciones: la maternidad, la vulnerabilidad o la fuerza, que nos dan los hijos. Y retomo a Marcela Serrano: «no sé qué tendría que cambiar en el mundo no me imagino qué situación podría darse para que el grito de mi niña fuera menos importante que lo que estoy haciendo…».

Patricia Montelongo  
pmontelongo@ipade.mx

 

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