Primera Memoria

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1768

Sobrecogedora e inolvidable
Primera memoria
Ana María Matute
Destino. Barcelona, 2000.
245 págs.
Cuando un niño aparece en un relato, la cosa no puede ir bien. De Perrault a Sallinger, la niñez se aloja en la literatura para destacar los matices mórbidos de la vida.
Ana María Matute (Barcelona, 1926) no sólo es la dueña de una prosa perfecta. Además de ocupar el sitial K en la Academia de la Lengua, ha trastocado el alma de muchos con historias cuyos protagonistas no pasan de los 15 años.
Las bombas de la guerra cubrieron la niñez de Ana María Matute y, como a muchos autores europeos, marcaron su obra. Las separaciones violentas, las muertes inesperadas y una soledad apenas paliada con libros y amigos imaginarios delinearon su personalidad.
Galardonada con el Nadal en 1959, Primera memoria es la bitácora de esos saldos de guerra que nadie advierte y que siempre hieren la entraña humana; un relato descarnado desde los recuerdos de una niña en el abandono de una vida sin esperanza.
Lejos de todo lo verdaderamente suyo, atada a la seguridad de un muñeco de trapo, Matia vive en una isla que se antoja en las Baleares, en casa de su abuela, sin sus padres, sólo con la sospechosa complicidad de Borja, su primo.
La voz de Ana María Matute es la voz de Matia, quien mira su propio rastro. En el lector quedará impresa esa memoria primera con la conmovedora angustia de una niña que, sin saberlo, se busca a sí misma. «¿Será verdad –se pregunta– que de niños vivimos la vida entera de un sorbo, para repetirnos después estúpidamente, ciegamente, sin sentido alguno?»
Parte médico y diario nebuloso, Primera memoria no admite lectores improvisados. Claro, si exige temple y madurez es por la inquietante hechura de un argumento descarnado y cálido al mismo tiempo, de aire perturbador.
Primera memoria es una cicatriz extraña. Al leerla, contemplaremos su insoportable belleza y, también, sentiremos el dolor de la herida que la provocó. Pido al lector que recuerde mis palabras cuando cierre las tapas de esta novela, sobrecogedora e inolvidable.

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