Redes sociales ¿deben supervisarse?

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En mi empresa no sólo he permitido sino que he fomentado entre el personal el uso de las nuevas redes sociales porque resultan una interesante herramienta de trabajo y nos ayudan a estar cerca del cliente. A pesar de ello, me veo tentado a dar marcha atrás porque es casi imposible separar los mensajes personales de los de trabajo, además de que con frecuencia los jóvenes y sus amistades se comunican con un lenguaje soez, lo que puede afectar la imagen de la empresa. Sé que hay un sistema que permite conocer y filtrar todo lo que entra o sale de las computadoras de la empresa, pero me resisto a implementar ese tipo de vigilancia, creo que es traicionar la confianza en mi gente, me sentiría un vulgar espía. ¿Qué puedo hacer?
Los asesores sugieren
Las redes sociales son herramientas difíciles de usar y exigen mucho autodominio. Ordinariamente terminan por ser, al menos, distractores en el ambiente de trabajo, aunque esto podría tener diversas lecturas según el tipo de empresa en la que se labora. En cuanto a los  filtros del sistema de computo, hay sistemas robotizados que leyendo esa información solo manifiestan las notables irregularidades. O filtros que, sin espiar, sencillamente impiden el uso de diversos programas o sitios de internet: p. ej. redes sociales, juegos, etcétera, según se  les pida. Si se viera la conveniencia de instalar alguno, pienso que por criterios de transparencia, debería advertirse a los empleados que se ha hecho así y recordar esta advertencia periódicamente. De modo análogo, no es extraño que al llamar a una empresa una voz pregrabada advierta que las llamadas están siendo monitoreadas o grabadas por motivos de seguridad y control de calidad.  Sobre aviso no hay engaño. Quizá una campaña de identidad empresarial, ¿Quiénes somos? ¿Cómo es nuestra cultura? ¿Qué imagen proyectamos en los demás?… también podría ayudar…

Armando Reygadas

Abogado especialista en Ética de Empresa

Apoyado en la misma confianza que se deposita en la gente, será importante comprometerla con un código de conducta que especifique con claridad los criterios de uso de esta herramienta de trabajo. El compromiso debe ser explícito –la firma de un documento escrito puede servir a este propósito– y hay que distinguir en él, aquello inadmisible en cualquier sentido (el uso de lenguaje soez podría ser el caso) de lo que admitiría cierto margen de tolerancia y libertad, como el límite de tiempo invertido en mensajes de tipo personal o la cantidad de los mismos.
Más adelante, advertir que la violación de ese acuerdo de confianza podría derivar en una medida más estricta, como la implementación de un sistema de filtración. Este método sería conveniente si se anticipa que habrá personas que abusen de la confianza puesta en ellas.

Tomás Viracocha

Consultor de Ética empresarial

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