Valores «producto» de primera necesidad

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Las nociones de bien o mal, responsabilidad y libertad se desarrollan desde fases muy tempranas de la vida. De ahí la importancia de generar una sintonía entre familia, escuela y sociedad para sembrar en los nuevos individuos, las virtudes humanas que les permitan llevar una vida plena y con sentido.
Mucho se comenta en diferentes foros y medios de comunicación la necesidad, la urgencia, de alcanzar o retomar una sociedad con valores. Es tema de preocupación global y afecta, por tanto al mundo entero, especialmente cuando no se da, a esos valores, el lugar que les corresponde en la convivencia de las personas o, de manera un tanto inconsciente, se van descuidando o no se hace énfasis en darles la importancia que tienen.
Basta leer periódicos, ver o escuchar noticieros, observar lo que sucede en la convivencia diaria y nos damos cuenta de su deterioro. La solución de los graves problemas de la humanidad requiere aplicar principios éticos universales. Se hace indispensable trabajar en pro de la humanización de los seres humanos y del rescate de los valores humanos fundamentales.
Para cumplir esta loable tarea, la principal función de la educación deberá dirigirse a la formación de personas, a promover el vivir con sentido y con valores bien definidos.
 
EL VALOR DE LA PALABRA
Los valores tienen valor intrínseco, valen por sí mismos, se les reconozca o no. Van más allá de las personas, es decir, trascienden, por lo que son y no por lo que se opine de ellos. El valor es tanto un bien que responde a necesidades humanas como un criterio que permite evaluar la bondad de nuestras acciones. Se entiende por valor moral todo aquello que lleve al hombre a defender y crecer en su dignidad de persona. El valor moral conduce al bien moral.
El valor moral perfecciona al hombre en cuanto a ser hombre, en su voluntad, en su libertad, en su razón. Vivir en la mentira, el hacer uso de la violencia o el cometer un fraude, degradan a la persona, empeoran al ser humano, lo deshumanizan. Por el contrario las acciones buenas, vivir la verdad, actuar con honestidad, la búsqueda de la justicia, lo perfeccionan. El valor moral te lleva a construirte como hombre, a hacerte más humano.
Depende exclusivamente de la elección libre, el sujeto decide alcanzar dichos valores lo que sólo será posible basándose en esfuerzo y perseverancia. El hombre actúa como sujeto activo y no pasivo ante los valores morales.
Me gustaría referirme en primer lugar al valor que tiene la palabra, como dice Pieper (1980, 218): El primer valor de la palabra es que en ella se hace patente la realidad; se habla para dar a conocer, al nombrarlo, algo real; dar a conocer algo a alguien, por supuesto. Precisamente ése es el segundo valor: el carácter comunicativo de la palabra. La palabra es tanto un signo objetivo como un signo para alguien, para aquel precisamente ante quien se expone la realidad. Esos dos aspectos de la palabra y del lenguaje, aunque distinguibles, no son separables. No se da el uno sin el otro.
Si se le miente a una persona se corrompe la relación del lenguaje con la realidad. Platón a este respecto señalaba el cuidado que había que tener de los sofistas, en donde algo puede estar maravillosamente dicho y sin embargo puede ser falso. De lo anterior se deriva, que el hablar trae una serie de exigencias éticas. Es muy fácil que en nuestra sociedad se caiga en manipulación del lenguaje que lo que hace es distorsionar la verdad al servicio de intereses particulares.
Hemos escuchado o leído que se llega a mencionar la muerte asistida como un término que evita decir que se trata de la eutanasia. Es muy conocido el ejemplo de que en el partido nazi del siglo XX, se utilizaban las palabras solución final, evacuación, tratamiento especial en lugar de exterminio, liquidación y matanza. El primer decreto dictado por Hitler durante la guerra, en lugar de asesinato, hablaba del derecho a una muerte sin dolor.
Se desprende fácilmente la responsabilidad ética en la que se incurre al utilizar de manera inadecuada el lenguaje, elemento fundamental de la educación. Como diría Alejandro Llano: la ética no nos la podemos quitar de encima, por más permisivos que pretendamos ser. La ética es el saber indispensable para una vida plena y en la consecución de esa plenitud, ocupa un lugar principal la reflexión sobre los valores.
Hay quienes piensan que el hecho de inclinarse hacia un determinado valor es fruto exclusivamente de una preferencia de carácter subjetivo, que no se justifica racionalmente y por lo cual no es compartible y de aquí se derivaría que cualquier opción es igualmente legítima. Con lo anterior se estaría adoptando la postura que comenta Robert Spaemann en su obra Ética: cuestiones fundamentales: «todo hombre debe seguir la moral dominante en la sociedad en que vive». El autor señala que esta afirmación incurre en contradicciones:
•  Quiere fijar al menos una norma universalmente válida, que es la que dice que debe seguirse siempre la moral dominante. Debo entonces disuadir a otros hombres de que vivan de acuerdo a su norma moral.
•  No existe en absoluto esa norma moral dominante. Es el caso de que una parte de la sociedad condena el aborto como un crimen y otra lo acepta.
Sabemos que el hombre no es un ser acuñado de antemano por sus instintos, sino alguien a quien van formando los padres, familiares, profesores, amigos y demás personas y situaciones que influyen en su comportamiento. Podemos afirmar que hay una educación en los valores, que ayuda al individuo a comportarse como hombre.
 
UN PROCESO DE TODA LA VIDA
La educación de los valores empieza en la familia, núcleo fundamental de una sociedad. Es donde los padres podemos y debemos influir fomentando las virtudes, que todas ellas son valores. Recordemos que las virtudes son hábitos operativos buenos. Por mencionar algunas: fe, esperanza, caridad (se les conoce como virtudes teologales), prudencia (ayuda a elegir los medios a emplear para cada fin y perfecciona el entendimiento), justicia (inclina la voluntad del hombre a dar a cada uno lo que le es debido y regula las relaciones con los demás), templanza (modera el apetito concupiscible y los placeres sensibles, ordena al hombre a dominar y regular sus propias pasiones), fortaleza (afianza el apetito irascible contra el temor irracional y lo preserva también de la temeridad).
De estas cuatro virtudes, llamadas cardinales porque comprenden las cuatro direcciones fundamentales del buen obrar, se derivan las siguientes: alegría, amistad, audacia, autenticidad, castidad, discreción, fidelidad, gratitud, humildad, laboriosidad, lealtad, liberalidad, modestia, naturalidad, obediencia, orden, paciencia, patriotismo, penitencia, perseverancia, pudor, religión, responsabilidad, sencillez, sinceridad, solidaridad, veracidad.
Algunos autores afirman que los valores se forman durante los primeros años de vida y se desarrollan lentamente en un proceso que se da a lo largo de la vida.
 
SINTONÍA FAMILIA-ESCUELA-SOCIEDAD
Las nociones de bien o mal, de positivo y negativo, de libertad y responsabilidad, se forman en los primeros años de vida. De allí la importancia de incentivar su desarrollo desde la fase maternal y preescolar, mediante la estimulación de comportamientos que permitan adquirir las virtudes antes mencionadas.
Es indispensable que las instituciones académicas ofrezcan, desde el nivel inicial, conocimientos, procedimientos y actitudes que promuevan la formación de personas comprometidas con la sociedad y, lo que es más importante, que sepan dar continuidad a la educación en las virtudes.
Para ello se requiere que los profesores reflexionen sobre su práctica educativa y cuenten con modelos de posibles actividades sistematizadas que los orienten en el trabajo con sus alumnos y los ayuden diseñar a partir de los educandos, una metodología propia en función de las necesidades de cada entorno educativo.
Hace falta integrar esfuerzos escuela-familia-sociedad y transmitir en sintonía virtudes humanas fundamentales dirigidas al desarrollo de una nueva sociedad y una nueva cultura.
Una vez que los alumnos adquieren las virtudes, éstas se convierten en guías y pautas de conducta que permitirán una mejor convivencia y un verdadero cambio global.
 
Bibliografía
Casado, Manuel. Lenguaje, valores y manipulación. EUNSA
Spaemann, Robert. Ética: cuestiones fundamentales. EUNSA
 
 

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