Cuando en mayo pasado leí que el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EUA publicó en su blog Asuntos de Salud Pública1 una serie de medidas preventivas en caso de una pandemia zombi, me pareció que la paranoia no podía llegar más lejos. ¿En serio la CDC publicaba sobre muertos vivientes que se alimentan de cerebros o se estaría quejando de alguna farmacéutica por distribuir productos zombificadores sin su consentimiento?

Ay, pensé, hasta una invasión extraterrestre sonaba más racional que una sobre zombis. Parece que tiene más estilo combatir pequeños seres verdes de ojos saltones que al vecino en estado medio de descomposición.

Antes de leer el artículo me pregunté a qué tipo de zombis se refería la CDC, a los que son producto del vudú, muertos resucitados por medio de ritos mágicos convertidos en esclavos o a los zombis que son resultado de algún desafortunado experimento médico.
Analicé ambas posibilidades. El vudú es una práctica religiosa procedente del sincretismo entre creencias de África occidental y el cristianismo. La CDC no es ninguna figura reconocida en teología ni exorcismos, por lo tanto estos zombis quedan descalificados.
Ello me llevó a estar casi seguro que el artículo versaría sobre el otro tipo de zombis. Ya me hacía yo leyendo sobre las ventajas y desventajas de atacar a un zombi con un hacha, sobre cómo fortificar una casa o, en el peor de los casos, sobre la predilección de los zombis por los cerebros. Cuál sería mi desdicha al no encontrar tan prácticos consejos.

EL CENTRO PARA CONTROL DE DESASTRES SUGIERE UN KIT
Resultó ser que la CDC tomó un personaje de la cultura pop y lo utilizó con carácter pedagógico, ¿quién hubiera pensado que las medidas de prevención, en caso de una pandemia zombi, son las mismas que en caso de cualquier otro tipo de desastre?
La CDC  afirma que las medidas para evitar que la cuadra de vecinos intente devorarlo a uno residen en estar preparados con un kit de emergencia que contenga: agua, comida, medicamentos, algunas herramientas, ropa, documentos importantes y un botiquín de primeros auxilios.

Una vez que tenemos nuestro kit de emergencia, el siguiente paso no es salir a acabar con los zombis, para desgracia de muchos, incluyéndome a mí, sino que tenemos que idear un plan de contingencia: identificar los tipos de emergencias que se pueden presentar en el lugar donde vivimos: tornados, inundaciones, terremotos, etcétera. Ello ayudará tanto a prevenirnos de mejor manera para cada situación posible, como a mejorar nuestro kit. Lo segundo es establecer un punto de reunión, un lugar afuera de casa para emergencias súbitas y un lugar alternativo en caso de que no pudiéramos regresar al hogar. En tercer lugar debemos conocer los números de emergencia: policía, bomberos ambulancia. Y en último lugar es necesario planear una ruta de evacuación, ya sea que nos veamos perseguidos por comehombres o en otra situación de peligro.
Al final del día esta ingeniosa campaña de la CDC logró su resultado: aparecieron noticias en TV, radio e internet y la página recibió más de un millón de visitas diarias. Así, se concientizó a la población y ahora, según ellos, están mejor preparados para un desastre, como un ataque zombi.

Y para todos aquellos que piensan que los zombis no son tan peligrosos, les recomiendo leer el artículo de un grupo de matemáticos canadienses, When Zombis Attack!: a Mathematical Moddeling of an Outbreak of Zombi Infection,2 donde, créanlo o no, resulta ser que si no se toman acciones contundentes y veloces, la humanidad en su conjunto estaría destinada a evaporarse si estos amigos decidieran aparecer.

Resultó ser que sí podemos aprender de los zombis, aprendimos cómo estar mejor preparados para una contingencia y recordamos que estos personajes de la cultura pop tienen alcances que en un primer momento parecerían irrisorios.


1    http://blogs.cdc.gov/publichealthmatters/2011/05/preparedness-101-zombi-apocalypse/
2    http://mysite.science.uottawa.ca/rsmith43/Zombis.pdf

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