El espejo de los ecos

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José Emilio Pacheco
Jesús Cisneros
CONACULTA. México, 2013
 
«Dices mi nombre si callas». Así comienza El espejo de los ecos: nombrando el silencio. Toda una declaración de principios para un libro de adivinanzas. No es casual. Una adivinanza es la excusa perfecta para aclarar qué son el silencio, el agua, el lenguaje, el eco, el humo, el espejo, el pez y el pescado, la uva y la pasa, el pan, la noche y el día y, finalmente, el sueño.
La premisa es simple: quien pregunta dice más que quien responde. «Estoy en todas las casas / o al menos debería estarlo. / Noche y día te acompaño / y sólo me ves si falto». Con este giño, José Emilio Pacheco nos hace cómplices de la honda sabiduría encerrada en cada acertijo y que, como en las adivinanzas, sólo adquiere sentido cuando la completa el lector. «Gracias a mí / no eres piedra. / Por mí / dominas el mundo».
El tono de proverbio subraya las ilustraciones de Jesús Cisneros. Tan delicadas como un jardín zen, y que consiguen trasladarnos a un tiempo donde las adivinanzas eran avisos para no pasar por alto la belleza y la importancia de lo cotidiano. «Cambio de forma / y soy todo. / Porque sin mí / no habría mundo».
Un libro para filosofar jugando.
 
 

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