Metanfetamina de hermoso color azul

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¿No has visto Breaking Bad? Por favor, cierra la revista y consigue de inmediato las dos primeras temporadas. Y si no habías oído hablar de ella y eres profesor de preparatoria o tienes hijos adolescentes, temo decirte que estás en graves problemas. En ese caso, debes tomar medidas de emergencia. Cancela tus actividades del próximo fin de semana y ármate un maratón con las primeras temporadas. Nos guste o no, conviene conocer el mundo donde habitan los jóvenes, un espacio cada vez más lejano para quienes conocimos las máquinas de escribir y los teléfonos de disco.
Les hago una breve reseña de Breaking Bad. El personaje central es Walter White (Bryan Cranston), de 50 años, maestro de química de High School en Nuevo México. Es un profesor entregado y meticuloso que hace su mejor esfuerzo para que sus estudiantes se interesen en la asignatura. En casa, nuestro protagonista lleva una vida familiar intachable: fiel, leal, responsable y paciente.
Walter Jr. «Flynn» es hijo de Mr. White y padece parálisis cerebral. Tiene algunas dificultades para hablar, usa muletas y estudia en el mismo bachillerato donde trabaja su padre. La esposa de Mr. White es agradable y, sin planearlo, les viene un bebé en camino. Quizá el único defecto de nuestro hombre es cierta pusilanimidad. El carácter de Mr. White es débil comparado con el de su concuño, Hank Schrader.
El pariente político es un exitoso agente de la DEA, rudo, extrovertido, desinhibido, racista, un vaquero del viejo oeste. Schrader suele ningunear al profesor White; para colmo, Walter Jr. admira la rudeza del tío Hank y busca en él la seguridad física y emocional que su padre no le da. En pocas palabras, Mr. White es un «Gutierritos» anglosajón. ¿Vieron la película mexicana? Es de 1966.
Mr. White gana poco dinero. Para completar «el gasto», el pobre hombre se desloma trabajando de todólogo en un autolavado. Ni modo, el hambre es canija, y a veces Mr. White tiene que entrarle a lavar coches junto con los inmigrantes (un leitmotiv de la serie somos los mexicanos ilegales y criminales). Especialmente dura es la escena en que uno de sus peores estudiantes lleva a lavar su deportivo al local. El «mirrrey» no desaprovecha la ocasión para retratar a su profesor de química agachado, lavando las llantas del coche.
El punto de inflexión: Mr. White se desmaya en el autolavado. Llega la ambulancia. El desvanecimiento revela lo peor: cáncer de pulmón. A pesar de que no fuma, Mr. White padece un cáncer avanzado. La tragedia continúa. Su seguro médico no cubre los gastos de una enfermedad. ¿Imaginan la angustia? ¿Quién de nosotros podríamos costear una quimioterapia de la propia bolsa? Breaking Bad no exagera.
 
EL ROSTRO AMARGO DEL NEOLIBERALISMO
Mis amigos que viven en Estados Unidos me lo repiten continuamente, «la clase media mexicana tiene una idea falsa de cómo se vive en Estados Unidos». En efecto, la seguridad social prácticamente no existe en aquel país. Eso significa que en la vejez y en la enfermedad uno se debe rascar con sus propias uñas. En esos duros momentos, se revela que las aseguradoras son negocios, no almas de caridad. ¿Quién puede recriminárselos? Son empresas privadas. ¿O no? Business are business. Una situación semejante es la que retrata Breaking Bad.
A pesar de los innumerables defectos y limitaciones del IMSS y del ISSSTE, un empleado o un jubilado mexicano tiene acceso a un sistema de salud que en EU sólo es para los ricos o para quienes gozan de una póliza de seguro privada. En Estados Unidos, aunque no lo crean, abundan los Mr. White. Conste que he sufrido en carne propia las ineficiencias de la seguridad social mexicana y que he visto morir gente en la sala de espera del seguro social.
Hace poco, por ejemplo, le llegó la póliza de gastos médicos a un par de conocidos míos que cumplieron los 70. Con todas sus letras, la aseguradora los animaba a reconsiderar si les convenía el gasto. Los viejos somos una carga para las aseguradoras privadas. Les urge deshacerse de nosotros. Ahora que cumplan 70 años lo van a constatar.
 
DE MR. WHITE A HEISENBERG
El caso es que Mr. White no tiene para su quimioterapia y dejará a su familia en la calle. ¿Imaginan la escena? Un hijo con parálisis cerebral y una esposa encinta. Para no hacerles el cuento largo, el maestro decide aplicar sus conocimientos químicos. Se mete a fabricar metanfetaminas con ayuda de uno de sus exestudiantes, Jesse Pinkman (Aaron Paul), un muchacho informal, manipulable, emotivo, desordenado, y adicto.
No contaré toda la serie para no quitarles el gusto de verla. Basta decir que Mr. White produce una metanfetamina de gran pureza y un hermoso color azul. Orgulloso de su capacidad de «cocinar» se hace llamar Heisenberg. Ha resuelto su problema económico.
Conforme el negocio avanza, Mr. White se va convirtiendo en un macho alfa, que recobra el control de su vida. Skyler, su esposa, vuelve a mirar a su marido como un hombre y no como una mascota digna de compasión. Recupera también la admiración y respeto de su hijo. Walter White sabe proteger a su familia. Eso sí, Heisenberg oculta su nueva identidad. Hasta aquí mi reseña.
 
EL CANTO DE LAS SIRENAS: ¿QUÉ PIENSO DE HEISENBERG?
Lo primero, no se me asusten, es que Mr. White me cayó bien. Y eso me preocupó. ¿Cómo es posible un criminal me haya podido resultar simpático? La respuesta la da Aristóteles en su Poética: porque me veo reflejado en él. En un mundo donde la clase media y la clase trabajadora no palpan los resultados de su trabajo honesto y constante, donde el trabajo duro, el conocimiento y la honradez no permiten mantener dignamente a una familia, donde nos espera una vejez miserable, la vida del narcotráfico resulta atractiva. Me considero un espectador crítico, pero el aura de Mr. White me atrapó. No menospreciemos el poder de los medios de comunicación. Esta inconfesada identificación con el protagonista explica el éxito de la serie. La clase media es Mr. White.
Un segundo punto: colocar a una persona buena en situaciones límites es inhumano. ¿Somos incapaces de matar a alguien? No lo sabemos. Hay un pequeño grupo de personas que jamás cometerán una injusticia grave aunque se encuentren en una situación terrible de pobreza y dolor. Otro pequeño grupo actuará injustamente aunque tenga resuelta la vida.
Entre ambos grupos, nos encontramos la mayoría; somos más o menos honestos porque no vivimos en una situación límite. Mr. White estaba en este grupo. Si hubiese contado con un buen seguro médico y con una pensión para su familia, hubiese muerto tranquilamente, rodeado de sus seres queridos. La injusticia detona el odio y la barbarie. Ojo, no los excusan, pero sí los detonan. Tampoco significa que supriman nuestra libertad, pero sin duda, la condicionan.
La tercera idea: la corrupción del carácter es gradual, a pesar de que haya una situación detonante. Breaking Bad retrata el proceso. Presenciamos el paulatino deterioro moral de Mr. White; una cosa lleva a la otra, un crimen da pie al siguiente. El deslizamiento es progresivo, al principio imperceptible. La vida es una tela donde todos los hilos se entrelazan.
Finalmente, un exhorto a mis estudiantes. Pórtense bien en mis clases, no vaya a ser que yo deje de ser el pacífico Mr. White que enseña historia de la cultura y ética…
 
 

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