Inhala ideas, exhala soluciones

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El Mundial de Futbol 2014 no es como otros, se trata del primero en ser calificado como sustentable. Entre otras cosas, respalda tal título la edificación del Estadio Nacional de Brasilia «Mané Garrincha», en el que se reutilizó material del antiguo recinto, se instalaron paneles fotovoltaicos y cisternas para recolectar lluvia; destacan también las campañas que promueven el juego limpio, los derechos humanos y el combate a la discriminación.
Sea por moda, por reputación o por conciencia, es un hecho que la sustentabilidad exige cada vez más presencia en la estrategia corporativa, y también en la vida cotidiana. El aumento del confort en la población es proporcional al impacto negativo en el ambiente. Tenemos resuelta la comodidad, dice Mauricio Ramírez, pero no la contaminación del aire, el ruido, los residuos tóxicos… Propone volver la mirada a la naturaleza, copiar sus diseños y emular sus soluciones con base en recursos renovables, para satisfacer las necesidades de las próximas generaciones.
Sin embargo, lo verde no es lo único que identifica a lo sustentable, incluye temas humanos. José Luis Gutiérrez se pregunta ¿qué significa vivir bien? Tener bienes y dinero, o respirar aire limpio todos los días. ¿Por qué no ambas? Construir un futuro sustentable implica reducir la huella humana en el ambiente, pero también regenerar tejidos sociales. Es justo este segundo esfuerzo en el que hay que poner especial atención a la influencia de los estereotipos sociales y buscar un futuro más incluyente y equitativo.
Así, la sociedad establece ciertos parámetros que contribuyen a formar individuos que ella misma determina como ideales. Ser una persona culta, por ejemplo, y, al mismo tiempo, disfrutar y vivir al máximo el presente. Aunque parecieran circunstancias contrapuestas, hoy no es raro encontrar que quien asiste a la ópera o a una obra de teatro clásico, lo hace por igual a un concierto de heavy metal y a la lucha libre. Zygmunt Bauman desentraña en La cultura en el mundo de la modernidad líquida, del que Patricia Montelongo resume algunas ideas, a una sociedad en la que los límites entre alta cultura y la del entretenimiento son difusos.
Y aunque tal dinámica social nos muestra los valores y estilo de vida actuales, como explica María de Lourdes Lourdes López, es un hecho que predomina la oferta por contenidos ligeros y de gustos estandarizados. Un consumo pasivo en el que sólo se recibe, y no se reintegra la reflexión del público. La cultura es como el aire que respiramos: el culto vivo inhala, exhala, transforma y se transforma. El culto consumista se pega a un respirador artificial.
Y como dice Héctor Zagal, el peligro está en usar demasiado la cabeza, desde enajenarse y escapar de la realidad hasta el deterioro en la memoria superior de los jugadores de futbol, producto del cabeceo constante. Pero, más peligroso aún, es no usarla para nada.
 
 

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