Sé un líder con perspectiva

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El rector de la Escuela de Negocios de Harvard dirigió estas palabras tras recibir el Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad Panamericana y el IPADE, en donde resalta lo necesarios que son hoy líderes capaces de ver las cosas desde diferentes puntos de vista.
 
Estoy muy entusiasmado de estar con ustedes en este día, me siento lleno de gratitud y humildad por el honor que el IPADE me ha conferido.
Nuestras instituciones han disfrutado de una estrecha relación que se remonta a más de medio siglo, con la fundación del IPADE. Además, compartimos muchas características: lo primero y más importante es formar líderes. En un momento en que el mundo necesita desesperadamente líderes que puedan recuperar la confianza de las personas, el trabajo que hacemos nunca ha sido más importante.
Para cumplir nuestras misiones debemos formar a los líderes con muchas habilidades. Hoy me gustaría ofrecer algunas reflexiones sobre una de estas habilidades de liderazgo: la capacidad de examinar y comprender los problemas desde perspectivas diferentes. Una de las funciones clave de cualquier líder es unir y congregar a las personas para trabajar por una causa común. En un momento en que las personas en todas partes del mundo parecen estar tan divididas, es posible que necesitemos especialmente líderes que asuman una perspectiva más amplia y más rica que permita que todos se sientan mejor comprendidos y más incluidos.
El método del caso que ambas instituciones utilizan ha reconocido desde hace tiempo la importancia de cultivar la perspectiva en el desarrollo de líderes. Durante una discusión con esta metodología, cada estudiante lee el mismo caso que todos los demás. Sin embargo, cada uno participa con una perspectiva diferente. Sacar conclusiones y dar sentido a estas perspectivas múltiples, e incluso opuestas, es el centro de la gran discusión del método del caso. Con el tiempo, los estudiantes aprecian que, tan inteligentes como son y tan seguros de su perspectiva, siempre pueden aprender de las aportaciones de los demás.
Por muy importante que sea el desarrollo de la perspectiva en nuestra formación de líderes, éste es un momento en el que debemos duplicarlo.
 
LA TIERRA DESDE EL ESPACIO
Un orador invitado que tuvimos en Harvard Business School hace unos años, me hizo ver la creciente importancia del tema de la perspectiva. Terry Virts, egresado de uno de nuestros programas de educación ejecutiva, apareció en una de nuestras clases mediante un video en vivo. Terry es probablemente la única persona que he visto que, mientras estaba por responder una pregunta, de repente se detuvo, flotó en el aire e hizo un salto mortal. Sin perder el ritmo, anunció a los estudiantes que «la gravedad cero nunca envejece».
Terry es astronauta y estaba hablando con la clase desde la Estación Espacial Internacional, donde era uno de los comandantes. Ésta fue la primera vez –y  probablemente la única– que nuestra escuela tuvo un orador invitado desde el espacio exterior.
Terry tenía muchas cosas interesantes que decir sobre el liderazgo, pero lo que más me marcó fue uno de sus comentarios con relación a la perspectiva. Describió su ritual nocturno: se relajaba escuchando música mirando a la Tierra a través de una ventana de la nave espacial. Incluso desde esa distancia, los fenómenos naturales como las tormentas eléctricas eran bastante vívidos. Pero sin fronteras visibles entre las naciones, los fenómenos sociales como conflictos políticos y disputas entre países no se veían. Desde su posición en el espacio, todo y todos en nuestro planeta estábamos conectados. Que tantas fronteras son artificiales y arbitrarias resulta evidente desde esa perspectiva, y este ritual nocturno hizo que Terry se preguntara por qué la gente en la Tierra tiene tantos problemas si comparten su destino.
Incluso para aquellos de nosotros que nunca experimentaremos la vida en el espacio, la historia de Terry es un recordatorio de cuánto podemos aprender al ponernos en el lugar del otro y obtener otra opinión. Ganar perspectiva puede ayudarnos a convertirnos no sólo en mejores líderes, sino en mejores seres humanos.
Recientemente leí la biografía de Walter Isaacson sobre Leonardo da Vinci, en la que detalla la obsesión del artista por la perspectiva. Al pintar un gran fresco, da Vinci pasaba horas examinando la pintura desde cada punto de la habitación, porque entendía que dependiendo de dónde te colocaras para observar, la imagen se vería diferente. Hizo mediciones minuciosas y cálculos matemáticos para asegurarse de que un objeto en el fondo de sus pinturas, como un árbol, se proporcionara correctamente como resultado de su distancia. La atención de Da Vinci a este detalle y su dominio de la perspectiva son algunas de las razones por las que, incluso 500 años después, sus pinturas son famosas gracias a su sentido del realismo y la profundidad.
Tan útil como puede ser la perspectiva al crear representaciones artificiales de la vida real, sostengo que es aún más útil en nuestra vida diaria, al ayudarnos a comprender y relacionarnos mejor con personas que son muy diferentes a nosotros.
 
GANA EN PERSPECTIVA
Existen múltiples dimensiones desde las que podemos obtener perspectiva. Cuanto más las usemos para desarrollar nuestro propio sentido de la perspectiva, más plenamente veremos el mundo.
Una de estas dimensiones es la Geografía. A lo largo de la historia –desde Marco Polo, que dio vida a la famosa Ruta de la Seda; a Ibn Battuta, que viajó a través de lo que ahora son 44 países durante el siglo XIV– visitar lugares nuevos y desconocidos nos ha enseñado lo vasto que es nuestro mundo y lo diferentes (y similares) que son las vidas de aquellos que viven en distintos lugares. En este sentido, muchas escuelas de negocios, incluidas las nuestras, brindan a nuestros estudiantes numerosas oportunidades para realizar viajes internacionales.
Sin embargo, recientemente tuve la oportunidad de participar en una experiencia de viaje más local. Un grupo de aproximadamente doce miembros de la facultad de Harvard Business School viajó a la región del Triángulo Dorado de Misisipi. Como profesores de negocios que enseñan en una era de globalización, nos consideramos un grupo mundano y muy viajado, pero pocos de nosotros habíamos estado en esta región del «sur profundo».
Fuimos a este lugar para comprender la energía emprendedora que había transformado a una de las áreas más pobres de los Estados Unidos en un centro vibrante de manufactura avanzada. Cuando discutíamos la estrategia que estaba utilizando para impulsar su recuperación económica, encontramos muchos puntos en común: un vocabulario compartido sobre el retorno de la inversión y los factores esenciales para la competitividad sostenida.
Pero nuestras reuniones también abrieron una ventana a nuestras diferencias culturales. Las personas que conocimos se preguntaban si nuestro grupo de profesores de la Ivy League de la Costa Este los menospreciaban porque portaban armas y les encantaba cazar. Contaron que las iglesias locales seguían siendo el centro de sus vidas y comunidades. Compartieron cómo las conexiones profundas con sus tierras y sus familias les dificultaban simplemente tomar sus cosas y mudarse a otro lugar donde podrían tener mejores oportunidades económicas. Nos ayudaron a comprender cuánto significaba para ellos la esperanza de contar con empleos decentes en su comunidad. Sin importar lo que pensáramos sobre las perspectivas económicas de la región a largo plazo, todos empatizamos profundamente con la perspectiva de quienes llamaban hogar a ese lugar.
Muy a menudo, pensamos que para obtener una perspectiva geográfica es necesario viajar grandes distancias, a lugares del otro lado del mundo. Según esta medida, el viaje de nuestro grupo fue relativamente corto: un solo vuelo de menos de tres horas. No cruzamos ningún límite nacional, ni tuvimos que superar barreras de lenguaje. Sin embargo, el viaje ilustra cómo se puede obtener una perspectiva geográfica y cultural muy diferente, incluso al solo viajar más lejos dentro de nuestra propia tierra. Me hizo preguntarme si nuestros profesores y estudiantes, que con mayor frecuencia acuden a nuestras escuelas desde las principales áreas metropolitanas, podrían obtener una perspectiva más amplia al viajar dentro de nuestros países que al viajar a ciudades en el extranjero.
 
CERREMOS LA BRECHA
La clase socioeconómica es otra dimensión sobre la que los líderes que formamos deben obtener una mayor perspectiva. Cuando viajamos, podemos observar fácilmente estas divisiones de clase en los aeropuertos. Aquellos que tienen mi edad pueden recordar cuando había una sola fila para pasar por la seguridad del aeropuerto. Hoy en día, hay un número cada vez mayor de filas: para primera clase y clase ejecutiva, para verificación previa de seguridad, para empleados de aerolíneas, para pasajeros de clase económica. Cada una de estas filas restringe quién puede estar en ellas y casi todos los días las filas se mueven a velocidades muy diferentes. Fuera de la terminal pública, hay un lugar aún más exclusivo, reservado para aquellos que no necesitan esperar en alguna fila: los pocos privilegiados que viajan en aviones privados.
La mayoría de nosotros hemos experimentado la extraña mezcla de emociones que surge cuando nos quedamos atrapados en una fila de lento movimiento. No podemos evitar mirar con cierta envidia a aquellos que han encontrado lugar en una fila mejor. Nos volvemos hiperconscientes de los que se meten en la fila y de cualquier otra cosa que huela a injusticia.
Como líderes, es vital que recordemos que estas emociones son una experiencia cotidiana para las personas de muchas clases socioeconómicas. Se sienten atrapados, en desventaja y enojados. Ven a las élites de la clase alta que manipulan el sistema –mediante prácticas como las admisiones hereditarias en las universidades y la contratación nepotista en las empresas– como una barrera para que las masas puedan entrar en su exclusiva fila.
Incluso en una sociedad con una movilidad socioeconómica razonable, en la que muchas personas cambian de clase a lo largo de su vida, puede ser difícil obtener una perspectiva de la vida y de las emociones que sienten los miembros de clases diferentes. En muchas ciudades, simplemente las zonas en las que vivimos pueden limitar la variedad de personas de diferentes grupos socioeconómicos con los que nos podemos encontrar. Por ejemplo, Brookline y Roxbury son zonas físicamente adyacentes en el área metropolitana de Boston, sin embargo, los residentes de cada una casi no comparten las mismas experiencias sociales. Sé que lo mismo ocurre en zonas de la Ciudad de México.
Es vital que tratemos de cerrar esta brecha. Parte de esto puede hacerse intencionalmente buscando pasar tiempo con personas de todas las condiciones. También puede hacerse leyendo relatos íntimos y vívidos que nos permitan entrar en la vida de diferentes personas. No es una coincidencia que los libros de memorias que nos dan una perspectiva de primera mano de personas de diferentes clases socioeconómicas, se leen tanto en este momento. Las listas de los libros más vendidos en Estados Unidos incluyen títulos como Hillbilly Elegy y Educated1, que proporcionan información de lo que es crecer en una clase social que cada vez es menos conocida para los residentes urbanos.
La raza y el género son dos dimensiones más que pueden darnos otra perspectiva. En la mayoría de los casos, la raza y el género se determinan al nacer, por lo que pocas personas experimentan la vida desde una perspectiva racial o de género diferente. No obstante, es imperativo que busquemos oportunidades para tratar de ver el mundo a través de los ojos de los demás.
Durante el último año, el movimiento #MeToo ha concientizado a millones de personas sobre las humillaciones, amenazas, hostigamientos y agresiones cotidianas que sufren las mujeres, en el trabajo o en otros momentos de sus vidas. Por muy doloroso que sea escuchar estas historias, el mundo es mejor por haberlas conocido y en muchas organizaciones se han producido cambios positivos.
En Estados Unidos, el movimiento Black Lives Matter2 nos ha proporcionado una mayor perspectiva y empatía por lo que es crecer como miembro de una raza que alguna vez estuvo sujeta a la esclavitud y que sigue siendo víctima de hostilidad y discriminación. Durante una vigilia de Black Lives Matter en Harvard Business School hace varios años, nuestros estudiantes de MBA compartieron historias conmovedoras de cómo habían vivido con miedo de estar del lado equivocado de las autoridades, o como se habían enfrentado a ser catalogadas como personas sospechosas por estar en un centro comercial de clase alta, o cómo algunos peatones cruzaban la calle cuando los veían acercarse. Cuando pensaron que finalmente ya no tendrían nada que temer o demostrar, puesto que ya eran estudiantes de Harvard, estas experiencias persistieron. Comprender estas perspectivas puede ayudar a los líderes a buscar formas conscientes de hacer que todos sientan que pertenecen plenamente.
Dos dimensiones más que ofrecen perspectiva son la edad y el tiempo. Mi padre, nació en 1932, creció en un pueblo de la India sin drenaje ni electricidad ni automóviles. Él mira la vida y el mundo de manera muy diferente a como lo hago yo, que estoy en mi quinta década. Mis hijas, en sus 20 años, no tienen recuerdos de un mundo sin internet, ni teléfonos celulares ni viajes en avión. Especialmente para nosotros en las escuelas de negocio, donde tenemos estudiantes de diferentes grupos de edad, ser conscientes de estas diferencias generacionales y darles la bienvenida a las oportunidades para entender la perspectiva de aquellos que son mayores y menores que nosotros, son ejercicios esenciales.
Del mismo modo, el tiempo puede ser una herramienta poderosa para ganar perspectiva. Nuestros recuerdos y valoraciones de lo que sucede hoy evolucionarán con el tiempo. A medida que los «eventos actuales» maduren para convertirse en «historia», los juicios cambiarán. Los líderes, alguna vez venerados, ahora pueden tomarse como imperfectos. Las decisiones que parecían locura hoy parecen previsoras y viceversa. Una razón por la que estudiamos y leemos historia es para entender cómo las decisiones pueden parecer diferentes en retrospectiva. Tuve el privilegio de trabajar estrechamente con el presidente de Harvard, Drew Faust, un eminente historiador, y gracias a esta colaboración llegué a apreciar profundamente lo útil que puede ser una perspectiva histórica para un líder.
Al formar líderes, debemos ayudarlos a cultivar esa perspectiva. Los líderes deben evitar dejarse llevar por la urgencia del corto plazo y pensar desde una perspectiva de largo plazo: crear el espacio que les permita reflexionar y tratar de imaginar cómo mirar hacia atrás desde una perspectiva a futuro. De hecho, en nuestro mundo cada vez más acelerado, estoy convencido de que uno de los comportamientos que separan a los buenos líderes del resto, es el uso que hacen de la pausa estratégica: su disposición a solicitar un tiempo de espera, a frenar y tratar de ganar la perspectiva del tiempo, antes de tomar una decisión difícil.
A medida que todos continuamos nuestros viajes de liderazgo, recomendaría que tuviéramos en cuenta la valiosa ventaja que se logra al tratar de obtener un sentido de perspectiva. Como Da Vinci, hay que examinar las cosas desde diferentes puntos. Pensando como historiadores, imaginemos cómo se puede ver diferente una decisión en el tiempo. Por más difícil que sea, tratemos de imaginar cómo se ve el mundo para aquellos más jóvenes o más grandes, para los de diferente color de piel o género, o para aquellos que hayan crecido en otro país o vecindario o que viven en diferentes circunstancias socioeconómicas. Apreciemos a aquellos que hablan desde una perspectiva diferente a la nuestra o una con la que podríamos estar visceralmente en desacuerdo. Escuchar y aprender desde estas perspectivas nos hará mejores líderes. Reflexionemos sobre lo valioso y necesario que es un liderazgo que logre abarcar una multitud de perspectivas durante estos tiempos difíciles.
Al aumentar nuestro compromiso con desarrollar la perspectiva, promoveremos las misiones compartidas de nuestras instituciones: educar a los líderes que harán una diferencia en el mundo.
Gracias, una vez más, por el honor que me han dado hoy. ‹/›

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