Periodista televisivo por casi 50 años, este experto conversa con istmo sobre los méritos y riesgos de improvisar en el oficio periodístico y en el deporte.

Un campo profesional en donde la improvisación no es algo extraño es el periodismo. No porque carezca de reglas, disciplina y rigor, como suelen pensar quienes de un día para otro aspiran a ejercer este oficio. El periodismo se aprende, como ciencia y como práctica, pero el consenso es que solo los años terminan de formar a un buen periodista.
La improvisación difícilmente está presente en la planeación de un reportaje, en el análisis ordenado de nombres, cifras y acciones o en la investigación previa a una entrevista personal. Pero está, sí, en el hecho mismo que se reporta: en la realidad que cada día presenta acontecimientos y situaciones nuevas, algunas de ellas impensadas, inimaginables, imposibles.

De los periodistas, el que reporta hechos en vivo es quien más depende de una buena improvisación. El que describe ciudades azotadas por huracanes, bosques incendiados, multitudes celebrando el Año Nuevo, una boda de príncipes… guerras. De ellos, uno en particular se enfrenta a lo desconocido a intervalos casi perfectamente regulares: el periodista deportivo. Nadie sabe, al fin y al cabo, quien ganará en las contiendas de esta actividad tan humana. Pero el resultado no es lo único absolutamente impredecible: están los lesionados, los conflictos, el drama, los logros increíbles, los récords.
José Ramón Fernández es un periodista nacido para los deportes o un fanático de los deportes que se hizo periodista. Tiene 73 años, de los cuales casi 50 los ha dedicado a la televisión deportiva. Forjador de un estilo y creador de su propia escuela, ha pasado no pocas veces de cronista a protagonista en su campo. Su paso por Televisa y Canal 13 es ampliamente conocido; fue en este último donde forjó una trayectoria que muy pocos podrán igualar. Hoy colabora con ESPN y comenta sobre el poder de la improvisación.

LOS RETOS DEL CRONISTA
«Sí, la improvisación en el periodista es muy importante –responde a pregunta expresa–. Sobre todo, cuando estás haciendo labor de entrevistador. Se tiene que improvisar mucho para poder sacarle jugo al entrevistado».

Quien quiera que se haya dedicado a hacerle preguntas a un hombre que contesta con monosílabos sabe de lo que habla Fernández. Si esto sucede en cualquier campo, en el deportivo es muy raro que el atleta haya recibido entrenamiento alguno para hablar con los medios. Ahora, arrancarle un comentario a un jugador que acaba de perder un partido de futbol, eso es duro y tiene que hacerse cada semana.

Improvisar en una entrevista, advierte, no implica entonces que el reportero llene ese vacío con sus propias palabras. La regla es no perder de vista cuál opinión es la que importa en ese momento; para que el periodista opine habrá otro tiempo y lugar. «Si el entrevistador se quiere lucir más que el entrevistado, no hay entrevista. El que tiene que lucir es el entrevistado y el entrevistador ser un comunicador exclusivamente de lo que el público quiere escuchar de esa figura, y con eso improvisas».

En términos futbolísticos entrevistar es a veces centrar el balón, buscando que el interlocutor anote un gol. Esto no significa, debiera ser obvio, preguntar de forma complaciente ni ser obsequioso con el personaje. Los cuestionamientos pueden ser duros, fuertes, rudos, pero buscando obtener una respuesta para la televisión en vivo, que resuma quizá la jornada o se quede para la posteridad.

La famosa frase «Bora respeta», de Bora Milutinovic; el «se mueve más un árbol que vos» de Ricardo La Volpe; el «no vale abandonar y menos si tu mamá está presente» del campeón mexicano de caminata Jesús Sánchez, son frases que nacen de un buen entrevistador y un momento de luminosidad del entrevistado que le dan al deporte ese sabor y dimensión humana tan insuperable.

El reportero debe irse forjando así, de noticia en noticia, apunta Fernández. «El periodista se va haciendo durante los años, con base en la credibilidad. No tiene, con todo respeto, credibilidad a los 25 años, porque la gente quizá no le cree hasta que vaya creciendo, haciendo algo, investigaciones periodísticas o se vaya consolidando como periodista creíble dentro del medio».

Le experiencia es lo que permite darle mayor fondo a un acontecimiento deportivo, a través de la improvisación, que echa mano de un largo costal de memorias justo para adicionarlas en el momento adecuado. El estilo del equipo de Canal 13 (hoy Azteca Uno) en sus diferentes etapas durante la cobertura de eventos como el Mundial de Futbol o los Juegos Olímpicos forjó una auténtica escuela.

«Hay momentos, por ejemplo, en una carrera de 3,000 metros en donde hay un atleta que va en la punta y tienes que improvisar sobre por qué se cayó, qué le sucedió, lo que siente en ese momento, al tiempo que continúas con la carrera y hablas del ganador o quizá de alguien que se regresa para ayudarle a levantarse», describe Fernández.

El drama humano al máximo no puede lograrse a menudo sin esa capacidad de narrador de enmarcarlo con sus palabras, de resaltarlo. El mundo no estaba preparado para aquel primer 10 de calificación de Nadia Comaneci en 1976, pero éste no hubiera sido relevante si los cronistas no lo hubieran ubicado en su debido contexto en ese preciso momento. Nadie había ganado un 10 en gimnasia, nunca.

A veces se trata de situaciones más informales, señala Fernández, como adelantarse a señalar que Michael Phelps va a ganar una medalla porque es el mejor del mundo, o que va a romper un récord. En deportes predecir es, ciertamente improvisar y arriesgarse, aunque un viejo lobo de mar puede descartar cualquier error rápidamente. «Si resulta, quedas satisfecho, si no resulta, bueno, fue el atleta, pero tienes que improvisar».

Igualmente, resalta, sucede cuando lo que está pasando en la pantalla no es tan espectacular. Por ejemplo, durante el desfile de países participantes en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, es fácil hablar de las grandes probabilidades que tienen de ganar medallas los deportistas estadounidenses, rusos o chinos, incluso durante el largo rato que necesitan para pasar sus enormes delegaciones. Sin embargo, al pasar una pequeña delegación de un país poco conocido, sin posibilidad alguna de ganar medallas, hay que echar mano de los conocimientos de geografía, de historia y un poco de todo.

«Tienes que improvisar un poco sobre lo que tiene y puede dar ese país. Jamaica es un país que, cuando desfila en Juegos Olímpicos, te da tema para improvisar sobre la calidad que tienen, siendo un país pobre».

PARA IMPROVISAR, HAY QUE SABER
¿Qué tanto improvisan los deportistas? Primero, aclara Fernández que difícilmente hay hoy en día atletas improvisados, pues «se van haciendo conforme los entrenamientos, pero no veo un deportista olímpico o uno de alto rendimiento improvisando otra cosa que no sea calidad».

Dicho esto, afirma, «Messi es el prototipo del jugador que improvisa en la cancha; quizá lo fueron en otros tiempos Maradona, Johan Cruyff o el propio Pelé, pero Messi, en la actualidad, es el jugador que improvisa. Él te da un giro y pasa para otro lado o ve dónde está el portero y le tira un balón, pensando que el portero va a lanzarse a un poste y se lo tira al otro. Eso es improvisar, sobre la marcha. Es el mejor improvisador de futbol».
En ese sentido, afirma, Messi improvisa calidad; Cristiano Ronaldo improvisa potencia; Zlatan Ibrahimovic improvisa como jugador mediático; Carlos Vela improvisa goles en la MLS; Andre-Pierre Gignac improvisa jugadas con los Tigres.

Hay deportes que se prestan más a la improvisación que otros. «Por ejemplo, el mariscal de campo en futbol americano, aunque trabaja mucho con la reglita o el mando del head coach, sin embargo, improvisa. Tom Brady tiene la capacidad de cambiar una jugada en el momento decisivo, faltando unos segundos».

En cambio, apunta, a los boxeadores les cuesta trabajo improvisar. «Es muy difícil, porque están golpeándose». En el beisbol, el manager tiene espacio para improvisar, menciona Fernández. «Puede pensar que va a tener a un lanzador seis entradas, pero que tiene dos relevistas maravillosos para uno o dos outs».

Para Fernández el deportista no puede nacer de la improvisación, pero por supuesto que puede improvisar. «Todo lo que es novedoso y llama la atención ayuda. Si vas a tirar un penalti al estilo Panenka y lo tienes dominado –no es que estés improvisando, lo has dominado–, sorprendes». El estilo Panenka se refiere a un tiro suave que busca lograr que el balón haga un «sombrerito» por encima del portero. Es un tiro con grado de dificultad que se contrapone a los tiros potentes típicos de un penal.

«El caso de Sergio Ramos, que dices ¿cómo un defensa puede ejecutar tan bien un penalti al estilo Panenka? En una semifinal de la Copa de Europa en el Santiago Bernabéu lo vimos tirar un penalti. De ahí se trasladó su imagen a improvisar penaltis con ese estilo, pero cuando el partido está muy peleado, muy cerrado, muy difícil, lo tira normal».
Improvisar, en este sentido, implica un riesgo que el jugador debe asumir. «Si improvisas y fallas es el riesgo que corres. Que intentes hacer una jugada espectacular, llegar a la portería después de burlar a tres jugadores, volteas para tirar y llega uno, se te barre por detrás y te quita la pelota, es una improvisación mal ejecutada. El improvisador es casi el que raya en la perfección».

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