Empresas educativas: servir para servir
Cualquier escuela y universidad puede replantearse su objetivo y el modo de alcanzarlo: ¿es la persona el centro sobre el cual gira el sistema educativo o es un mero cliente, producto o medio para otro fin?
Cualquier escuela y universidad puede replantearse su objetivo y el modo de alcanzarlo: ¿es la persona el centro sobre el cual gira el sistema educativo o es un mero cliente, producto o medio para otro fin?
Envejecer no es fácil, por eso hay que preparase para ese inevitable momento, sobre todo hoy, cuando la vejez vive el desprecio generalizado y el encono de una sociedad cretina. Contra esta actitud de esnobismo moral, desafiamos a los detractores de la senectud con una joya que Emma Godoy nos regala desde nuestra cava. Disfrutémosla.
Llegados a la meta nos preguntamos ¿y ahora qué? Como cualquier periodo de cambio, la jubilación suele ser tiempo de crisis. Y, como el tiempo no perdona, urge revalorar la etapa cumbre de la existencia que, alrededor de los 60, a todos nos llega. La riqueza personal acumulada con los años es como un buen vino; hay que saberlo añejar… y paladear.
La tendencia demográfica mundial apunta un notorio incremento de personas ancianas. Para la empresa es una realidad que trae aparejadas oportunidades atractivas. ¿Se trata sólo de un grupo con considerable poder adquisitivo? ¿Hay alguna responsabilidad ética detrás de un segmento que implica un reto de mercado?
Las vacas de la vulgaridad han invadido el terreno de la elegancia. Pláticas soeces, habituales conductas infantiloides y recurrentes referencias escatológicas son cotidianas, de esto dan cuenta, sobre todo, los medios de comunicación. La mejor defensa es el ataque.
Para muchos, exhibir el cuerpo es una conquista más de la democracia y el progreso social. De esto da cuenta la moda en el vestido: cualquier pasarela ofrece poca tela y mucha «libertad». «El cuerpo no es malo "es la consigna", quien tiene, que enseñe». Para desentrañar la raíz del asunto damos voz a varios de nuestros colaboradores, quienes respondieron una breve entrevista al respecto.
El libro del norteamericano Steve Allen, Vulgarians at the Gate [1] (Vulgarianos en la puerta) anuncia que los adalides de la vulgaridad parecen haber conquistado la radio y la televisión, los medios con mayor impacto. ¿Hay solución? Sí, revalorar la cultura popular y, con la participación de toda la sociedad, mejorar la calidad de los contenidos que transmiten los medios masivos de comunicación.
¿Es siempre el optimismo un ingenuo querer ver las cosas mejor de lo que realmente son? Francisco Ugarte vierte un caudal de buenas razones para optar por la actitud optimista que, además de limpiar la carcoma de un pesimismo inútil, abre la posibilidad de llevar el curso de la vida por aguas felices.
Ningún extremo es bueno. Considerada desde diversas perspectivas, la vida feliz implica un temperamento positivo sin exageraciones, conservando la visión objetiva de la realidad. Y aunque múltiples factores "genéticos, sociales, culturales" influyen en la predisposición anímica con que enfrentamos la vida, es posible modelar, equilibrar y controlar nuestro temple «natural»; sin olvidar que hay casos patológicos que exigen atención psiquiátrica.
Ser optimista requiere de un ánimo magno, dadivoso, dispuesto a sonreír al otro y compartir lo poco o mucho que tengamos. La vía más rápida y segura para conseguirlo es la confianza en el propio conocimiento y la certeza de que a pesar de ella podemos equivocarnos. Se trata de un equilibrio que nos permitirá enfrentar la vida con la mejor cara posible y los pies en la tierra.
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