Sólo un directivo necio reclama confianza
En la empresa se puede malvivir sin ella, y las cosas funcionarán a medias, sin embargo, las personas no trabajarán felices.
En la empresa se puede malvivir sin ella, y las cosas funcionarán a medias, sin embargo, las personas no trabajarán felices.
El proceso empresarial que permite y anima a los empleados a iniciar, liderar e innovar con ideas y mejoras significativas al interior de la organización en la que trabajan, es mejor conocido como intra-emprender, sinónimo de cambio y arma escondida de las empresas para competir en el siglo XXI.
México enfrenta crisis desde 1982 y parece que la experiencia sólo sirve para caer en los mismos errores. Lo que nuestro país necesita es tomar las riendas y responsabilizarse para entender que la solución a cualquier crisis es el trabajo y la honestidad
A un líder se le reconoce por inspirar verdadera confianza. En la empresa se puede malvivir sin ella, y las cosas funcionarán a medias, sin embargo, las personas no trabajarán felices.
Los factores decisivos para que las empresas configuren su personalidad, crezcan y compitan alrededor del mundo resultan difícilmente globalizables. El modo de ser de un mexicano es claramente disímil al de un japonés, y es aquí donde está la verdadera globalización: si universalizamos valores éticos llegaremos a una verdadera globalización.
Los ejecutivos clave tienen el control del negocio, generan rendimiento, adoptan los valores, hacen equipo y crean la estrategia. ¿Sabemos cuánto cuesta perderlos? Más aún ¿sabríamos cómo retenerlos?
La empresa se debe también a los «demás», esas personas que hacen el trabajo diario, que no están pensando en subir, cambiar, crecer y que son quienes realmente la sacan adelante o boicotean la mejor estrategia
La única forma que tienen las empresas de singularizarse en la época actual es superar continuamente el modo de hacer las cosas. La llave para el éxito sostenible a largo plazo, no está en romper las reglas sino en trascenderlas, promoviendo la confianza y valores inspiradores.
La toma de decisiones directivas pasa por la inteligencia, pero, si los directivos carecen de una robusta voluntad sobre la que apoyarse pueden ser inteligentes, pero también inmaduros: «saben lo que deben hacer… pero no lo hacen».
¿Qué relación hay entre una obra de Shakespeare y un director de empresa? En realidad, más de la que podríamos imaginar. Impartir una sesión o dirigir una junta es semejante a participar en una obra de teatro.
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