Héctor Zagal y Enrique del Castillo
Ensayo
MiNos. México. 1995, 164 págs.
Georges Duhamel
Novela
Ediciones del Equilibrista. México. 1994, 140 págs.
Hesíodo habla de ellos; LaoTzu les canta; los arqueólogos encontraron en Ur (4000-2500 a.C.) una estela con sus figuras; en Mesopotamia una tumba representa a la alada Isis; en Malaria, las pecas se denominan "besos de ángel"… En todas las épocas y lugares, los ángeles parecen desplegar sus alas.
No lo vi, mis ojos son de carne. Sólo pude oír su voz lejana, como cuando una tarde fui al convento a visitar a una muchacha que se había hecho monja de clausura…
Miríadas de pájaros celestes anidan los pliegues del pensamiento. Aletea una vocación de jilgueros, de presencia alada, serena, sutil que rebosa a borbotones nuestra sed de compañía.
La tentación de la postmodernidad no tiene nada que ver con manzanas. La balanza se inclina, más bien, a perseguir suspiros de ángel.
Con toda la información reducida a centellas de luz (fibra óptica) o señales de radio (microondas o satélite), no hay ninguna razón para que los botones de un teléfono cualquiera no puedan servir como control remoto para una televisión, o para que el teclado de una computadora opere como botón electrónico en la parte frontal de la puerta.
Eduardo Garza Cuéllar
Ediciones Coyoacán. México. 1994, 136 págs.
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